INTELIGENCIA EMOCIONAL

      Cuando escuchamos hablar de inteligencia casi siempre lo relacionamos con el coeficiente intelectual, solemos pensar que una persona inteligente es aquella que destaca en los exámenes, en la escuela, que hace operaciones con agilidad, etc. Sin embargo olvidamos que los seres humanos también poseemos algo llamado inteligencia emocional, este tipo de inteligencia es igual o más importante a lo largo de la vida que el solo tener un coeficiente intelectual alto, ya que si regulamos nuestras emociones de manera satisfactoria tendremos la estabilidad suficiente para destacar en la parte académica o profesional.

La mayoría de las personas exitosas en el ámbito profesional son personas que en la parte emocional se encuentran en equilibrio o poseen un manejo de emociones positivo. Por lo tanto es importante trabajar en este tipo de inteligencia.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con uno mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si no se tiene amigos o se siente acomplejado.

¿Qué es la inteligencia emocional?
Nos referimos a inteligencia emocional cuando hablamos de las capacidades y habilidades psicológicas que implican la comprensión, entendimiento y control de las emociones propias y ajenas, así como la modificación de los modelos de respuesta emocional en uno mismo. Una persona emocionalmente inteligente es aquella capaz de gestionar satisfactoriamente las emociones para lograr resultados positivos en sus relaciones con los demás.
A pesar de que diversos psicólogos habían destacado la insuficiencia de los elementos cognitivos y racionales como únicos indicadores para medir la inteligencia, el concepto surge en 1983 con el psicólogo Howard Gardner, quien considera a los test de coeficiente intelectual como insuficientes para lograr una apreciación completa de la inteligencia, él amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es una capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias).




Gardner describe 9 tipos de Inteligencia diferentes pero, a diferencia de otros modelos que intentan evaluarla, el autor describe 2 tipos de marcado perfil emocional:
Inteligencia interpersonal: implica entender y comprender las emociones de los otros y tener la habilidad de reaccionar según el estado anímico del otro. Es la capacidad de manejar relaciones humanas y la empatía con la que nos «ponemos los zapatos del otro» y reconocemos sus motivaciones, razones y emociones. La mayoría de las actividades que se realizan en la vida dependen de la inteligencia interpersonal, ya que están formadas por grupos humanos en los que debemos relacionamos. (Los grandes líderes tienen una fuerte inteligencia interpersonal para bien o para mal)
Inteligencia intrapersonal: se refiere a la comprensión de las propias emociones, de tenerlas en cuenta al momento de tomar decisiones y ser capaz de regular las emociones según la situación, nos permite formar una imagen clara de nosotros mismos; poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
La importancia de la inteligencia emocional reside en el hecho de que permite a los individuos estar en contacto no sólo con sus propias emociones, si no también considerarse sensibles y empáticos respecto de situaciones o fenómenos externos. Muchas veces, personas con altas dosis de inteligencia emocional son las que llevan a cabo actividades de tipo solidario y social.
Aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco significativa, se ha demostrado que es potencialmente válida para tomar decisiones ya que el cómo nos sentimos tiene un papel fundamental a la hora de elegir.

El término Inteligencia Emocional fue utilizado en 1990 por Peter Salovey y John Mayer, quienes la definen como: «la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás».
Basándose en Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples, Salovey identificó cinco esferas en la inteligencia emocional:
1. Conocer las propias emociones. La conciencia de uno mismo es la capacidad de controlar sentimientos de un momento a otro, siendo fundamental para la penetración psicológica y el auto conocimiento.
2. Manejar las emociones. La capacidad de manejar sentimientos de forma adecuada, es una capacidad que se basa en el auto conciencia y el auto control.
3. La propia motivación. Habilidad para ordenar las emociones al servicio de un objetivo esencial: es lo que se conoce como auto motivación.
4. Reconocer las emociones de los demás. Se trata de la empatía o auto conciencia de las emociones de los otros.
5. Manejar las relaciones. Es la adecuación a nuestro ser social y parte esencial del desarrollo con los demás.
La emoción es básicamente un sentimiento subjetivo privado, pero también la expresión o manifestación de respuestas somáticas y autónomas específicas (el corazón late más deprisa, las palmas sudan, aparece la risa o el llanto, etc.). Igualmente pueden considerarse un conjunto de acciones para defenderse o preparar el ataque ante posibles amenazas y, por tanto, con un alto valor adaptativo como apuntó en su momento Charles Darwin. Este mismo autor describió las 4 emociones primarias que consideraba que eran innatas al ser humano ya que se daban en todas las culturas e incluso en personas ciegas y que, por tanto, no habían podido ser aprendidas.



Estas eran: Cólera o Ira, Alegría, Miedo y Tristeza. Posteriormente, en lo que algunos autores denominaron secundarias, se describieron cuatro emociones más: Amor (Enamoramiento), Sorpresa, Vergüenza y Aversión.


La inteligencia emocional tiene una gran importancia en las relaciones sociales. Puede parecer algo natural, pero también es una capacidad que se puede desarrollar e incluso tratar. «A las personas que tienen poca se las puede intervenir terapéuticamente y reaprender», afirma Dina Krauskopf. Asimismo agrega que la crianza tiene bastante que ver con su desarrollo.
La educación recibida nos condiciona la tolerancia o aceptación de nuestras emociones, siendo habitual que dependiendo del estilo de vida de cada familia, haya unas emociones más aceptadas y otras más reprimidas, así como el estilo emocional puede ser más o menos extrovertido.
Los prejuicios habituales sociales contra la expresión emocional suelen ser del tipo: «ser emocional es igual a ser una persona débil, inmadura o enferma», «las emociones son peligrosas y si te dejas llevar por ellas, puedes arruinar tu vida», «una persona responsable tiene que ser racional y controlar sus sentimientos».
Frases como ¨no debes llorar¬, llorar no sirve de nada, no te enojes, no te rías tan fuerte, no estés triste, etc., y na cantidad infinita de frases que solo nos enseñan a no demostrar nuestras emociones y por tanto nos limitan a siquiera sentirlas o reconocerlas, nos fomenta desde niños una incapacidad para trabajar de manera adecuada en estas, creciendo como adultos poco capaces de enfrentar la vida daría debido a la inmadurez emocional que presentamos.
Bisquerra señala que la educación emocional es un proceso que se da de manera continua y de forma permanente, esto significa que en cualquier momento de la vida se puede brindar educación emocional y dicha educación tendrá variaciones dependiendo del tipo de persona, ya que las necesidades de un niño son totalmente diferente de las de un adolescente.
Niños, adolescente o adultos, se pretende que con la educación emocional se logren los siguientes objetivos:
– Reconocer emociones propias.
– Reconocer las emociones de los demás.
– Identificar y nombrar correctamente a las emociones.
– Ser capaz de regular las propias emociones
– Incrementar el umbral de tolerancia a la frustración.
– Identificar de manera anticipada los efectos nocivos de las emociones negativas.
– Ser capaz de construir emociones positivas
– Ser capaz de lograr la automotivación
– Tener una actitud positiva ante la vida
– Desarrollar la capacidad de avanzar.




Por tanto en las instituciones escolares como fundamentalmente en casa se recomienda aprender y proveer a los niños de herramientas y recursos para poseer una inteligencia emocional que les permita vivir su vida de manera plena y satisfactoria, desde pequeños podemos comenzar a identificar emociones y aprender a demostrarlas de manera adecuada, sin limitarnos o sentirnos culpables por ello.
La inteligencia emocional promovida desde la infancia hará del niño que aprendió ayer el adulto pleno de hoy.





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Trastornos alimenticios

Por Cinthya H. Trejo

En México así como en otros países el problema de la salud alimenticia es un tema de interés que en ocasiones no se toma muy en serio, la relación de las personas con la comida va más allá de una simple ingesta de esta para la supervivencia del ser humano, la comida en todas las culturas y para los seres humanos en general se relaciona con el estado emocional de las personas, el estilo de vida, la cultura etc., entre otros factores que a la hora de seleccionar e ingerir los alimentos serán factores para la toma de decisión de hábitos saludables respecto a esta.

Por ello iniciaremos por conocer que es un trastorno alimenticio­, este término hace mención a las enfermedades mentales que causan alteraciones serias en la dieta diaria de una persona y que pueden manifestarse comiendo pequeñas cantidades de comida o comiendo excesivamente. La condición puede comenzar modificando ingenuamente las cantidades de comida consumidas, pero en realidad esto poco a poco asume el control la rutina de una persona ya que la lleva a cambios severos en sus hábitos de la vida diaria.

Estos trastornos son causados por una serie de factores entre los cuales se encuentran el estado emocional, la personalidad y factores psicológicos del individuo. Las personas que los padecen, al presentar un miedo intenso a ganar peso, dejan de comer y en otros casos se descontrolan presentando atracones, seguido de vómitos auto provocados.

Se caracterizan principalmente por períodos o hábitos incontrolados e impulsivos de ingesta de alimentos más allá de límites razonables, las víctimas del trastorno sufren graves perturbaciones en sus comportamientos alimenticios inherentes a pensamientos y emociones, así como cambios en su peso; puede afectar a hombres y mujeres, presentándose más comúnmente en ellas. A menudo, suelen iniciar en edades comprendidas entre los 12 a 35 años y por lo general pese a que puede presentarse a cualquier edad existe una tasa alta de adolescentes que inician con estos trastornos, aunque incluso en la niñez puede padecerse. El peso corporal puede variar de desnutrición, bajo peso, peso normal o adecuado, hasta obesidad leve, moderada o grave.

Muchas son las causas que pueden llevar a una persona a padecer alguno de estos trastornos, sin embargo, los factores psicológicos, sociales e interpersonales tales como baja autoestima, sentimientos de insuficiencia o falta de control de su vida, depresión, ansiedad, enojo y soledad, relaciones personales y familiares problemáticas, dificultad para expresar sentimientos y emociones, haber sufrido burlas basado en su talla o peso, historia de abuso físico o sexual, presiones culturales, definiciones muy concretas de belleza (estereotipos), normas culturales que discriminan o valorizan en base a la apariencia física, entre otras pueden ser causa para iniciar con estos padecimientos.

Entre los trastornos alimenticios como tales clasificados encontramos la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, los cuales son de suma importancia y pueden ser igualmente graves, incluso pueden llevar a la muerte. A continuación, describiremos las características de cada uno en términos generales:

Anorexia: Es la pérdida del apetito para perder peso de forma rápida mediante la restricción de la ingesta de alimentos (usando muchas veces laxantes o diuréticos), especialmente aquellos alimentos que contienen muchas calorías. Se caracteriza por tener una resistencia a mantener el peso por encima de las medidas mínimas recomendadas para la edad y la altura, aquellas personas que sufren anorexia sienten un miedo real a engordar y tienen una imagen distorsionada tanto de las dimensiones como de la forma de su cuerpo. Evitan a toda costa una alimentación que consideran excesiva y están al pendiente de el contenido calórico de los alimentos. Cuando llegan a ingerir cantidades de comida considerables sienten culpa.

Bulimia: En el caso de la bulimia, quien la padece tiene la necesidad y acción incontrolable de comer en exceso llegando los atracones de comida, seguidos normalmente de purgas (autoinducción del vómito), mal uso de laxantes, enemas, o medicamentos que producen un incremento en la producción de orina, ayuno o ejercicio excesivo para controlar el peso. El diagnóstico de la bulimia se puede dar en el período que la persona recurre a los atracones y a la purga de manera regular, al menos dos veces por semana, durante un par de meses.

Tanto la anorexia como la bulimia son muy parecidas, sin embargo, regularmente las personas anoréxicas suelen ser muy flacas y tener un peso inferior al normal. Por el contrario, las personas que son bulímicas pueden tener un peso normal o estar un poco excedidas en su peso.

Trastorno por atracón: Se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva de comida de forma recurrente, en este trastorno alimentario la persona que lo padece consume con reiteradamente grandes cantidades de comida y siente que ha perdido el control durante el atracón. Posterior a la ingesta de comida, la angustia y la preocupación por el peso suele aparecer. La persona siente periódicos deseos de ingerir alimentos de forma descontrolada (en ocasiones, sobrepasando la ingesta de 6000 calorías diarias), pero, a diferencia de la bulimia, no busca contrarrestar el atracón provocándose el vómito. En la mayoría de los casos, existe a la par un de aumento de peso e incluso de obesidad.



Los tres trastornos antes descritos dejan secuelas muy riesgosas tales como el hambre, el insomnio, el estreñimiento, la dificultad para concentrarse o pensar de forma clara, la depresión, sensación de frio, deshidratación severa, huesos frágiles, disminución anormal en la frecuencia cardíaca y la presión arterial, músculos débiles llegando a resultar un gran esfuerzo el hacer cualquier cosa, cabello y piel secas (la pérdida de cabello es común), crecimiento en todo el cuerpo de una capa fina de vello conocido como lanugo que se despliega ante el esfuerzo de conservar el calor corporal.

Si la persona se induce el vómito puede provocarse ácido del estómago que posteriormente disuelve el esmalte de los dientes, pueden presentar hinchazón en su rostro (debido al agrandamiento de las glándulas salivares), latidos cardíacos irregulares, debilidad muscular, daño renal, convulsiones epilépticas.

En cuanto al uso de laxantes estos causaran, dolores intestinales persistentes, dedos hinchados, lesiones en los músculos intestinales que pueden conducir a estreñimiento crónico.

La persona también puede presentar presión arterial alta, niveles altos de colesterol, enfermedad cardíaca como resultado de los niveles elevados de triglicéridos, diabetes mellitus tipo II, enfermedades de la vesícula biliar. (Estos últimos presentándose en el caso del trastorno por atracón).

Debido a todas estas complicaciones derivadas del padecimiento de estos trastornos es importante tener acceso a información que nos ayude en la búsqueda de herramientas asertivas para nuestro plan de alimentación que aunque no se da mucha importancia es de vital atención. De otra manera estaremos en riesgo de padecer alguna enfermedad ya sea psicológica o física que se relacione al tema de la comida.

Las personas con un trastorno de alimentación requieren un tratamiento psicológico en cual tendrá la finalidad de que el paciente aprenda a controlar el impulso a comer, comer adecuadamente y adquirir herramientas para dar solución a las situaciones emocionales relacionadas, directa o indirectamente, con la aparición y el mantenimiento de los problemas psicológicos tales como la ansiedad, depresión, insatisfacción, etc. Los cuales pueden mantener el problema.

Los proveedores de salud comprometidos en el apoyo de estos trastornos incluyen a psiquiatras, psicólogos, médicos y nutriólogos, sin embargo, el papel de la red de apoyo familiar, de amigos etc. también puede ser pieza fundamental. El tratamiento incluye por tanto la educación y seguimiento de la dieta, las intervenciones psicológicas y tratamiento de dolencias tanto físicas como mentales. Así que siempre habrá que tener en cuenta que si nos sentimos en riesgo o alguien que conocemos lo está, es importante pedir ayuda inmediatamente, con el fin de que el problema no se agudice, y tengamos una vida saludable.



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PERSPECTIVA DE LA CORRUPCIÓN

 LINK (Artículo completo)

Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia
Alberto Soler Montagud – Psiquiatria Privada

La corrupción es un fenómeno lamentablemente en boga y frecuente en ciertos sectores de la política y el mundo empresarial y financiero. Podríamos definirla como una transgresión de las normas llevada a cabo de modo voluntario y con la con la intención de obtener beneficios personales.
Es una práctica sistemática en la que pervertir, depravar y sobornar se convierten en el modus operandi del corrupto en perjuicio de terceros y del interés colectivo de la ciudadanía.

Sociología de la corrupción

Hay una serie de factores que son inherentes a la corrupción tales como:

  • La tendencia a identificar el éxito con el dinero.
  • La prevalencia de la moral heterónoma sobre la moral autónoma. Consideramos moral autónoma la que incentiva a cumplir las leyes independientemente de premios o castigos, mientras que moral heterónoma es la que impele a cumplir las leyes sólo por miedo al castigo y no por un respeto interiorizado a las mismas.
  • La falta de conciencia por parte de la población de que los bienes públicos, que aseguran el bienestar social, se consiguen a través del esfuerzo de todos y deben ser respetados.
  • El acostumbramiento a la corrupción por parte de la población y a aceptar la misma como algo normal ante la aparente impunidad que exhiben quienes ostentan el poder y delinquen, circunstancia que les predispone a delinquir tal cual hacen los poderosos.

Todo ello contribuye a que los miembros de la sociedad interioricen una percepción subconsciente de que defraudar es algo lícito y aceptable.
Surge de este modo una tolerancia y benevolencia ante la corrupción así como una falta de conciencia y una desmotivación social para cumplir las leyes así como una predisposición a defraudar siempre que sea posible y se minimice el riesgo de ser descubierto.

 

Perfil psicológico del corrupto

Desde una perspectiva psicopatológica, el corrupto es un individuo que sistemáticamente ignora al “otro” y prescinde de los valores éticos, morales y cívicos que garantizan la equidad en la convivencia.
Su modus operandi responde a la satisfacción de ciertas pulsiones en beneficio de su ego.
Carecen de una moral autónoma y solo respetan la ley por el miedo a las sanciones, de tal modo que su ética sería similar a la de un niño de cinco años.
Otra singularidad del corrupto es su irresponsable sensación de invulnerabilidad. Creen que sus fechorías nunca serán descubiertas ni se juzgarán y, por tanto, nunca serán condenados.
Se sienten inmunes y descartan las consecuencias negativas inherentes a sus actuaciones, lo que les incentiva a ser temerarios, a jactarse de sus actividades ilícitas y a no dimitir de sus puestos cuando son descubiertos en sus delitos, por la obstinada y patológica negativa a reconocerlos.
El corrupto transgrede intencionadamente las normas movido por la ambición y por su obsesiva identificación del éxito con el dinero así como por su necesidad de un reconocimiento social que satisfaga a su ego.

Tipos de corruptos

Psicopatológicamente, podemos englobar a los corruptos en dos grandes grupos:

  • Corrupto narcisista. Están convencidos de que son superiores, se caracterizan por un patrón de grandiosidad, necesitan ser admirados y carecen de empatía para conectar emocionalmente con los demás.
  • Corrupto antisocial. Sienten necesidad de mostrar su superioridad, son manipuladores y explotadores, violan sistemáticamente los derechos del otro y son propensos a cometer actos delictivos. No aceptan la culpa de los delitos que cometen y, aunque quizás lleguen a sentir vergüenza al verse expuestos al escarnio público, nunca dan muestras de arrepentimiento.

Tratamiento del corrupto

Difícilmente podemos hablar de un tratamiento psicológico del corrupto ya que la corrupción no es una entidad patológica contemplada como tal por los manuales diagnósticos, sino una práctica delictiva llevada a cabo por ciertos individuos que suelen presentar unos trastornos psicológicos y de personalidad sobre los que sí que se podría intervenir psicoterapéuticamente.
La corrupción, en cierto modo, podría ser considerada como un síntoma o un rasgo mas de verdaderas patologías tales como el trastorno narcisista de la personalidad o el trastorno antisocial de personalidad, no obstante las particularidades varían significativamente de unos caso a otros.





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LAS EMOCIONES.

MOTIVACION EMOCIONAL Y AFECTIVA.

Por Fernando Arrieta López y Cinthya Trejo Zámano
Como se sabe las emociones responden a dos sistemas sincrónicos que las activan y regulan.
Uno de esos sistemas, el BIOLÓGICO es innato, espontáneo y fisiológico y reacciona de manera involuntaria a los estimulos emocionales del entorno, el segundo sistema es el COGNITIVO que se basa en la experiencia del individuo, y reacciona de forma interpretativa y social. Ambos se combinan para proporcionar un elemento emocional altamente adaptativo (Buck, 1984).
Cada uno de estos sistemas es particular, pero no individual, es decir, no son precursores y mediadores de la emoción de forma unitaria, se manejan en un conjunto, funcionando ambos a la vez. Creando una estructura dual y dinámica, con elementos de causa y efecto. La emoción es un proceso complejo de retroalimentación, es un sistema conjunto en el que cada elemento esta interrelacionado (Plunchik, 1985). Fig. 1.1
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Fig. 1.1
Por ser sumamente complejo, el estudio de la emoción no sólo se ha encargado de dividir los fundamentos, analizarlos y luego compenetrarlos en un sistema unitario. También se debe hacer una recombinación sistémica de dichos fundamentos. Para una visión general de los muchos aspectos de la emoción, se desarrolló el modelo multisistémico de la activación de la emoción, el cual fue propuesto por Izard (1993). Dando validez a las siguientes causas de la emoción.

 

SISTEMAS EMOCIONALES (IZARD)

  • Sistemas Neuronales (Reacciones fisiológicas cerebrales ante un estímulo emocional)
  • Sistema Sensoriomotor (Respuesta corporal y facial; expresión, postura, tensión, relajamiento, etc.)
  • Sistemas Motivacionales (Percepción del estímulo, sabor, olor, imagen, dolor, etc.)
  • Sistemas Cognitivos (Juicio y razonamiento, memoria, recuperación de experiencias, sentimiento)
  • Sistemas Sociales (Imitación, “contagio”, confirmación de identidad, rol y personalidad)

 

De este modo conjuntando ambos modelos tenemos un sistema, dual, dinámico, y multisistémico, en el que los elementos se relacionan entre sí. Puede ser entendido de la siguiente manera, en el instante en el que se presenta un estímulo afectivo o emocional significativo, se encienden dos de los sistemas antes mencionados, dando paso al primer momento del sistema de Plunchik, el sistema neuronal, con los cambios a nivel límbico y cortical, y el sistema motivacional, en el que el estímulo es recibido, asimilado y provoca una respuesta fisiológica y psicológica en el organismo; en un segundo momento dado como la preparación para la acción y los despliegues expresivos se manifiestan otros dos sistemas, el cognitivo, en el que la memoria y la recuperación de experiencias dan “sentido a la emoción”, y el sensoriomotor, con la respuesta facial que corresponde a la emoción e incluso tal vez un cambio corporal en postura o de reflejo, ambos adaptativos. Posteriormente en el último momento entrarán en acción los dos sistemas finales, el primero el cognitivo, conjuntando todas las reacciones ya mencionadas como la experiencia y el razonamiento, a la creación de un “concepto” representativo que conjunte el significado de las respuestas: el sentimiento. Aunado a este la respuesta del sistema social, como una conducta aprendida, y de cuya eficacia y funcionalidad se irá construyendo un modelo mucho más complejo, la identidad. Todo esto una vez conjuntado, nos da como respuesta la emoción.
Ahora bien, a modo complementario se aclaran dos términos, estímulo afectivo y emocional y el tipo de emociones, no en general, sino las que aquí interesan.
En primer lugar aunque aquí se ocupan como términos semejantes, existen dos diferencias entre el estímulo emocional y el afectivo, el primero provoca una emoción y es interiorizado, y el segundo proviene de cierto punto con carácter afectivo y no necesariamente se interioriza, muchas veces se reproduce (Ekman, 1994 y Clark, et al. 1994). Para ejemplificar esto: un estímulo emocional, como un imagen en la que se ve una pareja besándose, provoca una emoción (normalmente positiva, tranquilidad o felicidad) y es interiorizado mediante el proceso que ya hemos hablado antes, un estímulo afectivo, sería la misma imagen con una clara tendencia positiva, provocar por ejemplo, amor en vez de envidia, a esto se le llama valencia afectiva, y se explicará luego, la intención en este caso no es que la persona interiorice la emoción, sino que la reproduzca y así mismo la cree conceptualizada, por ejemplo, amor o enamoramiento. El conjunto de ambas situaciones nos da como resultado una actividad psicológica y fisiológica de respuesta evocativa, es decir es una motivación emotiva o afectiva, que, ante todo, promueve o estimula la identificación y reconocimiento de la emoción basándose en la valencia o valor afectivo del estímulo. Dados estos elementos, partimos de identificar como precursores de la evocación emotiva que aquí nos interesa a los estímulos emotivos y afectivos, conjuntándolos en uno solo.
En segundo lugar, cuántas emociones existen, las llamadas Emociones Básicas, consideradas en un nivel muy general, son las que cumplen con lo siguiente:
1. Innatas
2. Surgen bajo las mismas circunstancias o frente a los mismos estímulos
3. Se expresan de manera exclusiva y distinta, es decir son diferenciales
4. Evocan así mismo un patrón de respuesta específico y distintivo.
Si bien existe una lista muy variada, y cada investigador incluye las suyas, se consigue un patrón marcado en el que se presentan identificadas las siguientes seis emociones. Miedo, ira, repugnancia, tristeza, alegría e interés (Ekman, 1992; Izard 1991, Shaver et al. 1987).
Es evidente que existen infinidad de emociones, aparte de las ya mencionadas, el llamarlas básicas no es como orden de jerarquización sino porque todas las que les subyacen, corresponden directa o indirectamente a alguna de ellas.
Los procesos cognitivos de las emociones, son a fin de cuentas quienes intervienen entre las condiciones ambientales, y la reactividad y recepción conductual y fisiológica. Una valoración general por ejemplo del estímulo emocional o afectivo, sería a priori Bueno y Malo, en cuanto a que sea dañino o beneficioso en general, a lo que sigue una experiencia de simpatía o antipatía en forma inmediata y automática (Arnold, M. 1960-1970). La valoración Primaria y Secundaria, corresponde a la relevancia y la coherencia de la situación presentada (el estímulo), en este sentido, la respuesta emotiva hacia dicha emoción será de enfrentamiento, pero significará procesos distintos dentro de un mismo campo emotivo (Lazarus 1991). Es decir, que la función de la forma en que se valora la situación cambia, primero valorando la relación con el estímulo (relevancia, 1ª Valoración), y luego la potencialidad de enfrentamiento o respuesta (coherencia, 2ª Valoración). Entonces tenemos una serie nueva de emociones, divididas entre positivas y negativas, y cuyas valoraciones subsecuentes (primaria y secundaria) dependerán del individuo una vez que le sean representativas de acuerdo a las estructuras cognitivas propias ya aprendidas y desarrolladas. Fig. 1.2
Figura 1.2
El hecho de definirlas aquí como positivas y negativas, es precisamente porque este tipo de diferenciación dicotómica es la que se plantea para el trabajo, ahora bien por último. Sentir una emoción, por sí mismo no nos dice nada, se debe conceptualizar, como ya se ha dicho antes, esta definición o conceptualización, el darle sentido al sentimiento es una de las partes del proceso de la emoción desde que se recibe el estímulo emotivo o afectivo, es decir, la emoción es de carácter nominal y como tal requiere del lenguaje para ser identificada y reconocida, para luego ser reproducida, ya sea como aprendizaje simple o respondiendo a una introspección propia (en este caso, solicitada).
La cognición (valoración) precede a la emoción, pero la cognición también sigue a la emoción. Las emociones causan cambios en la cognición, como las atribuciones, las funciones de enfrentamiento y resolución, la autoverificación y la recuperación de recuerdos. Puesto que estos nuevos elementos cognitivos se añaden a la experiencia, la emoción es resultado de una acumulación no sólo de la valoración, sino también de tales elementos cognitivos adicionales.
El conocimiento de la emoción en los niños es por ejemplo únicamente respecto a las emociones básicas, conforme la gente adquiere experiencia mediante diferentes situaciones aprende a discriminar matices de la misma emoción. Los matices de la alegría, por ejemplo incluyen la felicidad, el alivio, el optimismo, el orgullo, la satisfacción y la gratitud. Los matices de la ira incluyen la furia, la hostilidad, la venganza, la rabia, el agravio y la cólera. Las distinciones se almacenan de manera cognitiva como jerarquías de emociones básicas y sus derivados (Shaver et al. 1987).
Gran parte de la diversidad de la experiencia de la emoción se debe al aprendizaje de finas distinciones entre las emociones y las situaciones específicas que las causan.
Los teóricos de la valoración creen que existen tantas emociones como posibilidades de valoración cognitiva de una situación (Ellsworth y Smith, 1988). Por ejemplo, un individuo que ha perdido terreno ante un rival tal vez experimente aflicción, ira, miedo, repugnancia y celos (Hupka, 1984). Uno aprende que estas emociones coinciden y están por tanto relacionadas entre ellas, se encuentra un modo de definirlas semánticamente. También aprende que otras emociones (el amor y la alegría) están muy alejadas de este cúmulo de experiencias emocionales.
Por último, se aprenden las diferencias entre los matices de la ira, las diferencias entre celos, odio, irritación, etc., ahora la emoción entra en los parámetros de la sintaxis, y se tiene en conjunto una definición aprendida y concreta de la emoción; a la larga tal aprendizaje proporciona un conocimiento de la emoción, él posibilita que el individuo valore situaciones con discriminación y en consecuencia responda con emociones apropiadas para la situación.





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Teoría General de la Frustración de S. Rosenzweig

por Cinthya Trejo Z. y Fernando Arrieta L.

 

             Esta teoría de la frustración de acuerdo con Rosenzweig expresa en forma concreta un punto de vista psicobiológico, que a su vez proporciona una reformulación de conceptos psicoanalíticos teniendo en cuenta este concepto.
La defensa y respuesta psicobiológica del individuo se manifiesta bajo 3 niveles. 
                           1-    A nivel celular o inmunológico
                           2-    A nivel autónomo o de urgencia
                           3-  A nivel cortical o de defensa del yo. (defiende la personalidad contra la agresión psicológica).
 
De este modo Rosenzweig bajo la definición mencionada antes, en la que identifica la frustración como un obstáculo más o menos insuperable en el camino hacia satisfacer una necesidad distingue dos tipos básicos de esta.
            Frustración primaria o privación: se caracteriza por la atención y la insatisfacción subjetiva que se deben a una impotencia ante la ausencia de una situación específica necesaria (deseada o requerida) para el apaciguamiento de una necesidad activa. Como por ejemplo, el hambre.
            Frustración secundaria: se caracteriza por la presencia de algún obstáculo el cual sigue alguna de las siguientes clasificaciones.
            Obstáculo pasivo: de características insensibles sin que este sea por si mismo amenazador. Imposibilidad.
             Obstáculo activo: además de carácter insensible es peligroso por sí mismo, es decir, que este obstáculo es una situación que produce a la vez una insatisfacción y un peligro de igual modo. 
 
Ambos tipos de obstáculos pueden ser externos e internos. Como se explica a continuación:
1.- Obstáculo pasivo externo: objetos no amenazantes que se encuentran entre el sujeto y la meta. Por ejemplo. Cuando la puerta del refrigerador está cerrada o atorada y la persona con hambre no puede abrirla.
2.- Obstáculo activo externo: objetos dañinos que se encuentran entre el sujeto y la meta. Por ejemplo, si alguien impide sacar algún alimento del refrigerador en todo el día sin dejarnos comer.
3.- Obstáculo pasivo interno: impotencia del sujeto al no poder llegar a su meta.
4.- Obstáculo activo interno: conflicto originado por el encuentro entre dos necesidades de tendencias opuestas. Por ejemplo, no poder salir a jugar porque está lloviendo (la necesidad de recreación vs. la necesidad de autoprotección).
Por último en lo que respecta a frustración las respuestas que los individuos tienden a dar son clasificadas por Rosenzweig respecto a la importancia que tiene en la defensa de la necesidad o incluso del yo.
 
          De este modo tenemos las respuestas que se presentan según las necesidades que se hayan frustrado. 
 
«Las respuestas de persistencia a la necesidad, en el que no se toman en cuenta las complicaciones si no el destino de la necesidad frustrada; es una respuesta constante después de toda frustración»
 
             Por otra parte las respuestas de defensa del yo en las que está en juego algo mucho más complejo como es la personalidad completa, se enfoca así en lo que representa la frustración para la estructura del yo sin importar la necesidad insatisfecha solo la sensación de insatisfacción.
 
             
 
         Por último, tenemos el predominio del obstáculo, en la que el sujeto basa su manejo en la racionalización del estimulo, en el que tan importante sea o no para el, se enfoca en que le obstaculiza sin importarle mucho lo demás.
            Estas últimas se dividen respecto a la canalización de la frustración mediante el estilo de manejo o respuesta, de la siguiente forma:
  Respuestas extrapunitivas: el individuo atribuye la imposibilidad de alcanzar su meta (su frustración agresiva) a personas o cosas exteriores. Las emociones asociadas a esta estrategia de afrontamiento son la cólera y la irritación, y el mecanismo de defensa utilizado básicamente es la proyección.
  Respuestas intrapunitivas: el individuo atribuye agresivamente la responsabilidad de encontrar un obstáculo entre su meta y el, a sí mismo. Las emociones identificadas cuando los jóvenes afrontan la frustración de esta manera son la culpabilidad, la subestimación y los remordimientos sin embargo carece de la autocritica; así mismo se encuentran el aislamiento y el desplazamiento como los mecanismos de defensa frecuentes.
  Respuestas impunitivas: en estas el individuo no encuentra la agresión ni el atribuirle la causa de su insatisfacción como fundamento de la estrategia. Maneja un intento de evitar formular un reproche, una crítica o un reclamo tanto a factores externos como a sí mismo; el individuo intenta encarar la situación frustrante de forma conciliadora. Refleja emociones como la impotencia, el desasosiego y si el manejo carece de sentido práctico incluso llega a presentar depresión. En este caso el mecanismo empleado comúnmente  es la represión y la evasión.

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CULTURA Y NEUROSIS (3/3)

(Principio de Competencia)
Por Cinthya Trejo y Fernado Arrieta

La incongruencia de la influencia cultural.
De pronto, pareciera que la cultura actual, la influencia social en la que estamos sumergidos es una situación que sirve de fértil terreno para el desarrollo de las neurosis.  Los  mismos  factores  culturales  que  influyen  en  la  persona no neurótica,  precipitándola  en  un  autoaprecio  vacilante,  en  la  hostilidad potencial,  en  la  aprensión,  en  el  afán  de  competencia  que  implica temores,   hostilidades   y   odios,   en   la   exaltada   necesidad   de   tener relaciones  personales  satisfactorias,  afectan  al  neurótico  en  grado  más acentuado aún, produciendo en él consecuencias que son reproducciones  intensificadas  de  las  anteriores:  aniquilamiento  de  la autoestima,  destructividad,  angustia,  desmedido  afán  de  competencia que  acarrea  mayor  ansiedad  e  impulsos  destructivos,  y  desmesurada necesidad de lograr cariño. Si recordamos que en toda neurosis existen tendencias  contradictorias,  que  el  neurótico  es  incapaz  de  conciliar, se nos descubre la cuestión de ¿Si en nuestra cultura no existirán igualmente ciertas  incompatibilidades  definidas? Sería tarea del sociólogo estudiar y describir tales antagonismos   culturales,   pero   bástenos   señalar   en   forma   breve   y  esquemática algunas de las tendencias contradictorias  cardinales  en  la cultura.
La primera contradicción que cabe mencionar es la que se da entre  la competencia y el éxito, de un lado, y el amor fraterno y la humildad, del otro. Por una parte se hace todo lo posible a fin de impulsarnos hacia el éxito, y que no sólo debemos tratar  de  imponernos,  sino también de ser agresivos y capaces de apartar a los demás de nuestro camino.  Por  la  otra,  estamos  profundamente  imbuidos  de  los  ideales religiosos, que condenan como egoísta el querer algo para uno mismo, que nos ordenan ser humildes, ofrecer la “segunda mejilla” y ser condescendientes con el prójimo. Dentro de los límites de lo normal existen sólo dos soluciones para tal contradicción: tomar en serio una de estas tendencias y desentenderse de la restante, o bien considerar las dos, con la consecuencia de que el individuo se inhibirá gravemente en ambos sentidos. Obteniendo un falso sentido de humildad que buscará reconocer en el otro (sin que suceda), o fracasando en su búsqueda del éxito.
La  segunda  contradicción  se  plantea  entre  la  estimulación  de  nuestras necesidades  y  las  frustraciones  reales  que  sufrimos  al  cumplirlas.  Por razones  económicas,  en  nuestra  cultura  las necesidades  del  individuo son reforzadas continuamente  mediante  recursos  como  la  propaganda,  el “consumo ostentoso”, el afán de “guardar las apariencias” y de seguir la moda. Sin embargo, la efectiva satisfacción de estas necesidades está muy  restringida  para  la  mayoría  de  las  personas,  lo  que  tiene  para  el individuo   la   consecuencia   psíquica   de   que   sus   deseos   se   hallan constantemente en discordancia con las posibilidades reales que tiene de satisfacerla. Se crean necesidades a la medida del producto, no del consumidor, que en la mayoría de las ocasiones se limita a elevar a estatus de “inalcanzable pero deseable” los productos más caros y ostentosos de los que tiene a su “disposición”. No es de extrañarse que en muchas situaciones sean estos productos los que doten de estatus a las personas, y en las que las competencias reales se ven resumidas a una sola: el poder adquisitivo. Pero ¿No buscábamos humildad?
Aún  existe  otra  contradicción,  entre  la  presunta  libertad  del  individuó  y sus restricciones reales. La sociedad le dice al individuo que es libre e independiente, que puede ordenar su vida conforme a su libre albedrío, que  la vida social se  encuentra  a  su  entera  disposición  y que,  si  es  eficaz  y  enérgico,  logrará  cuanto  quiera.  No  obstante,  todas estas posibilidades están en la práctica muy limitadas para la mayoría de la gente. Lo que se dice en tono de broma acerca de la “imposibilidad” de escoger los propios padres, es asimismo aplicable a la vida en general, a la elección profesional y al éxito en ella, a la elección de las diversiones y del cónyuge. Resultado de todo ello para el individuo es una incesante fluctuación entre el sentimiento de ilimitado poderío para determinar su propio destino y el sentimiento de encontrarse totalmente inerme e indefenso, un tanto seguir sus propias motivaciones y otro tanto ser parte del grupo y seguir las de “la masa”.
Estas   condiciones   arraigadas   en   nuestra   cultura   constituyen,   precisamente,  los  conflictos  que  el  neurótico  pugna  por  reconciliar:  sus tendencias a la agresividad con sus impulsos a la condescendencia; sus excesivas demandas, con su temor de no poder lograr cumplirlas; su afán  de  exaltación  con  su  sentimiento  de  indefensión  personal.  La diferencia respecto del individuo adaptado, es meramente cuantitativa, pues mientras  éste  es  capaz  de  superar  todas  estas  dificultades  sin  que  su personalidad  sufra  daño,  en  el  neurótico  todos  los  conflictos  se hallan  acrecentados,  a  punto  tal  que  le  impiden  alcanzar  cualquier desenlace satisfactorio.

La cultura no “neurotiza”, pero el ser humano predispuesto a la neurosis es quien más intensamente ha experimentado todas estas dificultades culturales, sobre todo a través de sus experiencias infantiles, siendo, por lo tanto, incapaz de resolverlas o de lograr solucionarlas, a costa de grave perjuicio para  su  personalidad. La cultura más que la sociedad provee protecciones en las que una persona puede arraigar su deseo y “subsanarlo” de tal modo que la energía y el esfuerzo que dedica a satisfacer sus necesidades sea lo más efectivo posible. Están los grupos de amigos, las instituciones académicas y sociales, y las muchas actividades que la vida moderna nos permite mantener, el libre tránsito, la libre comunicación, la libre expresión y el alcance más o menos accesible a una adaptación social con bienestar, el rol que jugamos como individuos, ciudadanos, hijos, padres, amigos, esposos, empleados, compañeros, etc. Claro está que una sociedad que fracasa en otorgar cuando menos la mayoría de estas protecciones a sus componentes, terminara por generar individuos cuya personalidad y rasgos propios entraran en conflicto con su propia realidad.

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CULTURA Y NEUROSIS (2/3)

(Principio de Competencia)
Por Cinthya Trejo y Fernado Arrieta

 

Cuando hablamos de neurosis, es importante considerar el factor social si no dentro de la génesis de la patología, si dentro del desarrollo de la misma.  Como decíamos en la anterior entrada, la competencia a la que esta sujeto el individuo en la sociedad postmoderna, y la potencial tensión hostil entre los individuos constantemente engendra temor a la posible hostilidad de los demás, reforzado por el temor de que éstos  se  venguen  de  la  propia  hostilidad. Vivimos a la defensiva, y por si las dudas, atacaremos al primer indicio de amenaza.

 

Otra  importante  fuente  del miedo en el individuo promedio es la perspectiva del fracaso; en efecto, el miedo   al   fracaso   tiene   carácter   realista,   pues   en   general   las probabilidades de fracasar superan sobradamente a las de tener éxito, y en una sociedad competitiva los fracasos entrañan la frustración real de las necesidades personales, además de generar de a poco una especie de estigma social. No sólo implican reveses económicos, sino también pérdida de prestigio y toda suerte de frustraciones emocionales. Otro motivo por el cual el éxito es un fantasma tan seductor estriba en su repercusión sobre la autoestima. No son únicamente los demás quienes nos valoran de acuerdo con el grado de nuestro éxito, también nuestra propia  autoestima  se  ajusta  a  idéntico  patrón.  De  conformidad  con  las ideologías  prevalecientes,  los  triunfos  se  deben  a  nuestros  méritos intrínsecos  o,  en  términos  religiosos,  representan  signos  visibles  de  la gracia de Dios; pero en verdad dependen de toda una serie de factores inaccesibles a             nuestro dominio. No obstante, bajo la presión de la ideología  imperante,  hasta  la  persona  más  normal  se  ve  constreñida  a sentirse valiosa cuando tiene éxito, y a menospreciarse cuando fracasa. Sobra   decir   que   esto   constituye   una   base   muy   endeble   para   la autovaloración y la satisfacción del deseo neurótico en el individuo.

 

Tomados en conjunto todos estos factores -el sentido de competencia y su hostilidad potencial entre los semejantes, los temores, la disminución del   autoaprecio,   dan   por   resultado   psicológico   el   sentimiento   del aislamiento personal. Aunque el individuo tenga múltiples contactos con sus semejantes, aunque disfrute una feliz vida conyugal, en toda ocasión se  hallará  afectivamente  aislado.  El  aislamiento  emocional  es  difícil  de soportar para cualquiera, pero se torna en una verdadera calamidad cuando coincide con aprensiones e incertidumbres respecto de sí mismo.

 

Es  esta  situación  la  que  en  el  individuo  de  nuestro  tiempo provoca  una  intensa  necesidad  de  obtener  cariño  para  aliviarse.  La consecución  de  afecto  le  hace  sentirse  menos  aislado,  menos  amenazado por la hostilidad y menos-incierto acerca de sí. En esta forma, el amor es sobrevalorado en nuestra cultura, pues responde en ella a una exigencia  esencial,  convirtiéndose  en  un  verdadero  fantasma  -como  el éxito- y lleva consigo la ilusión de que con él todos los problemas pueden resolverse.  Intrínsecamente,  el  amor  no  es  una  ilusión  -aunque  en nuestra cultura casi siempre sea una pantalla para satisfacer deseos que en  nada  le  atañen-,  pero  lo  hemos  transformado  en  una  ilusión  al aguardar de él mucho más de lo que acaso podría darnos. A su vez, el valor ideológico que prestamos al amor contribuye a encubrir los factores que  engendran  nuestra  exagerada  necesidad  de  obtenerlo. Tomando la búsqueda del amor, como una empresa que bien puede llevarnos toda la vida, que puede distraernos de otros intereses y que forma parte radical de la identidad de la persona.  De  este modo,   el   individuo  se encuentra preso en el dilema de requerir apreciable cantidad de afecto y de tropezar con las más arduas dificultades al conseguirlo. Incluyendo ocasiones donde tendrá que competir por él, mermar la hostilidad propia o la del otro por obtener aunque sea agrado o estima, y fracasar más o menos estrepitosamente al intentarlo. Todo orientado a una percepción de éxito sociocultural que si carece de afecto, reconocimiento, poder sobre los otros, si se dio fácil o si no se puede mantener, se menosprecia hasta considerarse algo “superficial”. 

 

Parte 2 de 3.

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LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Cuando escuchamos hablar de inteligencia casi siempre lo relacionamos con el coeficiente intelectual, solemos pensar que una persona inteligente es aquella que destaca en los exámenes, en la escuela, que hace operaciones con agilidad, etc. Sin embargo olvidamos que los seres humanos también poseemos algo llamado inteligencia emocional, este tipo de inteligencia es igual o más importante a lo largo de la vida que el solo tener un coeficiente intelectual alto, ya que si regulamos nuestras emociones de manera satisfactoria tendremos la estabilidad suficiente para destacar en la parte académica o profesional.

La mayoría de las personas exitosas en el ámbito profesional son personas que en la parte emocional se encuentran en equilibrio o poseen un manejo de emociones positivo. Por lo tanto es importante trabajar en este tipo de inteligencia.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con uno mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si no se tiene amigos o se siente acomplejado.

¿Qué es la inteligencia emocional?
Nos referimos a inteligencia emocional cuando hablamos de las capacidades y habilidades psicológicas que implican la comprensión, entendimiento y control de las emociones propias y ajenas, así como la modificación de los modelos de respuesta emocional en uno mismo. Una persona emocionalmente inteligente es aquella capaz de gestionar satisfactoriamente las emociones para lograr resultados positivos en sus relaciones con los demás.
A pesar de que diversos psicólogos habían destacado la insuficiencia de los elementos cognitivos y racionales como únicos indicadores para medir la inteligencia, el concepto surge en 1983 con el psicólogo Howard Gardner, quien considera a los test de coeficiente intelectual como insuficientes para lograr una apreciación completa de la inteligencia, él amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es una capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias).
Gardner describe 9 tipos de Inteligencia diferentes pero, a diferencia de otros modelos que intentan evaluarla, el autor describe 2 tipos de marcado perfil emocional:




Inteligencia interpersonal: implica entender y comprender las emociones de los otros y tener la habilidad de reaccionar según el estado anímico del otro. Es la capacidad de manejar relaciones humanas y la empatía con la que nos «ponemos los zapatos del otro» y reconocemos sus motivaciones, razones y emociones. La mayoría de las actividades que se realizan en la vida dependen de la inteligencia interpersonal, ya que están formadas por grupos humanos en los que debemos relacionamos. (Los grandes líderes tienen una fuerte inteligencia interpersonal para bien o para mal)
Inteligencia intrapersonal: se refiere a la comprensión de las propias emociones, de tenerlas en cuenta al momento de tomar decisiones y ser capaz de regular las emociones según la situación, nos permite formar una imagen clara de nosotros mismos; poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
La importancia de la inteligencia emocional reside en el hecho de que permite a los individuos estar en contacto no sólo con sus propias emociones, si no también considerarse sensibles y empáticos respecto de situaciones o fenómenos externos. Muchas veces, personas con altas dosis de inteligencia emocional son las que llevan a cabo actividades de tipo solidario y social.
Aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco significativa, se ha demostrado que es potencialmente válida para tomar decisiones ya que el cómo nos sentimos tiene un papel fundamental a la hora de elegir.

El término Inteligencia Emocional fue utilizado en 1990 por Peter Salovey y John Mayer, quienes la definen como: «la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás».
Basándose en Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples, Salovey identificó cinco esferas en la inteligencia emocional:
1. Conocer las propias emociones. La conciencia de uno mismo es la capacidad de controlar sentimientos de un momento a otro, siendo fundamental para la penetración psicológica y el auto conocimiento.
2. Manejar las emociones. La capacidad de manejar sentimientos de forma adecuada, es una capacidad que se basa en el auto conciencia y el auto control.
3. La propia motivación. Habilidad para ordenar las emociones al servicio de un objetivo esencial: es lo que se conoce como auto motivación.
4. Reconocer las emociones de los demás. Se trata de la empatía o auto conciencia de las emociones de los otros.
5. Manejar las relaciones. Es la adecuación a nuestro ser social y parte esencial del desarrollo con los demás.
La emoción es básicamente un sentimiento subjetivo privado, pero también la expresión o manifestación de respuestas somáticas y autónomas específicas (el corazón late más deprisa, las palmas sudan, aparece la risa o el llanto, etc.). Igualmente pueden considerarse un conjunto de acciones para defenderse o preparar el ataque ante posibles amenazas y, por tanto, con un alto valor adaptativo como apuntó en su momento Charles Darwin. Este mismo autor describió las 4 emociones primarias que consideraba que eran innatas al ser humano ya que se daban en todas las culturas e incluso en personas ciegas y que, por tanto, no habían podido ser aprendidas.



Estas eran: Cólera o Ira, Alegría, Miedo y Tristeza. Posteriormente, en lo que algunos autores denominaron secundarias, se describieron cuatro emociones más: Amor (Enamoramiento), Sorpresa, Vergüenza y Aversión.


La inteligencia emocional tiene una gran importancia en las relaciones sociales. Puede parecer algo natural, pero también es una capacidad que se puede desarrollar e incluso tratar. «A las personas que tienen poca se las puede intervenir terapéuticamente y reaprender», afirma Dina Krauskopf. Asimismo agrega que la crianza tiene bastante que ver con su desarrollo.
La educación recibida nos condiciona la tolerancia o aceptación de nuestras emociones, siendo habitual que dependiendo del estilo de vida de cada familia, haya unas emociones más aceptadas y otras más reprimidas, así como el estilo emocional puede ser más o menos extrovertido.
Los prejuicios habituales sociales contra la expresión emocional suelen ser del tipo: «ser emocional es igual a ser una persona débil, inmadura o enferma», «las emociones son peligrosas y si te dejas llevar por ellas, puedes arruinar tu vida», «una persona responsable tiene que ser racional y controlar sus sentimientos».
Frases como ¨no debes llorar¬, llorar no sirve de nada, no te enojes, no te rías tan fuerte, no estés triste, etc., y na cantidad infinita de frases que solo nos enseñan a no demostrar nuestras emociones y por tanto nos limitan a siquiera sentirlas o reconocerlas, nos fomenta desde niños una incapacidad para trabajar de manera adecuada en estas, creciendo como adultos poco capaces de enfrentar la vida daría debido a la inmadurez emocional que presentamos.
Bisquerra señala que la educación emocional es un proceso que se da de manera continua y de forma permanente, esto significa que en cualquier momento de la vida se puede brindar educación emocional y dicha educación tendrá variaciones dependiendo del tipo de persona, ya que las necesidades de un niño son totalmente diferente de las de un adolescente.
Niños, adolescente o adultos, se pretende que con la educación emocional se logren los siguientes objetivos:
– Reconocer emociones propias.
– Reconocer las emociones de los demás.
– Identificar y nombrar correctamente a las emociones.
– Ser capaz de regular las propias emociones
– Incrementar el umbral de tolerancia a la frustración.
– Identificar de manera anticipada los efectos nocivos de las emociones negativas.
– Ser capaz de construir emociones positivas
– Ser capaz de lograr la automotivación
– Tener una actitud positiva ante la vida
– Desarrollar la capacidad de avanzar.
Por tanto en las instituciones escolares como fundamentalmente en casa se recomienda aprender y proveer a los niños de herramientas y recursos para poseer una inteligencia emocional que les permita vivir su vida de manera plena y satisfactoria, desde pequeños podemos comenzar a identificar emociones y aprender a demostrarlas de manera adecuada, sin limitarnos o sentirnos culpables por ello.
La inteligencia emocional promovida desde la infancia hará del niño que aprendió ayer el adulto pleno de hoy.





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LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

Pretendo abordar en este texto, no un deterioro, precariedad y mucho menos dificultades serias dentro de la disciplina. Sino más bien el proceso que ha llevado al avance de esta ciencia.

En distintos aspectos, diferentes necesidades han podido ser “cubiertas” por nuestra disciplina, algunas nos atañen y habíamos tardado en responsabilizarnos y otras no, pero ponemos de nuestra parte, la psicología al servicio de estas necesidades, de carácter social, cultural, ético, científico y de divulgación.

EFECTOS DE LA CRISIS

La crisis a nivel individual, social o institucional, ha sido poco influyente en la psicología dominante, los cambios en ésta  han sido realmente escasos. Los efectos de la crisis han sido en realidad profundos y probablemente irreversibles en estos niveles, pero la psicología ha conseguido mantener un poco al margen.

La perspectiva optimista de quienes afirman que a partir de los años 70 y como consecuencia directa de la crisis se ha venido gestando en nuestra disciplina un nuevo paradigma caracterizado por el énfasis en los aspectos históricos, dialecticos y simbólicos de la conducta humana, el interés por la ideología, el reconocimiento de carácter activo de las persona, la preocupación por  el cambio y la resolución de los problemas sociales y el estudio de la vida cotidiana y la utilización de métodos alternativos de investigación. Han dado a la Psicología un carácter asistencialista más que proveedor, con soluciones emergentes más que planteamientos teóricos enfocados a la resolución de los conflictos que incumben a quienes beneficia (o que sería recomendable que beneficiara) esta hermosa ciencia.

La crisis con sus componentes institucionales, académicos y personales, ha sido muy útil u fructífera, para algunas otras disciplinas, como suelen serlo generalmente las crisis al convertirse por el conflicto, cognitivo y no cognitivo que producen, en un verdadero motor del cambio social. Así, en algunas otras áreas de estudio, como la economía, el derecho, la política, la ecología, la biología y la medicina, la crisis ha tenido su efecto en cuatro ejes principales:

  1. Ha fomentado la búsqueda de métodos menos obstructivos que los utilizados habitualmente y, en todo caso, ha hecho posible que se acuda, sin complejo de inferioridad alguna, a métodos no experimentales.
  2. Ha permitido la ampliación del marco teórico en que deben desenvolverse las investigaciones, incrementándose así la presencia de perspectivas poco habituales.
  3. Ha servido para poner de relieve el compromiso sociopolítico de muchas áreas de conocimiento, ciencias y disciplinas, y su enfoque proactivo.
  4. Han ayudado poderosamente al desarrollo y fomento de la aplicación en nuevas áreas de estas disciplinas abarcando más campo de acción, permitiendo además aumentar el campo laboral y mejorar la percepción y el reconocimiento de las mismas.

Tras la crisis las cosas ya no volverán a ser como antes eran. Y en respuesta algunas disciplinas van adquiriendo legitimidad, reforzándola o aumentándola.

Algunas características de la legitimidad son:

1.  Un mayor y más estrecho funcionamiento interdisciplinario.

2.  Un análisis metateorico que nos permita contemplar el quehacer científico, sus alcances, aplicaciones y potenciales.

3. Una perspectiva de construcción social.

4. Establecimiento de un respaldo lingüístico (no confundir con el posmodernismo). Que respalde la difusión y el acercamiento de estas disciplinas a la población en general.

La historia de la psicología, como la del resto de las ciencias sociales va estrechamente unida a la historia de la modernidad y del desarrollo de la humanidad. De ahí que a la actual crisis le acompañe también una crisis en la psicología.

¿Estamos respondiendo bien a esta crisis?

La psicología, clínica y social, deberán cambiar y adoptar los postulados básicos del pensamiento post-moderno. La psicología en sus bases teóricas, quizá no cambiará mucho en los próximos años, ya que resulta difícil reconstruirla, pues tiene mucho peso las rutinas académicas y de investigación. Y las malas praxis que se han ido arraigando en el desempeño “coloquial” de nuestra disciplina.

La psicología experimental sigue siendo dominante. Sin embargo ha caído en un desligamiento hacia sus aplicaciones. Dejando espacio para las pseudociencias, y el desempeño sin sustento teórico y mucho menos científico, pero que proporciona soluciones prácticas, aunque no funcionales.

psicologia

Conclusión.

Distintas crisis han conformado parte de la historia de la psicología, clínica, social y experimental. Incluso es por muchos conocido el apogeo que esta ciencia adquirió a través de la Gran Guerra (Guerras Mundiales).

Existen efectos de la crisis actual (sociopolítica y cultural) en la psicología, pero no están siendo ni controlados, ni previstos, ni aprovechados. Como he mencionado, de hecho han dado pie a que se desestime nuestra disciplina como constructora de cambios sustanciales, y a que se adhieran prácticas poco profesionales. A que caigamos en la palabrería para definir conceptos básicos y que vaciemos los anaqueles teóricos buscando argumentos, cuando quizá deberíamos replantearnos algunos.

¿Estamos respondiendo bien a esta crisis?

No. En México se ocupa una frase que aplica a esta situación. “Nos estamos durmiendo en nuestros laureles”. La Psicología tiene mucho más que aportar, puede regularizarse más y puede ofrecer una perspectiva científica que a la vez aporte soluciones, que no solo observe para determinar, sino que determine para construir. Ya se hace, claro, con honrosas excepciones y es ahí donde encontramos su funcionalidad, por ejemplo, en actividades proactivas en comunidad, investigaciones de problemáticas sociales con planteamiento de soluciones, prevención, tratamiento, replanteamiento de algunos conceptos y análisis y artículos que generan suficientes respuestas, y suficientes preguntas, etc.

La psicología no está en crisis, no hay mucho de qué preocuparse en este sentido, pero el contexto en el que nos desarrollamos es una crisis en sí misma. Y no aportar positivamente a este trance sociocultural y político, deja en la barrera a la psicología, donde no le afecta, ni para bien, ni para mal.





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PRINCIPIOS PSICODINÁMICOS

 

PRINCIPIOS PSICODINÁMICOS

Por Fernando Arrieta L.
 El punto de vista psicodinámico, el cual considera a los fenómenos psíquicos como la resultante de un conflicto entre fuerzas psíquicas opuestas. Resumiendo los Principios Psicodinámicos descritos por Lewin, el aparato psíquico es una división hipotética de la mente que se da en varios sistemas o instancias, constituidas por grupos de funciones que pueden conceptualizarse según los conjuntos de contenidos mentales, por ejemplo, los recuerdos, los pensamientos y las fantasías. Las tres instancias que lo componen son el ello, el yo y el superyó. Las cuales se encuentran dotadas de la energía psíquica capaz de actuar sintonizadamente u opositoramente; de ahí se origina el conflicto psíquico.
El ello, es la expresión psíquica de las pulsiones, es inconsciente y responde a la energía de los impulsos como procesos dinámicos, encargados de satisfacer alguna necesidad, si bien las necesidades llegan a ser conscientes el ello es incapaz de acceder directamente a la consciencia y su descarga se realiza a través de sus representantes. Como los pensamientos, los deseos, las fantasías, movimientos y acciones, y síntomas.
El yo, es una válvula que regula o se opone a las pulsiones, a través de diversos mecanismos defensivos, representa un mediador entre las pulsiones radicadas en el ello y las demandas del mundo externo. El yo, al contrario del ello, si posee funciones conscientes, como la percepción y la memoria, y también posee funciones inconscientes, algunas de las cuales, las más importantes además, serian los mecanismos de defensa.
El superyó, por su parte es el resultado de la internalización de las demandas de las normas morales de la sociedad, de las demandas del medio externo mencionadas arriba, más como un sinónimo de adaptabilidad. Este se desarrolla a través de la socialización y la identificación con los padres y otras figuras representativas o significativas en la infancia. Sus funciones psíquicas presentan una serie de expresiones manifiestas, tales como las actitudes acordes a la conciencia moral y el sentimiento de culpa. El superyó es una clara oposición a los deseos derivados de las pulsiones. Además cuando esta oposición es respetada se otorga como una recompensa o una protección, en forma de ideales o valores (el ideal del yo).

La conciencia por otra parte es un fenómeno completamente subjetivo, se maneja dentro del estado de alerta de las percepciones que se asimilan desde el mundo externo y del interior del cuerpo y de la mente. Cuando se impone la fuerza del superyó y los afectos y pensamientos no pueden ser permitidos en la consciencia, el yo los asimila pero los remite al inconsciente, este proceso se conoce como represión, la cual es entendida como un tipo de resistencia.

El inconsciente, está constituido por los contenidos y los procesos mentales que se entienden como incapaces de acceder a la conciencia debido a la represión. Es decir que el inconsciente está formado por las representaciones pulsionales de los deseos contrarios a las normas o al superyó. La organización que tienen dentro del inconsciente responde a una forma lógica no formal, la cual se origina en el proceso primario.
Los procesos primario y secundario, es el modo en que se descarga la energía y a su vez es un tipo de pensamiento. El proceso secundario es el encargado de los conceptos, tanto en el preconsciente como en la conciencia. Por su parte el proceso primario se refiere a un tipo de pensamiento primitivo, su meta es la realización de deseos, está dominado por la emociones y trabaja sobre imagines, realiza constantemente condensación, desplazamiento y simbolización.
La condensación, es el mecanismo de los sueños, mediante nuevos significados se consigue una reunión de componentes de varias representaciones en un solo elemento. La simbolización es una forma de representación indirecta, los objetos representados simbólicamente son partes del cuerpo o miembros de la familia; el desplazamiento  se refiere a un traslado del afecto, el interés o la importancia de una representación a otra.
La interpretación consiste en reformular los elementos antes mencionados, se refiere al proceso en el que se hace consciente todo deseo que se formula en el inconsciente y las modalidades defensivas desarrolladas para impedir su expresión directa. Todo ello, se define como un conflicto psíquico que representa la oposición de dos fuerzas psíquicas.  El conflicto implica un desequilibrio, cuya raíz o fundamento radia en el periodo del desarrollo sexual conflictivo que se ubique e identifique.
El desarrollo psicosexual se refiere a como el individuo atraviesa más o menos resueltamente una serie de necesidades y deseos referentes en principio a diferentes zonas corporales, oral anal, fálica y genital. Cuando en alguna etapa en especifico se intensifican dificultades o gratificaciones se desarrolla una fijación.
           Cuando el recurso de la represión no es suficiente para resolver las demandas contradictorias del mundo interno y el mundo externo, el yo desarrolla los mecanismos de defensa, algunos de los más importantes son los ya mencionados, como la represión, el desplazamiento, la condensación y la simbolización. Y algunos más complejos como la introyección, la identificación, el aislamiento, la negación, la anulación, la transformación en lo contrario y la sublimación.
Finalmente, el síntoma, es un resultado obtenido por las pulsiones reprimidas y los mecanismos de defensa que se emplearon por parte del yo para evitar que emergieran. Expresa, al mismo tiempo que encubre lo reprimido, lo cual genera la idea de una ganancia primaria. Sin embargo, esto se va dirigiendo a conseguir satisfacciones diferentes a la mera expresión, identificadas como ganancias secundarias.





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