CUARENTENA CON NIÑOS EN CASA

Como todos sabemos la cuarentena implica no salir de casa a menos que sea estrictamente necesario para prevenir contagios de COVID-19, sin embargo, si uno puede y lleva a cabo esta regla con sus hijos sabe bien que ellos no pueden salir ni a lo necesario como las compras de alimento y claro esta que si para un adulto lidiar con este cambio de hábitos y de vida es difícil, para un niño lo es aún más, esto debido a que los pequeños no entienden aún por completo la idea de que es imposible salir al parque, a la escuela, a ver a sus abuelos etc. porque pueden sufrir complicadas consecuencias de salud.

Por tanto y dado que sus emociones no las pueden manejar como se supone que un adulto lo hace, a veces pasarán como todos por malos momentos y es justo ahí donde nuestra labor como padres y como adultos entra en juego.

Por ello este artículo está diseñado básicamente para que de una manera divertida pero con ciertas normas los niños y sus padres puedan convivir de manera agradable en casa sin perder la paciencia ni los niños, ni los adultos.
Eh aquí algunas actividades que podrán servirte como una herramienta más para que juntos puedan aprender y sobrellevar este temporal pero finalmente nuevo estilo de vida.

1-Juego de la vida real.

En primer lugar podemos hacer un juego basado en lograr subir de niveles el cual en esta ocasión se podría llevar a cabo de la siguiente manera: puedes decirles a tus hijos que comenzaran un juego donde como jugador principal tiene la tarea de subir de nivel cada día o simplemente a su ritmo; por ejemplo, si él aprende a lavarse las manos de manera correcta según las reglas de salud y lo hace frecuentemente sin necesidad de estar recordándolo constantemente ahí subirá un primer nivel, si tu hijo logra manejar de manera óptima sus emociones (enojo, tristeza, ansiedad, frustración) respecto al hecho de no salir manteniendo la calma y demostrando de manera óptima su estado de ánimo subirá otro nivel, recuerda que la idea es que las maneje adecuadamente no que no las demuestre o exprese, aquí es donde tu labor es mostrarle como expresar las emociones de manera asertiva. Otro nivel ascendido podría ser cuando tu pequeño logre estar más tiempo enfocado en algún juego contigo o a solas o leyendo algún cuento etc. que pasar la mayor parte de su día viendo televisión o enfocado en los videojuegos, claro está que no tiene nada de malo que pase cierto tiempo haciéndolo, pero todo exceso es nocivo, así que si logra jugar con su imaginación y crear maneras de entretenerse de manera interactiva con juegos lúdicos etc. subirá entonces otro nivel.




Puedes ponerle tantos retos como niveles al juego siempre teniendo en mente que a ciertos niveles ganados si tu consideras conveniente tu hijo podría obtener un premio y sólo ustedes podrán ponerse de acuerdo sobre que le gustaría hacer o llevar a cabo como recompensa a ganar su esfuerzo.

2-Tiendita en casa

Otra manera de interactuar con tu hijo y a la vez enseñar a poner orden en casa es dibujar juntos una serie de billetes con los que pueda comprar algunas golosinas, que previamente tu podrías conseguir o tener en casa, ya sea un postre o un dulce o si no quieres que consuma estos productos podrías elaborar algunos snacks saludables que de antemano conozcas que le gustan a tus niños. La idea del juego es que si cumple con sus labores en casa, es decir, las básicas como tender su cama, levantar sus juguetes, ayudar en alguna actividad designada, cepillarse los dientes etc. puedan entonces canjear las actividades realizadas por los billetes; cada actividad tendrá un valor que tú le darás de acuerdo a la dificultad o a que tanto trabajo le cueste a tu niño y así logrará juntar cierta cantidad para comprar simbólicamente su golosina.
Parece ser que tus niños entonces sólo se portarán adecuadamente si obtienen una recompensa pero recuerda que ante esta situación extraordinaria es sólo una serie de juegos que por tanto tienen estas reglas y lo pueden hacer de manera creativa y divertida y claramente no durará toda la vida, explícale a tu hijo que son juegos que llevarán a cabo algunos días y él entenderá que es parte de una dinámica y no de un estilo de vida diario.





3-Te quiero se dice de diversas maneras.

Otra actividad que podría unirlos aún más trata de que tú como padre o madre o la persona que lo cuida en este momento escribas todos los días antes de dormir en un papelito una virtud de tu pequeño y se la dejes en su almohada, así antes de dormir lo último que leerá será algo positivo de él que venga de ti y eso tendrá un impacto positivo en su seguridad y confianza en estos momentos difíciles y siempre. Si te parece mejor idea también pueden hacerlo ambos así que tu niño podrá escribirte también algo a ti y pondrán en practica la empatía.

4-¿Qué hiciste hoy? Es diferente a ¿cómo te sentiste?

Otra actividad que pueden hacer en casa en esta cuarentena podría ser un diario, pero no hablo del clásico diario de las actividades escritas literalmente que realizamos en el día, me refiero a un diario de emociones positivas y negativas que vivieron en su día, así por la noche después de todo un día en casa puede desahogar sus emociones de esta manera y siempre aprender a ver las dos caras de la moneda ya que pese a que en ocasiones escribirá emociones como tristeza, enojo, ira etc., también se trata de que escriba las positivas de su día que seguramente experimentó en algún momento siempre y cuando el entorno emocional que le provean sea el adecuado. Así todos los días tendrá un recordatorio de que todos los días comúnmente tiene pros y contras pero que uno decide como afrontarlo, ya sea de manera positiva o negativa.

Estas actividades puedes proponer señas e ir aplicándolas al paso de los días pero si llega un momento del día donde tu hijo extraña a sus amigos, su escuela, sus salidas y simplemente no quiere participar momentáneamente en alguna actividad recuerda no forzarlo y solo darle una adecuada contención, tratar de ser empático con su sentir ya que para ellos es difícil quedarse entre cuatro paredes durante una temporada y lo tendrán que ir asimilando; si recibe tu apoyo en ese momento seguramente también será tu aliado en un momento donde su ánimo esté mucho mejor y querrá ser partícipe de los juegos o actividades que le propongas.
Recuerda que todos, tanto pequeñitos como adultos somos seres humanos que estamos aprendiendo o al menos intentando aprender mucho de esta situación y enfrentando muchos retos, aunque tu hijo sea un niño tendrá sus desafíos que confrontar, así como tú estarás trabajando en los tuyos ni más ni menos importantes de acuerdo a la edad.







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ESTRATEGIAS PARA SOBRELLEVAR EL CONFINAMIENTO (Covid-19)

Guía para el manejo asertivo del confinamiento y aislamiento ante la contingencia por el COVID-19

   1  Saber qué es lo que sientes

Reconoce tus emociones, qué sientes, piensas y experimentas. Para poder identificarlas y hacerles frente eligiendo la respuesta más adecuada.

Comienza identificando pensamientos que puedan generarte malestar, acepta tus emociones no es malo tenerlas, cuestiona lo que piensas y lo que sientes, qué lo puede originar y en qué se basan tus creencias. Informa a las demás personas de manera sensata y realista, tanto lo que te pasa a ti como lo que pasa en general. Si puedes a los niños y a las personas mayores ofréceles una explicación adaptada a su edad y primero regula tus emociones para que no se las “contagies”.

Evita la sobre estimulación de cualquier emoción, en tus actividades y en la información que revisas. Alimenta emociones positivas como la empatía, siempre salva vidas en situaciones de emergencia.



     

       2  Establecer nuevas rutinas

    Asumir que tus rutinas cambiaron y se mantendrán diferentes a lo habitual te ahorrara tiempo y desgaste emocional. NO es posible replicarlas de manera normal, pero puedes crear un nuevo plan de actividad, estructurando una rutina nueva que puedas seguir con cierta cotidianidad como lo hacías anteriormente. Seguir un horario, tener labores y ocupaciones específicas, ocupar gran parte de tu tiempo, plantearte objetivos y metas productivas, personales o laborales.

    Aunque no vayas a salir de su casa, arréglate y cámbiate la ropa de dormir para evitar la sensación de discontinuidad. Es importante que seas flexible al estructurar tus rutinas y mantengas un esfuerzo constante por cumplirlas, aunque sean temporales.

       3  Haz deporte a diario

    Además de mantenerte en forma, contribuyes a que tu organismo libere sustancias que le hacen bien, como adrenalina y endorfinas. La manera de hacerlo es libre, y eso también es una ventaja, puedes bailar, hacer pequeños circuitos basados en algún deporte y seguir tu propio plan de entrenamiento. Las clases o ejercicios online, y tu creatividad son las mejores herramientas. Compleméntalo con una sana alimentación e hidratación.

    De 20 a 30 minutos diarios es suficiente y, de ser posible, practícalo por la tarde para cansar al cuerpo y poder dormir mejor.

     

       4  Busca apoyo social

    Aunque al principio puede ser fácil aprovechar cierta individualidad, no descartar el apoyo social es de suma importancia, somos seres sociales y el confinamiento contrapone incluso reacciones instintivas como el sentido de pertenencia y el gregarismo.

    Mantente comunicado, socializa a distancia, observa a tus vecinos o a la gente que te sea posible, mantén las ventanas abiertas, tu teléfono cargado y en línea, si necesitas sentirte acompañado o desahogarte no dudes en recurrir a alguien y ofrece estar ahí para los demás también. Respecto al confinamiento acompañado, diseña actividades que se hagan en grupo o en equipo, ver películas, jugar videojuegos o juegos de mesa, arreglar algo, limpiar, organizar cuartos, alacenas, etc. Si tienes patio o terraza, aprovéchalo, unos minutos de aire fresco te vendrán muy bien.

    Viviendo en espacios reducidos y en familia no los sobre exijas con tareas. Tenga presente que respectar la cuarentena es ya un esfuerzo en sí mismo y como tal es valioso. Converse en familia sobre el sentido altruista de las conductas responsables para que tengan sentido los esfuerzos.

    Si se tienes hijos o menores cercanos, es importante hablar con ellos. Conversar sobre la información oficial sobre el coronavirus en un lenguaje adecuado a la edad y con honestidad.

      5   Realiza actividades de disfrute

    Muchos han seguido una rutina laboral semejante en horarios a la normal, sin embargo, si estado de ánimo no siempre les permite disfrutas ciertas horas libres que aún conservan o que en el mejor de los casos incluso han aumentado. SI ya cumpliste con tus deberes, laborales o académicos, es momento de darle tiempo a las actividades que te gusta.

    Puedes realizar una lista de cosas por hacer, o desarrollarlas libremente. Hobbies, gustos o proyectos postergados son válidos, aprender a pintar, bailar o tocar algún instrumento o mejorar en ello, aprender a cocinar o a elaborar un platillo difícil, arreglar algún área de casa o algún aparato o mueble, leer, ver películas, oír música, aprender algo nuevo a través de tutoriales o cursos online, hay muchos gratuitos y de calidad, etc. Entre más alternativas tengas menos te aburrirás, e incluso puedes calendarizarlas para aprovechar el tiempo.

    Todo es válido, la clave aquí es no sentir que “pierdes el tiempo”, no importa si nunca tocarás esa canción, si el libro ya lo habías leído o si solo duermes para descansar, es un tiempo dedicado ahora al placer y a la relajación y no a la productividad.




       6  Intenta estar tranquilo

    La palabra clave aquí es ASUMIR, la realidad, el presente, las circunstancias y sus implicaciones. Refunfuñar y rumiar la situación no solo no aporta, sino que resta, alimentando las emociones negativas que buscamos controlar.
    Acepta las indicaciones sanitarias, conserva la calma y cuídate lo mejor posible. Identifica que sí y que no está bajo tu control y céntrate en lo que AÚN puedes hacer en lugar de añorar lo que cambio o se pausó.

       7  Procura ser positivo

    Suena a frase motivadora simple. Sin embargo, la idea es que si tienes la posibilidad entre escoger entre una postura positiva (saldremos adelante, me cuido bien, es divertido tener tiempo, etc.) y una negativa, siempre elijas la positiva. Estar de cuarentena por coronavirus no es algo que hayas elegido, es algo impuesto. Las crisis exponen lo que somos de verdad, tú decides que demuestras, tú eliges que versión de ti le hará frente. Es una situación diferente, no necesariamente negativa.

    Incluso enfocarnos en ser agradecidos por lo que tenemos, descubrir las oportunidades (crear, aprender, descansar) y ventajas (tiempo, convivencia, ahorros) implícitas en esta nueva normalidad temporal, y apreciar y valorar donde estamos parados ante esta situación es necesario. Niños y adultos requieren mantener espacios de juego y divertimento que promuevan emociones positivas.

       8  Infórmate responsablemente

    No te sobreexpongas a noticias e información indiscriminadamente, escoge un momento para informarte, en México la conferencia sobre el Covid-19 tiene un horario fijo. Es importante además consultar fuentes confiables para reducir la fluencia de fake news, y contribuir compartiendo solo información fidedigna.

       9  Responsabilízate de tus emociones

    Es importante entender que, aunque la situación en gran medida provoca estos cambios de humor, nadie más que tú mismo debes encontrar y buscar regular las emociones, evitando confrontaciones o disputas con las personas con las que convives, reconociéndolas y trabajándolas a tiempo.

    No te permitas ninguna conducta dañina para ti y/o para los demás, ni antes, ni ahora, ni nunca.

       10  Encuentra ayuda psicológica

    Pese a que te esfuerces puede resultar difícil sobrellevar esta situación, en ocasiones un efecto acumulativo con situaciones precedentes puede imposibilitarnos lidiar de manera asertiva con las emociones, sensaciones y pensamientos que impactan psicológicamente nuestra vida.

    Si nerviosismo, tristeza, ansiedad o que la situación afecta alguna esfera de tu vida, no dudes en buscar ayuda, muchos profesionales de la salud están dando servicio a distancia, vía telefónica u online. Además de los números de atención gratuita que se ponen a tu disposición a través de diferentes servicios. Siempre con la finalidad de encontrar modos constructivos de manejar la adversidad.

       11  Ten paciencia contigo mismo

    Ser considerado con uno mismo, con sus estados emocionales, teniendo presente que los cambios de rutina tan abruptos, la incertidumbre y la amenaza de la pandemia afecta nuestro estado emocional por más saludables que seamos. Considerar que esto mismo le ocurre a los demás, por lo tanto, intentar ejercitar la tolerancia con nosotros mismos y con los demás.

    CONCLUSIONES

    La guía tiene libres y diferentes aplicaciones, pero no poder no es malo, y pedir apoyo cuando es necesario forma parte de las respuestas acertadas que podemos plantear ante esta contingencia.

    Las emociones pueden provocar distintas respuestas, el miedo, la ansiedad y la tristeza pueden incluso canalizarse para bien, mantenernos alerta o desarrollar comportamientos altruistas.

    Las conductas de aceptación parten de una positiva regulación de las emociones y sensaciones antes planteadas, para poder respetar las indicaciones y entender la información que nos dan.

    Manejar tus emociones, no es fácil, en circunstancias normales no lo es y en esta contingencia te será posiblemente más difícil. Es por ello que merece el esfuerzo, es por ello que requieres prestarte atención y considerar que, de igual manera que los médicos, enfermeras y enfermeros, intendencia, personal de los hospitales en general, policías y empleados del sistema de transporte y demás actividades esenciales, realizan su parte y merecen un reconocimiento, tu, desde tu trinchera también haces tú parte.

     



    Este evento puede sacar lo mejor de nosotros como sociedad, el tiempo dirá si ha dejado una marca imborrable positiva o negativa, pero gran parte de cómo nos definirá esta situación depende HOY de cada uno de nosotros.

    Hazlo por ti, y hazlo por todos, cuídate tú, y cuídanos a todos.



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    EMOCIONES FRECUENTES (Covid-19)

    El coronavirus (Covid-19) ha impactado en muchos aspectos el mundo y la vida actual, generando distintas consecuencias a niveles sociales y económicos; pero no menos importante es la manera en la que el aspecto mental de las personas se ha visto alterado.

    En primer lugar, por el miedo a lo desconocido, a contagiarse o contagiar a alguien, miedo por la incertidumbre de lo que vendrá y cómo enfrentarlo de la mejor manera.

    Por otro lado, las consecuencias del confinamiento y/o aislamiento, como cualquier pérdida y cambio generan su respectivo duelo. Además provocan otras emociones reconocibles tales como tristeza, frustración o enojo, e incluso aburrimiento e impaciencia.

     

    Hay elementos que las intensifican, por ejemplo, el gran acceso a la información que tenemos hoy día, dada la alta cantidad de Fake News, es un arma de doble filo. Las recomendaciones sanitarias que son generales (deben serlo), pero que aplican diferente en cada caso en particular.

    La desigualdad y volatilidad en la que se recargaba la economía global y que al tambalearse desde sus cimientos (la fuerza laboral) se comienza a desmoronar. Y en ocasiones, la inestabilidad emocional más o menos marcada que sufrían ya varias personas de por sí.

    Es importante puntualizar.

    1. La pandemia afectará directa o indirectamente a toda la población
    2. Nuestro estado emocional se vera de un modo o de otro alterado
    3. Será un proceso largo, tanto de enfrentamiento, como de adaptación en el ámbito social, personal, económico, conductual y emocional.
    4. Aunque hay procesos y reacciones normales y esperados, es nuestra obligación individual asegurarnos que no se salgan de control. Si lo requieres, busca ayuda.

    ¿Qué emociones puedo experimentar?

    Haremos una breve descripción de algunas de las emociones y reacciones asociadas a la actual contingencia, para facilitar que al percibirlas o experimentarlas las reconozcas.






    Miedo

    Relativamente natural. Hace evidente que desconocemos mucho y controlamos poco. Ideas y perspectivas negativas y/o poco informadas lo pueden empeorar volviéndolo irracional o ilógico.

    Miedo como perder la salud, enfrentar las consecuencias de la enfermedad o la falta de recursos y la falta de insumos básicos, pueden provocar pensamientos negativos que generen reacciones funcionales y disfuncionales. Dentro de las primeras, es posible que aparezcan conductas creativas, actividades formativas o recreativas.

    En el caso de las reacciones disfuncionales que pueden incrementarse, encontramos por ejemplo consumir noticias compulsivamente, o evadirse de ellas, tener cuidados compulsivos o exagerados, y curiosamente lo opuesto, no darle la seriedad necesaria y descuidarse, etc.

    Incertidumbre

    También un tanto normal y “aceptable”, de hecho, al ser un suceso nuevo y en curso hay muchas cosas que no se saben a nivel científico, social y personal. Es normal querer saber más y lo ideal es estar bien informados sin tratar de “saber todo”, porque nadie lo sabe. Si la situación, por desconocida, se percibe como amenazante o catastrófica, en ese momento ya no es una reacción funcional

    Preocupación

    Creemos poder prever lo que vendrá o cómo terminará todo, si lo sabemos es relativamente tranquilizador, y es de esperarse que esta pandemia traiga consecuencias, sin embargo, asumir o dar por hecho lo peor puede hacernos sentir atrapados en la idea de un futuro hipotético que no necesariamente será tan catastrófico.

    Ansiedad

    Episodios que se presentan cuando la persona, en ocasiones a raíz de pensamientos e interpretaciones amenazantes y peligrosas respecto al entorno comienza a experimentar sensaciones y reacciones fisiológicas que parecieran incontrolables, por ejemplo, taquicardia, sofocos, sudoración, hiperventilación, temblores y sensación de ahogo. Se llega a presentar tal pérdida de control que hay quien piensa que la muerte es inminente.

    Es una reacción natural y normal cuando efectivamente existe un peligro, pero en este caso se activa de manera exagerada y excesiva, es generada por distintos pensamientos e interpretaciones, sin embargo, al experimentarla, estos pensamientos se desbordan y aumentan, incrementando también la ansiedad.

    Lo que hay que intentar es transmitir al cerebro información basada en la realidad y en los hechos presentes para generar una línea de pensamiento más acorde con la realidad.

     

    Angustia

    “Está prevaleciendo todo el espectro de ansiedad: miedo, pánico, irritabilidad. Todo el espectro ansioso estaría dentro del grupo de los problemas de ansiedad. Ese es el predominante”, Etchevers.

    Muchos podemos experimentar ansiedad en diferentes momentos, sin embargo, seremos capaces de reconocerla y en muchos casos de controlarla. Pero hay personas que no consiguen distinguir lo “irreal” en su temor, la angustia contribuye a formalizar ese miedo irracional, impidiéndonos diferenciar entre el miedo, el pánico, la amenaza y la alerta. Es un estresor psicológico.

    Verificar y corroborar es importante, la alerta y el miedo son comunes entre otras personas y están “justificados” por las alertas internacionales de la OMS y los gobiernos, pero muchas de las ideas que alimentan la angustia y la sensación de amenaza latente, serán diferentes a las de los demás e incluso contradictorios a las menciones oficiales.

    El miedo nos ayudará a protegernos, la ansiedad le alimentará, por supervivencia, pero es probable perder el control de ésta y comenzar un círculo vicioso de pensamientos negativos y reacciones físicas extralimitadas, la angustia en definitiva es disfuncional, nos bloqueará y aumentará la posibilidad de equivocarnos, o impedirá que reaccionemos de la mejor manera. Cambiará nuestros hábitos y nos llevará a la sensación de querer huir. E incluso hasta el espectro depresivo, donde puede alimentar la idea de resignación y de que no hay escapatoria.

    Depresión

    Si bien todo cambio genera duelos, las ideas negativas aquí se vuelcan hacia nosotros mismos, haciéndonos sentir incapaces, sin deseos de sobreponernos o impotentes ante una situación mayor a nosotros, el abrumarnos con noticias y pronósticos no ayuda, y la perspectiva de no tener las herramientas para salir adelante (cuando nadie las tiene al 100%) puede alimentar ideas de imposibilidad y de fracaso anticipado.

    Frustración

    La sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales, así como el cambio de estos, la cantidad de control disminuido en nuestra propia vida. Puede haber pensamientos del tipo, no puedo, quiero y no hay forma, es imposible, etc. Frente a esta situación novedosa estamos obligados a ser pacientes y debemos generar nuevos hábitos.

    Enojo

    Cuando experimentamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto o desproporcionado. La molestia se puede decantar hacia el gobierno, el sector salud o incluso hacia otras, sin embargo, en ocasiones puede recaer en nosotros mismos, y calificarnos como responsables o culpables, por no hacer bien las cosas. Aunado a un efecto acumulativo que puede hacerse evidente, es importante evitar situaciones violentas y acudir a apoyo si comenzamos a perder el control, o alguien confinado con nosotros lo esta perdiendo.

    Aburrimiento

    Reducida la capacidad de interacción y vinculo, las actividades ocio se ven limitadas. Pensamientos del tipo “¿ahora qué hago?”, “¿cuándo podré salir a divertirme? “nos sumergen en una nueva rutina, impuesta y saturante. Las alternativas virtuales y digitales para no perder contacto, así como no olvidad que es una situación transitoria nos ayudarán a no perder interés en actividades personales y nuevas.

    Impaciencia

    Ante una situación que se percibe como espontanea, impuesta y limitante. Pueden aparecer pensamientos escapatorios, quiero salir, regresar a la normalidad, no quería dejar de hacer esto o aquello. Es importante enfocarnos en la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar, y utilizar el tiempo de manera creativa, recreativa y productiva.



    Tristeza

    A raíz de la ruptura de la cotidianeidad, el aislamiento y por tener contacto reiterado con noticias negativas, la empatía, la nostalgia y la hipersensibilidad emocional pueden aumentar la frecuencia o intensidad en que aparece esta emoción y los pensamientos que la acompañan, de desidia (no apatía) o de desánimo (no confundir con miedo o impotencia).

     

    También es una reacción normal en principio, a la cual es importante no dejar de prestarle atención para evitar que cause conflictos, hablar de ello para desahogarnos y buscar actividades que contrapongan esta emoción en lugar de alimentarla.

    Desorganización – Desorientación

    Aunque de momento olvidamos que nacimos sin una organización ni rutina, esta situación que nos lleva a cambiarla drásticamente nos hace creer que se perdió la capacidad de reordenarnos y enfocarnos nuevamente.

    Sensación de soledad

    La falta de vinculación puede provocar una sensación de soledad y agravarse especialmente en aquellas personas que viven solas. Esa sensación de aislamiento físico o emocional puede empeorar otras sensaciones como el miedo o la ansiedad y la tristeza. Lo ideal es no perder y actualizar las diferentes formas para vincularnos, además de alimentar y crear nuevos lazos de interacción, aunque no sean afectivos ni de convivencia.

    Labilidad (cambios de humor repentinos)

    Además de grandes saltos entre un estado anímico y otro, pueden ser sentimientos contradictorios, alivio por estar en casa, pero también emociones como miedo, frustración o enojo. Agrado por cierto grado de descanso, pero preocupación por las finanzas, etc. Puede suscitarse en pensamientos del tipo “ahora puedo hacer lo que nunca hago. Aunque quisiera saber cuándo terminará todo esto”.








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    Guía de manejo emocional para el confinamiento por COVID-19

    El coronavirus (Covid-19) ha impactado en muchos aspectos el mundo y la vida actual, generando distintas consecuencias a niveles sociales y económicos; pero no menos importante es la manera en la que el aspecto mental de las personas se ha visto alterado.

    En primer lugar, por el miedo a lo desconocido, a contagiarse o contagiar a alguien, miedo por la incertidumbre de lo que vendrá y cómo enfrentarlo de la mejor manera.

    Por otro lado, las consecuencias del confinamiento y/o aislamiento, como cualquier pérdida y cambio generan su respectivo duelo. Además provocan otras emociones reconocibles tales como tristeza, frustración o enojo, e incluso aburrimiento e impaciencia.




    Hay elementos que las intensifican, por ejemplo, el gran acceso a la información que tenemos hoy día, dada la alta cantidad de Fake News, es un arma de doble filo. Las recomendaciones sanitarias que son generales (deben serlo), pero que aplican diferente en cada caso en particular.

    La desigualdad y volatilidad en la que se recargaba la economía global y que al tambalearse desde sus cimientos (la fuerza laboral) se comienza a desmoronar. Y en ocasiones, la inestabilidad emocional más o menos marcada que sufrían ya varias personas de por sí.

    Es importante puntualizar.

    1. La pandemia afectará directa o indirectamente a toda la población
    2. Nuestro estado emocional se vera de un modo o de otro alterado
    3. Será un proceso largo, tanto de enfrentamiento, como de adaptación en el ámbito social, personal, económico, conductual y emocional.
    4. Aunque hay procesos y reacciones normales y esperados, es nuestra obligación individual asegurarnos que no se salgan de control. Si lo requieres, busca ayuda.

    ¿Qué emociones puedo experimentar?

    Haremos una breve descripción de algunas de las emociones y reacciones asociadas a la actual contingencia, para facilitar que al percibirlas o experimentarlas las reconozcas.

    Miedo

    Relativamente natural. Hace evidente que desconocemos mucho y controlamos poco. Ideas y perspectivas negativas y/o poco informadas lo pueden empeorar volviéndolo irracional o ilógico.

    Miedo como perder la salud, enfrentar las consecuencias de la enfermedad o la falta de recursos y la falta de insumos básicos, pueden provocar pensamientos negativos que generen reacciones funcionales y disfuncionales. Dentro de las primeras, es posible que aparezcan conductas creativas, actividades formativas o recreativas.

    En el caso de las reacciones disfuncionales que pueden incrementarse, encontramos por ejemplo consumir noticias compulsivamente, o evadirse de ellas, tener cuidados compulsivos o exagerados, y curiosamente lo opuesto, no darle la seriedad necesaria y descuidarse, etc.

    Incertidumbre

    También un tanto normal y “aceptable”, de hecho, al ser un suceso nuevo y en curso hay muchas cosas que no se saben a nivel científico, social y personal. Es normal querer saber más y lo ideal es estar bien informados sin tratar de “saber todo”, porque nadie lo sabe. Si la situación, por desconocida, se percibe como amenazante o catastrófica, en ese momento ya no es una reacción funcional

    Preocupación

    Creemos poder prever lo que vendrá o cómo terminará todo, si lo sabemos es relativamente tranquilizador, y es de esperarse que esta pandemia traiga consecuencias, sin embargo, asumir o dar por hecho lo peor puede hacernos sentir atrapados en la idea de un futuro hipotético que no necesariamente será tan catastrófico.

    Ansiedad

    Episodios que se presentan cuando la persona, en ocasiones a raíz de pensamientos e interpretaciones amenazantes y peligrosas respecto al entorno comienza a experimentar sensaciones y reacciones fisiológicas que parecieran incontrolables, por ejemplo, taquicardia, sofocos, sudoración, hiperventilación, temblores y sensación de ahogo. Se llega a presentar tal pérdida de control que hay quien piensa que la muerte es inminente.

    Es una reacción natural y normal cuando efectivamente existe un peligro, pero en este caso se activa de manera exagerada y excesiva, es generada por distintos pensamientos e interpretaciones, sin embargo, al experimentarla, estos pensamientos se desbordan y aumentan, incrementando también la ansiedad.

    Lo que hay que intentar es transmitir al cerebro información basada en la realidad y en los hechos presentes para generar una línea de pensamiento más acorde con la realidad.

    Angustia

    “Está prevaleciendo todo el espectro de ansiedad: miedo, pánico, irritabilidad. Todo el espectro ansioso estaría dentro del grupo de los problemas de ansiedad. Ese es el predominante”, Etchevers.

    Muchos podemos experimentar ansiedad en diferentes momentos, sin embargo, seremos capaces de reconocerla y en muchos casos de controlarla. Pero hay personas que no consiguen distinguir lo “irreal” en su temor, la angustia contribuye a formalizar ese miedo irracional, impidiéndonos diferenciar entre el miedo, el pánico, la amenaza y la alerta. Es un estresor psicológico.

    Verificar y corroborar es importante, la alerta y el miedo son comunes entre otras personas y están “justificados” por las alertas internacionales de la OMS y los gobiernos, pero muchas de las ideas que alimentan la angustia y la sensación de amenaza latente, serán diferentes a las de los demás e incluso contradictorios a las menciones oficiales.

    El miedo nos ayudará a protegernos, la ansiedad le alimentará, por supervivencia, pero es probable perder el control de ésta y comenzar un círculo vicioso de pensamientos negativos y reacciones físicas extralimitadas, la angustia en definitiva es disfuncional, nos bloqueará y aumentará la posibilidad de equivocarnos, o impedirá que reaccionemos de la mejor manera. Cambiará nuestros hábitos y nos llevará a la sensación de querer huir. E incluso hasta el espectro depresivo, donde puede alimentar la idea de resignación y de que no hay escapatoria.

    Depresión

    Si bien todo cambio genera duelos, las ideas negativas aquí se vuelcan hacia nosotros mismos, haciéndonos sentir incapaces, sin deseos de sobreponernos o impotentes ante una situación mayor a nosotros, el abrumarnos con noticias y pronósticos no ayuda, y la perspectiva de no tener las herramientas para salir adelante (cuando nadie las tiene al 100%) puede alimentar ideas de imposibilidad y de fracaso anticipado.

    Frustración

    La sensación de pérdida de libertad, de dificultad en llevar adelante proyectos y actividades personales, así como el cambio de estos, la cantidad de control disminuido en nuestra propia vida. Puede haber pensamientos del tipo, no puedo, quiero y no hay forma, es imposible, etc. Frente a esta situación novedosa estamos obligados a ser pacientes y debemos generar nuevos hábitos.

    Enojo

    Cuando experimentamos la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto o desproporcionado. La molestia se puede decantar hacia el gobierno, el sector salud o incluso hacia otras, sin embargo, en ocasiones puede recaer en nosotros mismos, y calificarnos como responsables o culpables, por no hacer bien las cosas. Aunado a un efecto acumulativo que puede hacerse evidente, es importante evitar situaciones violentas y acudir a apoyo si comenzamos a perder el control, o alguien confinado con nosotros lo esta perdiendo.

    Aburrimiento

    Reducida la capacidad de interacción y vinculo, las actividades ocio se ven limitadas. Pensamientos del tipo “¿ahora qué hago?”, “¿cuándo podré salir a divertirme? “nos sumergen en una nueva rutina, impuesta y saturante. Las alternativas virtuales y digitales para no perder contacto, así como no olvidad que es una situación transitoria nos ayudarán a no perder interés en actividades personales y nuevas.

    Impaciencia

    Ante una situación que se percibe como espontanea, impuesta y limitante. Pueden aparecer pensamientos escapatorios, quiero salir, regresar a la normalidad, no quería dejar de hacer esto o aquello. Es importante enfocarnos en la posibilidad de realizar otras actividades pendientes en el hogar, y utilizar el tiempo de manera creativa, recreativa y productiva.

    Tristeza

    A raíz de la ruptura de la cotidianeidad, el aislamiento y por tener contacto reiterado con noticias negativas, la empatía, la nostalgia y la hipersensibilidad emocional pueden aumentar la frecuencia o intensidad en que aparece esta emoción y los pensamientos que la acompañan, de desidia (no apatía) o de desánimo (no confundir con miedo o impotencia).




    También es una reacción normal en principio, a la cual es importante no dejar de prestarle atención para evitar que cause conflictos, hablar de ello para desahogarnos y buscar actividades que contrapongan esta emoción en lugar de alimentarla.

    Desorganización – Desorientación

    Aunque de momento olvidamos que nacimos sin una organización ni rutina, esta situación que nos lleva a cambiarla drásticamente nos hace creer que se perdió la capacidad de reordenarnos y enfocarnos nuevamente.

    Sensación de soledad

    La falta de vinculación puede provocar una sensación de soledad y agravarse especialmente en aquellas personas que viven solas. Esa sensación de aislamiento físico o emocional puede empeorar otras sensaciones como el miedo o la ansiedad y la tristeza. Lo ideal es no perder y actualizar las diferentes formas para vincularnos, además de alimentar y crear nuevos lazos de interacción, aunque no sean afectivos ni de convivencia.

    Labilidad (cambios de humor repentinos)

    Además de grandes saltos entre un estado anímico y otro, pueden ser sentimientos contradictorios, alivio por estar en casa, pero también emociones como miedo, frustración o enojo. Agrado por cierto grado de descanso, pero preocupación por las finanzas, etc. Puede suscitarse en pensamientos del tipo “ahora puedo hacer lo que nunca hago. Aunque quisiera saber cuándo terminará todo esto”.

    Guía para el manejo asertivo del confinamiento y aislamiento ante la contingencia por el COVID-19

    • Saber qué es lo que sientes

    Reconoce tus emociones, qué sientes, piensas y experimentas. Para poder identificarlas y hacerles frente eligiendo la respuesta más adecuada.

    Comienza identificando pensamientos que puedan generarte malestar, acepta tus emociones no es malo tenerlas, cuestiona lo que piensas y lo que sientes, qué lo puede originar y en qué se basan tus creencias. Informa a las demás personas de manera sensata y realista, tanto lo que te pasa a ti como lo que pasa en general. Si puedes a los niños y a las personas mayores ofréceles una explicación adaptada a su edad y primero regula tus emociones para que no se las “contagies”.

    Evita la sobre estimulación de cualquier emoción, en tus actividades y en la información que revisas. Alimenta emociones positivas como la empatía, siempre salva vidas en situaciones de emergencia.

    • Establecer nuevas rutinas

    Asumir que tus rutinas cambiaron y se mantendrán diferentes a lo habitual te ahorrara tiempo y desgaste emocional. NO es posible replicarlas de manera normal, pero puedes crear un nuevo plan de actividad, estructurando una rutina nueva que puedas seguir con cierta cotidianidad como lo hacías anteriormente. Seguir un horario, tener labores y ocupaciones específicas, ocupar gran parte de tu tiempo, plantearte objetivos y metas productivas, personales o laborales.

    Aunque no vayas a salir de su casa, arréglate y cámbiate la ropa de dormir para evitar la sensación de discontinuidad. Es importante que seas flexible al estructurar tus rutinas y mantengas un esfuerzo constante por cumplirlas, aunque sean temporales.

    • Haz deporte a diario

    Además de mantenerte en forma, contribuyes a que tu organismo libere sustancias que le hacen bien, como adrenalina y endorfinas. La manera de hacerlo es libre, y eso también es una ventaja, puedes bailar, hacer pequeños circuitos basados en algún deporte y seguir tu propio plan de entrenamiento. Las clases o ejercicios online, y tu creatividad son las mejores herramientas. Compleméntalo con una sana alimentación e hidratación.

    De 20 a 30 minutos diarios es suficiente y, de ser posible, practícalo por la tarde para cansar al cuerpo y poder dormir mejor.

    • Busca apoyo social

    Aunque al principio puede ser fácil aprovechar cierta individualidad, no descartar el apoyo social es de suma importancia, somos seres sociales y el confinamiento contrapone incluso reacciones instintivas como el sentido de pertenencia y el gregarismo.

    Mantente comunicado, socializa a distancia, observa a tus vecinos o a la gente que te sea posible, mantén las ventanas abiertas, tu teléfono cargado y en línea, si necesitas sentirte acompañado o desahogarte no dudes en recurrir a alguien y ofrece estar ahí para los demás también. Respecto al confinamiento acompañado, diseña actividades que se hagan en grupo o en equipo, ver películas, jugar videojuegos o juegos de mesa, arreglar algo, limpiar, organizar cuartos, alacenas, etc. Si tienes patio o terraza, aprovéchalo, unos minutos de aire fresco te vendrán muy bien.

    Viviendo en espacios reducidos y en familia no los sobre exijas con tareas. Tenga presente que respectar la cuarentena es ya un esfuerzo en sí mismo y como tal es valioso. Converse en familia sobre el sentido altruista de las conductas responsables para que tengan sentido los esfuerzos.

    Si se tienes hijos o menores cercanos, es importante hablar con ellos. Conversar sobre la información oficial sobre el coronavirus en un lenguaje adecuado a la edad y con honestidad.

    4-Realiza actividades de disfrute

    Muchos han seguido una rutina laboral semejante en horarios a la normal, sin embargo, si estado de ánimo no siempre les permite disfrutas ciertas horas libres que aún conservan o que en el mejor de los casos incluso han aumentado. SI ya cumpliste con tus deberes, laborales o académicos, es momento de darle tiempo a las actividades que te gusta.

    Puedes realizar una lista de cosas por hacer, o desarrollarlas libremente. Hobbies, gustos o proyectos postergados son válidos, aprender a pintar, bailar o tocar algún instrumento o mejorar en ello, aprender a cocinar o a elaborar un platillo difícil, arreglar algún área de casa o algún aparato o mueble, leer, ver películas, oír música, aprender algo nuevo a través de tutoriales o cursos online, hay muchos gratuitos y de calidad, etc. Entre más alternativas tengas menos te aburrirás, e incluso puedes calendarizarlas para aprovechar el tiempo.

    Todo es válido, la clave aquí es no sentir que “pierdes el tiempo”, no importa si nunca tocarás esa canción, si el libro ya lo habías leído o si solo duermes para descansar, es un tiempo dedicado ahora al placer y a la relajación y no a la productividad.

    5-Intenta estar tranquilo

    La palabra clave aquí es ASUMIR, la realidad, el presente, las circunstancias y sus implicaciones. Refunfuñar y rumiar la situación no solo no aporta, sino que resta, alimentando las emociones negativas que buscamos controlar.
    Acepta las indicaciones sanitarias, conserva la calma y cuídate lo mejor posible. Identifica que sí y que no está bajo tu control y céntrate en lo que AÚN puedes hacer en lugar de añorar lo que cambio o se pausó.

    6-Procura ser positivo

    Suena a frase motivadora simple. Sin embargo, la idea es que si tienes la posibilidad entre escoger entre una postura positiva (saldremos adelante, me cuido bien, es divertido tener tiempo, etc.) y una negativa, siempre elijas la positiva. Estar de cuarentena por coronavirus no es algo que hayas elegido, es algo impuesto. Las crisis exponen lo que somos de verdad, tú decides que demuestras, tú eliges que versión de ti le hará frente. Es una situación diferente, no necesariamente negativa.

    Incluso enfocarnos en ser agradecidos por lo que tenemos, descubrir las oportunidades (crear, aprender, descansar) y ventajas (tiempo, convivencia, ahorros) implícitas en esta nueva normalidad temporal, y apreciar y valorar donde estamos parados ante esta situación es necesario. Niños y adultos requieren mantener espacios de juego y divertimento que promuevan emociones positivas.

    7- Infórmate responsablemente

    No te sobreexpongas a noticias e información indiscriminadamente, escoge un momento para informarte, en México la conferencia sobre el Covid-19 tiene un horario fijo. Es importante además consultar fuentes confiables para reducir la fluencia de fake news, y contribuir compartiendo solo información fidedigna.

    8- Responsabilízate de tus emociones

    Es importante entender que, aunque la situación en gran medida provoca estos cambios de humor, nadie más que tú mismo debes encontrar y buscar regular las emociones, evitando confrontaciones o disputas con las personas con las que convives, reconociéndolas y trabajándolas a tiempo.

    No te permitas ninguna conducta dañina para ti y/o para los demás, ni antes, ni ahora, ni nunca.

    9- Encuentra ayuda psicológica

    Pese a que te esfuerces puede resultar difícil sobrellevar esta situación, en ocasiones un efecto acumulativo con situaciones precedentes puede imposibilitarnos lidiar de manera asertiva con las emociones, sensaciones y pensamientos que impactan psicológicamente nuestra vida.

    Si nerviosismo, tristeza, ansiedad o que la situación afecta alguna esfera de tu vida, no dudes en buscar ayuda, muchos profesionales de la salud están dando servicio a distancia, vía telefónica u online. Además de los números de atención gratuita que se ponen a tu disposición a través de diferentes servicios. Siempre con la finalidad de encontrar modos constructivos de manejar la adversidad.

    10- Ten paciencia contigo mismo

    Ser considerado con uno mismo, con sus estados emocionales, teniendo presente que los cambios de rutina tan abruptos, la incertidumbre y la amenaza de la pandemia afecta nuestro estado emocional por más saludables que seamos. Considerar que esto mismo le ocurre a los demás, por lo tanto, intentar ejercitar la tolerancia con nosotros mismos y con los demás.

    CONCLUSIONES

    La guía tiene libres y diferentes aplicaciones, pero no poder no es malo, y pedir apoyo cuando es necesario forma parte de las respuestas acertadas que podemos plantear ante esta contingencia.

    Las emociones pueden provocar distintas respuestas, el miedo, la ansiedad y la tristeza pueden incluso canalizarse para bien, mantenernos alerta o desarrollar comportamientos altruistas.

    Las conductas de aceptación parten de una positiva regulación de las emociones y sensaciones antes planteadas, para poder respetar las indicaciones y entender la información que nos dan.

    Manejar tus emociones, no es fácil, en circunstancias normales no lo es y en esta contingencia te será posiblemente más difícil. Es por ello que merece el esfuerzo, es por ello que requieres prestarte atención y considerar que, de igual manera que los médicos, enfermeras y enfermeros, intendencia, personal de los hospitales en general, policías y empleados del sistema de transporte y demás actividades esenciales, realizan su parte y merecen un reconocimiento, tu, desde tu trinchera también haces tú parte.




    Este evento puede sacar lo mejor de nosotros como sociedad, el tiempo dirá si ha dejado una marca imborrable positiva o negativa, pero gran parte de cómo nos definirá esta situación depende HOY de cada uno de nosotros.

    Hazlo por ti, y hazlo por todos, cuídate tú, y cuídanos a todos.




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    MICROMACHISMOS

    Como parte de un sistema que ha mantenido elementos patriarcales y machistas incluso en los elementos primarios de la sociedad, las familias, las parejas y las relaciones de amistad. Es común encontrarse en estos nichos diferentes expresiones de violencia machista.

    Sin embargo, dichas expresiones al encontrarse en sintonía con la misma base de la relación, roles y dinámicas preestablecidas, son sutiles y en ocasiones pequeños. El nombre se refiere a esta sutileza con la que se presentan y no al impacto o magnitud que implican. Suelen ser de hecho de alta relevancia ya que muchas veces son impartidos como parte de la educación de las personas, hombres y mujeres.

    Los micromachismos no matan, de una, pero como parte estructural de una ideología social machista, patriarcal y de desigualdad, eventualmente son fundamentales en la base de la violencia machista, de abusos, agresiones, acoso y violaciones que SI matan.

    Ejemplos.

    El hombre que ayuda en la casa es una suerte.

    En realidad, es una responsabilidad compartida, la división de las tareas puede ser pactada por cada pareja, pero suele no ser equitativa, cuando un hombre participa en dichas labores, dicha acción no tiene nada especial ni de reconocerse, simplemente es una persona adulta actuando con responsabilidad respecto a sus obligaciones.

    El hombre paga la cuenta.

    Además de ser una situación que suele poner en situaciones tensas e incomodas a los hombres cuando los gastos son excesivos, le da a la mujer una posición pasiva, donde sólo ha de acceder a satisfacciones a través del pago que el hombre realiza. Además de que enmarca una relación de poder, en la que ella puede exigir gastos, o el permitirlos o negarlos.

    El padre del año

    Parecido a la premisa de la ayuda en las labores del hogar, de nuevo nos topamos con una realidad importante pero no loable, o que no debería ser reconocida en mayor medida que la dela mujer. El hombre que cambia pañales es un gran padre, la mujer, solo hace lo natural, su obligación e incluso si llega a fallar, a ella se le critica en demasía.

    No existe la amistad entre hombres y mujeres

    No todas las relaciones entre hombres y mujeres son sexuales o románticas, si bien puedes ser afectivas, pueden ser referidas a vínculos laborales o de amistad. Esto limita el espectro afectivo que una persona puede desarrollar. El peso por “mantener” la amistad, sin que llegue a más suele recaer en la mujer a causa de otro micromachismo que identificaremos adelante: el hombre llega hasta donde la mujer quiere.

    La maternidad como fin máximo de la mujer

    Ni todas las mujeres realizadas son madres, ni todas las madres se han realizado por el simple hecho de parir. La vida de una persona comprende varios elementos, como para delimitarlo a la procreación. El desarrollo y realización puede ser social, laboral, profesional, espiritual, sexual, parental, emocional, romántico, personal, etc. Incluso es curioso que ante los ojos de los demás, el que un hombre sea padre o no, no necesariamente define su nivel de realización o de utilidad, para ellos el éxito laboral o el prestigio social suele ser más importante.

    Darse a desear

    De nuevo le deja la responsabilidad del vínculo afectivo y sexual a la mujer, sin repartir proporcionalmente la responsabilidad con el hombre. Además, delimita una línea muy tenue, y con una moralidad muy genérica respecto a lo que es darse a desear, conservar la honra, hacerse respetar, etc., lo que bloquea la capacidad de la mujer de decidir sobre su propia vida romántica y sexual sin sentirse juzgada.

    Correr (hacer cualquier cosa) como niña.

    Incluye una idea de déficit o incapacidad al asumir que una niña no puede hacer las cosas “tan bien” como un niño. Esta frase incluso suele ser usada en tono de agresión o burla para los niños, generando la idea de que la mujer hace las cosas con cierta deficiencia. Grandes ejemplos de deportistas y exitosas mujeres, nos demuestran que en ciertas actividades y en ciertos casos, como Serena Williams, Nadia Comanecsi, Megan Rapinoe o las ganadoras del premio nobel Marie Curie y Malala Yousafzai, hacer las cosas “como niña” debería ser aspiracionista, y generará un deseo de replicar y reproducir sus logros.

    El valor físico y de apariencia para las mujeres.

    Frases, que incluso están estampadas en playeras de niños varones haciendo alusión a su inteligencia, fortaleza o alguna capacidad, mientras las frases que encontramos en ropa de niña hacen referencia a su apariencia, linda, bonita, tierna. NI se diga asociar colores al género. Delimitan la capacidad de elección basada en gustos y marcan parámetros y preceptos sociales que con el tiempo afectan a ambos sexos.

    Exigencias específicas de su comportamiento.

    No ser abierta sexualmente por que es zorra, pero no ser demasiado recatado porque es frígida o acomplejada. No vestirse atrevidamente (incluso el argumento se extendió al hecho de evitar ser violadas o acosadas) para “darse su lugar”, pero no vestirse de muy cubiertas porque son poco vanidosas o “fodongas”. Pero no ser tan vanidosa porque es presunción, ni insegura porque no están traumadas. Al final es la sociedad, el hombre muchas veces, dictaminando como se debe de ser mujer, con estándares ridículos, incongruentes y en ocasiones, medievales.

    El hombre llega hasta donde la mujer quiere.

    Pese a que se limita su apertura sexual, afectando constantemente la libertad para ejercer este aspecto de su vida, se le dice constantemente que puede y que no puede hacer. Al final si algo “se sale de control” o pasa “algo que no querían” se les responsabiliza (casi exclusivamente) a ellas. Por permitirlo, por no decir que no y ya in extremis por provocar, todo con tal de no asumir la parte de responsabilidad que le toca al hombre, agresor, abusador o violador en muchas ocasiones.

    Somos conscientes de que hay muchos ejemplos más. Por citarlos brevemente, las diferencias en la “protección”, cuidado y confianza entre hermanos varones y hermanas. La diferencia de criterio y juicios en los mismos comportamientos, ascender en el trabajo, terminar una relación, casarse joven, ganar más o menos dinero, no saber cocinar, etc. El menosprecio a la opinión de las mujeres en contextos culturalmente asociados a lo masculino, mecánica automotriz, deportes, política, etc. Y la imposibilidad de mujeres y hombres por mostrar interés genuino en actividades “propias” del sexo opuesto, la cocina y la moda para ellos, de nuevo los deportes o las finanzas y la ingeniería para ellas.

    En un aspecto más teórico, pero de igual manera informativo para dimensionar el problema, tenemos una clasificación general de los cuatro diferentes tipos de micromachismos que podemos enfrentar.




    Bonino clasifica los micromachismo en cuatro tipos:

    Utilitarios. Afectan principalmente al ámbito doméstico y a los cuidados hacia otras personas abusando de las supuestas capacidades femeninas de servicio y la naturalización de su trabajo como cuidadora. En la casa, un ejemplo claro de un hombre supuestamente colaborador se vería en la frase: “Cariño, te he puesto la lavadora”. A lo que una mujer que los detecte debería preguntar: “¿Dónde?”, dado que ambos ensucian ropa.

    Encubiertos. Son muy sutiles y buscan la imposición de las “verdades” masculinas para hacer desaparecer la voluntad de la mujer, que termina coartando sus deseos y haciendo lo que él quiere. Hay micromachismos en los silencios, en los paternalismos, en el “ninguneo” y en el mal humor manipulativo. ¿Quién no ha escuchado en casa: “Calla, que papá está enfadado, viene muy cansado del trabajo y necesita las cosas así”.

    De crisis. Surgen cuando ellas empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja. Se pueden reconocer en la frase: “Tú sabrás qué hacer (con las tareas domésticas), si trabajas”.

    Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y restringir su capacidad de decisión. Suelen afectar al espacio y tiempo de ellos y ellas; y pierden siempre las segundas. Se ven en quién ocupa el mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en cómo un hombre abre las piernas y reduce el espacio de una mujer en un vagón de metro… En cuanto al tiempo, el varón, lo dicen todos los estudios, cuenta con más ocio para sus cosas, ya sea irse a montar en bici o irse con sus amigos a ver el fútbol…

    La intención de este artículo, y el aporte que se busca hacer sigue dos líneas.




    En primer lugar, visibilizarlos, recordemos que por sutiles en ocasiones pasan desapercibidos, y todos, aunque más las mujeres, les hemos sufrido cuando nos imponen y delimitan ciertos comportamientos.

    En segundo lugar, fomentar en base a este nuevo conocimiento un proceso de deconstrucción. Romper y reestablecer el paradigma, preguntarnos que estamos haciendo o reproduciendo y encontrar nuevas maneras de definir lo que es ser hombre y lo que es ser mujer.




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    EDUCACIÓN SIN PREMIOS NI CASTIGOS

     

    Cuando pensamos que en gran medida el desarrollo de una persona, su funcionamiento, sus capacidades y habilidades, incluso sus intereses y sus decisiones, la manera en la que comprende el mundo y como se adapta, dependen de la forma en la que ha sido educada, nos enfrentamos a una gran realidad, el tipo y calidad de educación tiene un impacto importante en la calidad de vida y el bienestar de todos.

    Somos educados en un contexto sociocultural especifico, y lo que se nos enseña parte de los principios comunes que, en teoría, habrán de desarrollar nuestros potenciales y nos permitirán aprender a desempeñarnos plenamente.
    Salvo circunstancias claramente patológicas, pareciera ser éste el fin último de toda educación, el problema en ocasiones es el cómo conseguir eso.




    La madre y el padre, que se enfrentan ante la tarea de la educación muchas veces rigen esta actividad por cánones y clichés cuya efectividad no se basa en la experiencia o la evidencia, sino en la costumbre, la evidencia de hecho sugiere que, si bien son válidos y útiles, distan mucho de ser los más funcionales o infalibles.
    Dos premisas que aborda la ponencia del video aquí adjuntado, manejan la idea de que la enseñanza y la educación dependen prácticamente de la autoridad como herramienta que ejecuta, encauza y consigue un correcto aprendizaje, y que al mismo tiempo quien lleva a cabo dicha enseñanza (quien ostenta la autoridad) tiene algún tipo de poder basado en su omnisciencia y uso de la razón superior.

    Así, tenemos hijos que obedecen más que aprender, y que nos dan la razón por influencia y no por criterio. Frases arquetípicas como “porque lo digo yo”, “hazlo por tu propio bien”, “yo sé lo que te conviene”, “vas a ver cuando llegue tu papá”, “te castigo para que aprendas”. Solamente merman la línea de educación y enseñanza manteniendo preceptos que propician, entre otras cosas, malentendidos, frustraciones e incluso resentimientos entre padres e hijos.

    La vida está estructurada en base a un sistema más o menos entendido de causa y efecto, distintas ciencias y disciplinas están justamente ahora intentando descifrar ese entramado. Sin embargo, es posible educar, como se plantea en el video, sin necesidad de recurrir a premios y castigos, y sobretodo sin un uso irracional e indiscriminado de la autoridad como herramienta.

    Si queremos que nuestros hijos sean capaces de producir comportamientos adaptados y funcionales, ordenarles que hacer los llevara a ser una simple imitación de lo que se les ha dicho que son comportamientos adaptados y funcionales, con el riesgo que eso implica. ¿Alguien puede saber a ciencia cierta y en cada circunstancia cuales son dichos comportamientos?

    Tenemos alguna idea, por la experiencia, como adultos y porque en efecto queremos lo mejor para ellos, sin embargo, no poseemos la verdad absoluta, es nuestra experiencia y nuestra perspectiva, no la de nuestros hijos. Y es ahí donde podemos apoyarles más, evitando que sólo reproduzcan lo que oyen y ven, de nosotros y de cualquiera, invitándolos a que produzcan esas adaptaciones y adecuaciones de acuerdo a las demandas del entorno, a su propia forma de entender la vida, a sus propias capacidades y a su propia personalidad.




    Poner un estándar de comportamiento, decirles qué, cuándo y cómo hacer las cosas siempre será válido, pero las consecuencias buenas (premios) o malas (castigos) por hacerlo o no, provocaran en el niño una obediencia ciega, sin juicio, sin razón para ellos y difícil de mantener y ser producida en diferentes circunstancias de manera independiente, porque partirá del miedo y caerá en la evitación, en lugar de originarse a través de una motivación que genere asertividad y proactividad en ellos. ¿Siempre podremos estar ahí, a su lado, para decirles que hacer?
    ¿La educación implica castigarlos, amenazarlos y decirles que hacer?




    Por el contrario, fomentar en ellos un sentido de causa y efecto lógico, en el que ellos comprendan y acepten la secuencia lógica que llevaran sus actos, sin que sientan que se les impone una verdad, fomentará en ellos la opción de elegir entre las distintas conclusiones que pueden tener sus actos. Generándoles un criterio que podrán implementar en situaciones similares, y en diferentes momentos. Se les crea así un aprendizaje, basado en un sistema de recompensas claro, pero personalizado, no social.
    Dejamos poner ladrillos para crear cimientos.

    Una postura firme, basada en el poder, en ocasiones opresora y basada en la idea de que como mayores, y como sus padres, lo sabemos todo, nos dará hijos modelo, literalmente reproducidos del molde original (inculcado también en nosotros en algún momento) y terminaríamos produciendo personas en serie, sin comprensión, pero aptos para obedecer, sin criterio, pero respondiendo siempre a amenazas y temores o a ambiciones y promesas. Hijos del sistema, no de sus padres.

    Cuando se le promete un regalo o un premio por hacer lo correcto, el interés se enfocará en el beneficio que se recibe al hacerlo (sin dejar de ser visto como algo desagradable o indeseado). Cito el video, se percibe como un mal necesario. Cuando se les amenaza con un castigo, peor aún, la conducta será evitativa y el interés se enfocará en mantenerse lejos de esa sanción aversiva e incluso a salvo.
    Nuestros hijos se adiestrarán, sin aprender.

    En ambos casos las ganancias y beneficios inherentes a la acción, o los perjuicios y riesgos asociados a ella, pasan de largo a la “mirada” del pequeño, niño, niña o adolescente, porque si no importaron para el padre o madre, tampoco son relevantes para ellos. Basta con evitar las amenazas y conseguir las promesas. Cuando tenga que hacer lo mismo, o incluso algo mejor, será incapaz de hacerlo por el valor innato de la acción (buena o mala, correcta o incorrecta, funcional o no). Requerirá siempre de consecuencias implícitas.

    Quizá trabajará, pero por dinero y no por vocación. Posiblemente será un buen ciudadano por miedo a la cárcel y no por rectitud moral. Y puede mostrar comportamientos que cumplan las expectativas sólo por miedo a la crítica o el desprecio de los demás, sin que de verdad quiera actuar así. Perderá libertad, con el riesgo de que llegue “alguien” más, con cierta autoridad, a adiestrarlo.

    Enséñales para que aprendan.
    Todo proceso de comprensión parte de la capacidad dela persona para entender las premisas y sus conclusiones. La regla número uno sería literalmente no subestimar a nuestros hijos solo por ser pequeños, pero tampoco esperar que comprendan ideas complejas, se les puede hablar en sus idiomas sin menospreciar su intelecto.

    El sistema de motivación y sus respectivas líneas de acción, parten de la idea de la conveniencia. Siendo pequeños ya comprenden esta base, lo que les gusta o les disgusta, lo que quieren conseguir o lo que esperan que pase. Así, presentando ciertas conductas adaptativas, estudiar, ir a la escuela, limpiar su cuarto, tener respeto, dormir temprano, tener higiene, etc, obtendrán en pocos pasos resultados a su conveniencia basados en lo que disfrutan, conocer lugares, aprender cosas, encontrar fácilmente sus pertenencias, que se les trate bien, estar descansados o tener menos sueño, incluso ocupar mejor su tiempo, sentirse a gusto, seguros, saludables, etc.




    Como padres solo tenemos que asociarles la conveniencia, o secuencia lógica de su acción al comportamiento que deseamos enseñarles.
    Es fácil, no, claro que no, requiere tiempo, paciencia y conocimiento de nuestros hijos. Requiere que nosotros lo entendamos, e incluso lo corrijamos si es necesario en nosotros mismos, se necesita creatividad y algo de astucia, pero sobretodo, es importante mostrar interés, que nos importa y estar conscientes de que vale la pena.

    Esa pequeña persona que estamos ayudando a forjar, que orientamos y apoyamos para que desarrolle todo su potencial, sea feliz y alcance todo su potencial, conseguirá mantenerse motivada, centrada y asertiva.
    No ira a la escuela para evitar que le quitemos la consola o el celular, o para que le llevemos al cine o al parque, ira porque quiere aprender, superarse, conocer el mundo.

    No tendrá higiene porque tiene que bañarse si quiere jugar, lo hará para sentirse saludable y tener tiempo de ocio o descanso.
    Una persona motivada no obedece, ni requiere amenazas o promesas. Una persona con criterio propio, bien motivada, comprende la conveniencia y el resultado de sus acciones, e incluso puede elegir que, cuando y como actuar.

    Claro está que en ocasiones esas elecciones serán, por decir lo menos, equivocadas, incluso irresponsables o arriesgadas. Como padres también nos corresponde actuar ahí, pero frente a ese conflicto, no habrá tiempo, oportunidad o entendimiento que alcance para enseñar, educar y generar un aprendizaje. Nos tendremos en contadas, muy contadas ocasiones que imponer, haremos uso de la autoridad jerárquica que nos confiere el rol parental e incluso teniendo que ser tajantes ordenaremos que hacer.

    Pero esto no contradice la premisa, con autoridad no se educa. La autoridad en estos ejemplos, sirve de limite y de cuidado. Sirve de reflejo obvio y por experiencia como un freno a una actitud que implicaría demasiado riesgo como para dejar que se experimente con ella, o que se aprenda empíricamente.

    Pero incluso ahí, habiendo puesto un cerco a la voluntad de nuestros hijos, después, ya a salvo, se merecen y nos merecemos una charla que adecue lo que tuvo que ser imprevisto y puntual. Que al final consiga que entiendan las implicaciones y las conveniencias, que al final, les eduque.








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    Personalidad TIPO A

    ¿Tienes una personalidad ‘Tipo A’? Entonces eres una persona imparable

    O eso podría parecer, sin embargo, el tipo A de personalidad se encuentra clasificada como áltamente problemática. Con rasgos de personalidad que son funcionales en ciertas areas, pero disfuncionales en las areas más personales e importantes de la vida.

    Éste texto es un estracto de la web ENTREPRENEUR.

    La intención aquí es, tomárlo como referencia para delimitar dichos rasgos en éste tipo de personalidad en particular.

    Las personalidades se dividen en dos grupos y uno de ellos se destaca por su voluntad, energía y concentración sobrehumanas.

    Texto original de Jonathan Long VIP Contributor en cursivas

    Las personalidades pueden ser clasificadas en dos tipos (A y B). Las personas del primer grupo son individuos extremadamente motivados con grandes metas en la vida y un fuego interno que los impulsa a conseguir todo lo que se propongan. Las personas Tipo B son más relajadas y tienden a operar mejor con niveles menores de estrés. 

    Aquí encontramos el primer punto importante, si bien las personas con personalidad tipo A efectivamente se encuentran bien motivadas y enfocadas a sus objetivos (comunmente grandes metas de aspiraciones sociales o económicas), el estrés funciona en ellos como precursor o catalizador, el mencionado fuego interno no es más que elementos autopunitivos y de gran autoexigencia.

    1. Para los Tipo A, la carrera es una prioridad

    Enfocarte fuertemente en tu carrera no necesariamente es lo mejor porque puede afectar tu vida personal (salir de manera romántica es una pesadilla). Sin embargo, las personas Tipo A están dispuestas a sacrificar este aspecto de sus vidas para impulsar sus negocios y sus intereses.   

    En efecto, son personalidades que dificilmente encotrarán espacio para «algo más» que no sea el deber. El problema es que como el mismo artículo lo menciona, la vida personal (entre otras areas, como la salud o el ocio) se convierten en obstáculos que de agregarse, generan angustia, por estar incumpliendo las obligaciones.


    En todo caso en la mayoría de ocasiones, el conflicto es la imposibilidad de equilibrar entre las distintas areas de la vida, dando como resultado personas exitosas en los negocios o lo académico por ejemplo, pero fracasadas en sus relaciones interpersonales o sin tiempo «para ellas».

    2. Para los Tipo A es difícil “despegar” el cerebro del trabajo

    Nadie puede negar que tomar un descanso del trabajo es saludable, pero la mayoría de las personas Tipo A tienen dificultad para desconectar su cerebro por completo de sus obligaciones y proyectos. La verdad es que se relajan más estando en el trabajo. 

    Lo anterior es un gran conflicto, la capacidad para regular las lineas y esquemas cognitivas (los pensamientos) y asociarlos y desasociarlos a voluntad es vital para la estabilidad personal. De igual forma las emociones se convierten en un gran coctel cuando una actividad converge tan intrusivamente en las demás areas de nuestra vida.

    El que cumplir con «el trabajo» sea relajante, sólo es consecuencia de que «no hacer lo debido» se identifica como un estresor. Lo cual tiene matices y no siempre es así. Un finde semana en la playa por ejemplo es una gran excepción, y debería, por definición ser más relajante que «estar trabajando o en el trabajo».

    3. Para los Tipo A, no hay nada mejor que una buena lista de pendientes

    Tener listas de pendientes te permite poner en orden las tareas que debes realizar, tener orden mental y ser más productivo. De hecho, es una gran herramienta para ahorrar tiempo. Las personas Tipo A crean estos listados para todo. Es más, mientras escribo esto puedo ver mi propia lista de pendientes frente al escritorio. Las hacemos para atender los pendientes personales y las tareas del trabajo. Le copié este hábito a mi padre, quien hacia listas para TODO

    TODO en exceso es malo, y si bien algunas estrategias conductistas buscan jerarquziar y organizar los «pendientes», tenerlos constantemente presentes es obsesivo, abrumador y quisquilloso. Organizativamente esta bien, sin embargo a nivel psicológico, los pendientes aumentan la exigencia, y la expectativa de realizarlos (a cabalidad) se convierte en una fallo racional de interpretación sobre la realidad.

    En concreto, dado que la vida, sus variables e imprevistos, no funcionan bajo el esquema personal de «tu lista», la realidad no se adaptará a ella, haciendo cuando menos inútil gran parte de tu lista, y en la mayoría de los casos convirtiendola en un caldo de cultivo para futuras (y constantes) frustraciones.

    4. Para los Tipo A, no hay retardo que valga

    Las personas de este grupo entienden que el tiempo es el activo más valioso con el que cuentan los emprendedores. Siempre llegan a tiempo y esperan que los demás hagan lo mismo. Un profesor de la universidad una vez me dijo algo que nunca olvidaré: “Si llegas antes, llegas a tiempo. Si llegas tarde, mejor ni te molestes en llegar porque ya estás demostrando que eres un idiota irrespetuoso”. 

    Básicamente se convierten a si mismas en una máquina, controladora, intolerante con las «no máquinas» que funcionan a otro ritmo. De nuevo, asimilar las varibles de la vida es una tarea dificil para éste tipo de personalidades, convierte a su realidad en un menú en el que creen que pueden elegir lo que quieren y como lo quieren y si no, se molestan, al principio con los demás y al final, siempre, consigo mismos.

    5. Para los Tipo A es imposible perder el tiempo 

    El concepto de “procrastinación” no cabe en la mente de los Tipo A. No entienden por qué podrían postergar algo que pueden cumplir ya. Dejar que las cosas se acumulen solo genera problemas a largo plazo, si algo puede ser atendido ya, tenla seguridad que los Tipo A ya lo están revisando. 

    Cualidad muy apreciada en el mundo laboral, pero poco funcional en la vida adulta, la capacidad de postergación ha de ser aprendida por dos razones principales, estructura y respeto.

    De éste modo, la personalidad tipo A, genera rasgos de imposición, ya que buscan que los demás trabajen a su tiempo. Y caracteristicas estructurales rígidas, donde la jerarquía la define la obligación y no la libertad, donde la diversión y el ocio no caben, y si es que existe un espacio para ello, es llenado por más responsabilidad para «aprovechar el tiempo».

    6. Para los Tipo A nada es imposible

    Si hay algo que físicamente se pueda cumplir, los Tipo A estarán confiados al 100% de que se logre. Tienen completa fe en su habilidad de lograr todo lo que se propongan. 

    Encontramos de todos, quizá el primer punto que ésta bien, y que puede considerarse una cualidad en este tipo de personalidad, sin embargo, como se menciono la variante de la frustración convierte esta determinación y autoconfianza en una escalera constante de retos y competencias. En las que la fe, se convierte en ilusión, y ésta en obsesión.

    La personalidad tipo A tiene como rasgo caracteristico la intolerancia a la frustración. Agente estresor por excelencia y que ademas provoca o bien sumas cuantiosas de autocastigos y pruebas para si mismos o acumulación de tensión que culmina con la renuncia y desesperanza.

    7. Para los Tipo A, la perfección lo es todo

    Nada irrita más a los individuos de este grupo que los errores. No es que pretendan ser perfeccionistas, pero tienden a serlo en la práctica porque algo menos que su absoluto mejor esfuerzo es inaceptable. Su persistencia les permite conseguir metas que muchos otros ya dieron por perdidas. 

    La personalidad tipo A, se caracteriza por la intolerancia y la crítica hacia lo que no es suficientemente bueno, si bien la perseverancia y persistencia son cualidades resaltables, alimentarlas por los motivos inadecuados es erroneo. Justo aquello que no toleran lo cometen.

    Pueden concluir midiendo a otros por sus fallos y errores, y despreciandose a si mismos por sus propias equivocaciones. Exigiendose demasiado y siendo obsesivos con un desempeño que al rayar lo perfecto recae en lo imposible.

    Perseguir y conseguir metas que otros consideran perdidas, es en un plano medio (poco caracteristico en la personalidad A), una virtud de tenacidad. En la linea rígida y controladora, es una caracteristica de necedad y cerrazón.




    8. Para los Tipo A, la planeación lo es todo

    Para lograr una meta debes tener un plan definido de principio a fin. Mientras otras personas tratarán de hacer las cosas como vayan saliendo, los Tipo A tienen una estrategia sólida que siguen religiosamente. 

    Segundo punto positivo, hacer las cosas en orden está bien. Sin embargo un punto medio entre la improvisación ante los imprevistos y el control de las variables siempre es lo más recomendable y realista para plantear.

    Dos puntos complicados en la mayoría de personas con este tipo de personalidad, se definen en la última frase. Una estrategia sólida será demasiado meticulosa, demasiado individual y poco centrada en la realidad. Tanto que al final se convierte en cuestión de fe, de devoción y sacrificio el sistema de esfuerzos y desempeño que se plantea como plan o proyecto, que ha de «seguirse religiosamente» si no se quiere fallar o fracasar.

    9. Para los Tipo A, no hay problema que no se pueda solucionar

    Una de las razones por las que los Tipo A son tan buenos para resolver problemas es que confían en su habilidad para hacerlo, tanto así que son capaces de generar al menos un esqueleto de plan para cualquier cuestión en el mundo. Esta confianza les permite generar soluciones racionales mientras otros se frustran y abandonan. 

    La personalidad tipo A, no se conformaría con un esqueleto del plan resolutivo. Ya que eso demostraría capacidades pero a la vez limitaciones. En realidad la personalidad tipo A posee ese rasgo de personalidad que provoca la frustración y el abandono. Se le conoce como competencia. Y es un afán constante de mostrarse a si mismos (y en ocasiones a los demás) como personas capaces y competentes ante las dificultades, misma competencia que al verse límitada, frustra y genera culpa internamente.

    10. Para los Tipo A, la pasión es fundamental 

    Cuando algo te apasiona, te es más fácil dedicar toda tu energía, alegría y tiempo. Las personas Tipo A no hacen las cosas “al ahí se va”. Su pasión les permite trabajar sin sentir que su esfuerzo es trabajo. 

    Lo cual en concreto, pone en riesgo su salud. La mayoría de personas que padecen lo que se conoce como «burnout» sobre todo en el ambito laboral, coinciden en presentar el tipo de personalidad tipo A, o la mayoría de sus rasgos comunes.

    Ser apasionado de algo y que el esfuerzo sea bien visto es adecuado y valorado laboralmente, sin embargo, se deben tener tiempos de descanso, por que si bien para la mente el esfuerzo puede ser incluso apasionante y motivante, para el cuerpo dicho desgaste puede ser incluso peligroso.

    Existe una correlación comprobada entre los infartos (no asociados a una enfermedad cardiovascular) y la personalidad tipo A.

    11. Para los Tipo A, la eficiencia es una forma de vida

    Debido a las razones anteriormente listadas – siempre puntuales, perfeccionistas natos, valoradores del tiempo, planeadores – los Tipo A son extremadamente productivos. Siempre logran mayores objetivos en el menor periodo de tiempo. 

    Nuevamente un elemento apreciado a nivel laboral y corporativo, incluso efectivamente un elemento comunmente encontrado en los llamados emprendedores. Pero que justamente por ser retroalimentado constantemente, se convierte en la «unica» forma de vida, y poco a poco deja de ser una elección para convertirse en una obligación más. Con su respectiva carga de exigencia y autocastigo. Con un sistema de recompensas mal establecido y que afecta constantemente otras areas de la vida de la persona (fuera de lo laboral y/o académico).

    12. Para los Tipo A, la concentración es su arma




    Cuando se trata de lograr cosas, las personas Tipo A se enfocan al 100%, sin importar otras cosas que estén pasando en su vida. La capacidad de bloquear distracciones y tener una concentración de rayo láser les permite no bajar el ritmo y conseguir lo inconseguible. 

    Se le conoce como un fenomeno de abstracción selectiva. Y es mencionado como un error cognitivo. La atención específica en un tema genera falta de criterio y objetividad, además de presentarse cómo un rasgo más de la obsesión.

    La concentración es adecuada cuando se tiene un equilibrio positivo entre los estimulos cognitivos y emocionales de nuestro entorno y de nuestro interior, de la actividad presente y las demás actividades (que efectivamente pasan a segundo termino momentaneamente) y que nos permiten sobre todo mantener una motivación repartida y no demasiado especifica.

    La personalidad tipo A, genera personas insatisfechas, principalmente por tres motivos.

    Nunca es suficiente, ni el esfuerzo propio ni el de los demás alcanza el grado de perfeccionismo que se busca y que les obsesiona. Terminan siendo victimas de su propia fantasía de lo ideal.

    Son más sus frustraciones que sus satisfacciones. Los errores y los imprevistos son parte común de la vida. Si bien son aptos para conseguir bastantes logros, el tratar de meter TODO en su esquema rígido de expectativas y exigencias termina dejando gran parte de ellas sin cumplir y frustradas.




    El precio es elevado. Al final conseguir exito social o económico, termina por valer poco cuando las relaciones personales, la estabilidad emocional, la salud física y en general la felicidad fueron el costo que se tuvo que pagar para «llegar a estar ahí».




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    Neurosis

    Neurosis.

    La neurosis es una enfermedad funcional del sistema nervioso, a nivel psicológico se caracteriza por la inestabilidad emocional. Es un trastorno mental sin una base orgánica demostrable, en este tipo de trastornos el paciente puede tener un considerable poder de auto observación y una sensación adecuada de la realidad. Permitiéndole identificar la presencia del padecimiento y comúnmente identificando las areas específicas que se ven afectadas (personal, laboral, académica, etc.)

    La conducta puede ser afectada seriamente; aunque es común que se mantenga dentro de límites sociales aceptables pues la personalidad no está desorganizada, se presentan complicaciones adaptativas y de desenvolvimiento normal.

    Historia

    El término neurosis fue propuesto por el médico escocés William Cullen, en 1769, para hacer referencia a los trastornos sensoriales y motores causados por enfermedades del sistema nervioso.

    En Psicología Clínica, el término se usa para referirse a trastornos mentales que distorsionan el pensamiento racional y el funcionamiento a nivel social, familiar y laboral adecuado de las personas. La neurosis supone el 70% de las enfermedades mentales y entre un 20-25% de los problemas que atienden los médicos en la Atención Primaria.

    Según la Organización Mundial de la Salud, la neurosis es un trastorno psíquico sin una alteración orgánica demostrable, en la cual el juicio de la realidad se halla conservado y hay lucidez.

    Di Mascio, (1970) dijo:
    «Las neurosis son episodios de desequilibrio psicológico que se presentan en personas que han alcanzado una función mental relativamente adecuada».

    Así podemos observar que a lo largo del tiempo se han identificado variables entre el funcionamiento adecuado y la inestabilidad emocional y psicológica, que pese a encontrar la capacidad de razonamiento y la capacidad de mantener contacto con la realidad conservadas, impiden a la persona su completo desarrollo y plenitud.

    El origen del término neurosis se encuentra a finales del siglo XVIII aunque su máximo uso se circunscribe al XIX, en pleno nacimiento de la especialidad psiquiátrica, siendo empleado originalmente para describir cualquier trastorno del sistema nervioso.


    El médico escocés William Cullen publica en 1769 su obra Synopsis nosologiae methodicae, refiriéndose con el término neurosis a un trastorno general del sistema nervioso, sin fiebre ni otras lesiones orgánicas demostrables y capaz de alterar las capacidades sensitivas y motoras del individuo, mezclándose en este concepto patologías tan dispares como mareos y desmayos, el tétanos, la rabia, las crisis histéricas, la melancolía (posteriormente denominada depresión) o la manía.

    Sigmund Freud desarrolló diversos trabajos en relación con la histeria y los trastornos obsesivos, publicados a finales del siglo XIX, sentando así las bases psicogénicas de lo que él denominó psiconeurosis. A partir de sus trabajos se elaboró una clasificación, ya en desuso, que distinguía varios tipos de neurosis: neurosis de angustia, fóbicas, obsesivo-compulsivas, depresivas, neurasténicas, de despersonalización, hipocondríacas e histéricas.

    En 1909, Pierre Janet publica Las neurosis, obra en la que establece el concepto de «enfermedad funcional» frente al modelo anatómico-fisiológico. Desarrolla así el paradigma médico que basa el daño no en la alteración física del órgano; sino, en su función. Las funciones superiores, adaptativas, provocan cuando se ven alteradas o disminuidas un estado «neurasténico» (o de «nerviosismo») en el que se sobreexpresan otros estados inferiores como la agitación o la histeria.


    Desde el punto de vista de algunos autores contemporáneos, la neurosis tiene su origen en las desigualdades de clase o en la sociedad tan tecnificada que estamos viviendo.

    Sin embargo, ésta linea teórica se contrapone a la que plantea que el origen de la neurosis se encuentra en las primeras etapas de desarrollo psicológico del individuo. Siendo un punto de concordancia el hecho de que las neurosis son o bien propiciadas o potenciadas por el entorno más o menos facilitador en el que se desarrolla cada persona.

    Aspectos clínicos

    En la actualidad la O.M.S. (CIE-10) y la A.P.A. (DSM-IV-TR) han cambiado la nomenclatura internacional para referirse a estos cuadros clínicos como trastornos, entre los que se incluyen:

    • Trastornos depresivos: (distimia, ciclotimia, episodios depresivos leves, moderados o graves [con o sin síntomas somáticos])
    • Trastornos de ansiedad: (fobias, trastorno obsesivo-compulsivo, agorafobia, crisis de angustia, trastorno de estrés post-traumático, trastorno de ansiedad generalizada)
    • Trastornos somatoformes: (dismorfofobia, trastorno de conversión, hipocondría, dolor somatoforme, trastorno de somatización)
    • Trastornos disociativos: (Trastorno de identidad disociativo, fuga y amnesia psicógenas, trastorno de despersonalización, trance y posesión)
    • Trastornos sexuales:
      1. Parafilias (exhibicionismo, fetichismo, froteurismo, pederastia, masoquismo, sadismo, travestismo, voyeurismo)
      2. Disfunciones sexuales (deseo inhibido, aversión al sexo, anorgasmia, impotencia, eyaculación precoz, dispareunia, vaginismo)
    • Trastornos del sueño: (insomnio, hipersomnia, parasomnias, terrores nocturnos, sonambulismo, disomnia)
    • Trastornos facticios.
    • Trastornos del control de impulsos: (cleptomanía, trastorno explosivo intermitente, ludopatía, piromanía, tricotilomanía)
    • Trastornos adaptativos.
    • Factores psicológicos que afectan al estado físico
    • Trastornos de la personalidad
    • Códigos V: (simulación, problemas interpersonales, duelo patológico, problemas funcionales, rol de enfermo, etc.).

    Enfoques clásicos sobre la neurosis

    Para Freud la neurosis es el resultado de un conflicto entre el individuo y su medio. En la teoría de Freud, los síntomas neuróticos resultan de la interacción entre los impulsos instintivos que luchan por manifestarse y las estrategias defensivas. La persona se defiende por medio de mecanismos de represión, por otro lado, Freud plantea que la etiología común de la enfermedad mental es siempre la frustración, el incumplimiento de deseos infantiles, jamás dominados y que se arraigaron hondamente en la mente del enfermo.

    La neurosis extrae del mundo de la imaginación y de la fantasía el material necesario para sus productos, hallándolos por medio de la represión a épocas reales anteriores y más satisfactorias. El mecanismo que se activa en la neurosis, según Freud, no solo es una pérdida de la realidad; sino, una sustitución de ella. En consecuencia, la neurosis es una expresión de la rebeldía contra el mundo exterior, una incapacidad para adaptarse a la realidad.

    Karen Horney da otro enfoque distinto al de Freud, en su enfoque Karen no da una definición de la neurosis; sino, una serie de situaciones que la causan, pues para Horney la mayoría de los trastornos neuróticos provienen de una ansiedad que el individuo trae consigo desde la niñez. El niño siente hostilidad hacia sus padres por las órdenes que estos le imponen, las cuales le causan profundas frustraciones. El problema comienza cuando estos sentimientos hostiles son muy intensos pues el niño se alejará de sus padres quedándose sin el amor y las atenciones que necesita. El niño así afectado continúa creciendo de esta manera hasta llegar a ser un adulto que recurrirá a todo tipo de mecanismos de defensa para no sentirse desamparado y sin afecto.

    Para Frommel enfermo neurótico es aquel individuo que no se deja someter, que no estuvo dispuesto a perder su identidad en aras de la adaptación y de la «normalidad» dentro de la sociedad. Resulta entonces que el neurótico, no pudiendo ir en contra de la corriente de la sociedad, se retrae y refugia en la enfermedad, en la neurosis.

    Foucault plantea que la neurosis se desarrolla en el individuo que vive en cierto medio y que posee ciertas características psicológicas. No todos los individuos de una misma comunidad son neuróticos pues existen ciertas condiciones sociales en el medio donde viven que los hacen más vulnerables a sufrir la enfermedad.

    Guisnberg, autor argentino, propone que las causas de la neurosis deben ser buscadas en los factores sociales como son: trabajo, status, clase, entre otros, para él, el origen de la neurosis se da no en el interior del individuo; sino, en el rol social que desempeña.

    Aramoni plantea que la enfermedad psíquica aparece como producto de la cultura. «La soledad, la angustia, la depresión, la enajenación y la muerte están más cerca de la cultura y la socialización humana que de la biología». Para él, la enfermedad mental es producto del ambiente hostil y deshumanizado en que nos tocó vivir. Otro aspecto que Aramino considera también dentro de las causas de la neurosis es el ámbito familiar.

    Características de la neurosis

    • Alto grado de ansiedad exagerada.
    • Depresión grave.
    • Miedo y obsesiones, relacionados con factores conflictivos personales o ambientales.
    • Las personas que sufren una neurosis suelen ser hipersensibles, con una emotividad superior a la normal; por lo general, con un acusado sentido de culpabilidad y que se sienten muy afectadas por las tensiones emocionales y por los hechos impactantes como disgustos, peleas, accidentes, o por sucesos y circunstancias banales a los que ellos otorgan mayor importancia de la que en realidad tienen y que les causan una fuerte alteración psicoemocional.
    • Síntomas histéricos.
    • Fobias.
    • Síntomas obsesivos y compulsivos.

    Síntomas

    • Dolor de cabeza.
    • Voluntad débil.
    • Pérdida de las ganas de trabajar.
    • Sueño alterado.
    • Preocupación excesiva.

    Causas

    • Desestructuración familiar.
    • Falta de afecto durante la infancia.
    • La sobreprotección o el infracuidado.
    • Factores de riesgo pertenecientes al mundo de lo genético.
    • Factores que van en función de las situaciones o acontecimientos vitales de lo que le sucede a la persona a lo largo de su vida como maltrato infantil, abuso.
    • Conflicto entre el individuo y el medio.
    • Situaciones angustiantes que provienen de la niñez.
    • Condiciones sociales, medioambientales y culturales.
    • «Rosenhan, D (1975). Funcionalmente, las neurosis son reacciones inadecuadas a las causas del estress». (pp. 118)

    Tratamiento


    Cuando no son tan graves las neurosis pueden ser tratadas por el médico general, pero en casos de trastorno grave está indicada una hospitalización y la atención de un psiquiatra. La mayoría de las neurosis se tratan mediante el psicoanálisis u otras formas de psicoterapia dinámica. También tiene bastante éxito la modificación de conducta (especialmente, en el caso de las fobias y los trastornos obsesivo-compulsivos). En este tipo de trastornos, la medicación suele ser sólo un medio complementario para reducir los niveles de ansiedad, como la relajación o la hipnosis, los medicamentos que se pueden utilizar son sedantes y ansiolíticos.

    También la terapia situacional ha resultado efectiva para el tratamiento de neurosis monosintomáticas, especialmente, las de tipo fóbico. El método de persuasión, que convenciendo al paciente de que su enfermedad no es grave puede curarse. Muchos otros casos solo pueden curarse con un cambio de ambiente, descanso y un régimen de comidas apropiado. El aire libre, paseos que no ocasionen fatiga y acostarse temprano, son métodos muy saludables. Muchas de las neurosis responden bien al tratamiento, y sus efectos perturbadores sobre el sujeto se logran atenuar en gran medida.

    Clasificación de las neurosis

    • Neurosis de angustia: angustia episódica difusa en ataques; molestias somáticas, parestesias, mareos y pesimismo.
    • Neurosis fóbica: miedos intensos irracionales hacia objetos o situaciones; ataques de angustia que pueden coincidir con síntomas físicos.
    • Neurosis obsesiva: pensamientos persistentes de contenido angustioso y actos incontrolables, se nota depresión y sentido de culpa.
    • Neurosis hipocondríaca: preocupación con respecto a los procesos orgánicos acompañados de quejas múltiples de tipo físico, es común la depresión.
    • Neurosis depresivas: autocrítica excesiva en forma episódica, disminución de la confianza y de la autoestimación, se acompaña de molestias físicas.
    • Neurosis neurasténica: debilidad, fatigabilidad, con un bajo grado de autoestimación.
    • Neurosis de despersonalización: sentimientos de irrealidad y de extrañeza hacia determinadas partes del cuerpo, hacia sí mismo y hacia el ambiente, se pueden presentar episodios de pánico.
    • Histeria o neurosis histérica:
    • Tipo conversivo: parálisis paradójicas, crisis convulsivas, diferencias sensoriales y dolor; viven una actitud de indiferencia.
    • Tipo disociativo: alteraciones de la conciencia y del sentido de identidad, la angustia no es evidente.
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    LA RESPONSABILIDAD

    En ocasiones puede parecer que la vida adulta es dificil, que hubiera sido mejor o preferible quedarnos en la adolescencia, o aún más en la niñez.

    La vida adulta en ocasiones nos trata sin miramientos sin esperar a que demostremos estar preparados o no, maduramos orgánicamente, conviviendo con el entorno, no aislandonos de él. Y muchas de esas vivencias han de ser interpretadas con una lógica de causa y efecto y queremos sacarle el mejor provecho a cada situación.

    ¿Cuál es el beneficio?

    ¿Por qué vale la pena crecer si debemos enfrentarnos a una realidad dura y en ocasiones cruel y abrumadora?
    Puede parecer que es muy alto el precio que se ha de pagar. Pero las obligaciones te traeran libertades. Las responsabilidades derechos. Los tragos amargos, experiencia. Siempre y cuando entendamos el rol que juega dentro de nuestra vida la madurez y por obvio que parezca, no olvidemos que a cada acción corresponde una reacción, la asumamos antes o no.

    La idea es saber combinar. Que la responsabilidad se convierta en una herramienta y no en un obstáculo. Que nos permita lidiar, o evitar, incluso propiciar las consecuencias que queremos y no las indeceadas.
    Si, la idea es reir como si tuvieras 5,6 o 7 años, descubrir como si tuvieras 3, aprender como si tuvieras 10 o 12, experimentar como si tuvieras 15 o 16, y cuando la vida se ponga dificil, cuando se requiera templanza y te obligue a madurar, hacerle frente al problema, con lo mejor que tengamos, con el cúmulo de alegrias, aprendizajes y experiencias de toda una vida, defendiendo cada palmo de terreno que hemos conseguido avanzar hasta donde estamos.

    Entender que cierta acción inclurá ciertos resultados o consecuencias, nos permitirá tomar las riendas de la situación, sobre todo si ésta es problemática. Y ese entendimiento se lleva a través del tiempo, cuando hacemos un correcto y oportuno acuse de recibo de las experiencias y vivencias que hemos tenido.

    Se aprende en el entorno

    De ahí que como nucleo social, la familia, la pareja, los amigos y la comunidad, sirvan como una estructura que funcione bajo esquemas de responsabilidad.
    Ayudar a un niño, a un jovén o incluso a un adulto a entender que lo que haga tendrá cosnecuencias y resultados lógicos, y que puede y debe prever la mayoría de ellos para así decidir y ejercer su acción a voluntad y conciencia, pareciera tarea fácil pero no lo és.

    Cuantas veces nuestro círculo más cercano no provee de consecuencias lógicas, cuantas veces no se le hace responsable de sus actos, al niño inclumplido con los deberes de la escuela, al jovén indiferente con la hora de llegada a casa, a la pareja infiel, al empleado o jefe despota, al vecino ruidoso o al amigo desleal.

    El entorno seguro, en ocasiones tóxico, no siempre otrogará los mecanismos necesarios para que nos desarrollemos como seres responsables y maduros.
    pero la vida adulta lo hará, en algún punto se confrontará esa realidad (distinta a la aprendida) donde hay causas y efectos, donde a toda acción corresponde una reacción.

    ¿Cómo se aprende?

    Promoviendo un modo en el que entre más ejemplos y momentos tenga la persona para ejercer y desarrollar su responsabilidad, mejor se adaptará a la vida adulta, en casa, con quienes nos aman, las consecuencias serán comprensivas y justas en su mayoría. En el mundo real, afuera, estamos expuestos, ahí la vida adulta nos hará pagar el derecho de piso por haber llegado a esa edad, estemos listos o no.

    Es común ver que hay gente a la que le «cuesta trabajo» crecer, que se resiste, o madura «mal». La responsabilidad requiere no culpar a otros, requiere entender que jugar un juego sin reglas es disfuncional, requiere que encontremos la pieza o las piezas que no encajan, que entorpecen nuestro desarrollo y las trabajemos y las quitemos.

    Sin embargo, no todas las personas están listas. Es más facil culpar al de al lado. Me hiciste enojar. No me esperaste aunque te avisé que venía tarde. Me aburres. No me satisfaces. Me complicas. No desperdicies mi tiempo.
    Siempre culpando a los demás, nunca responsabilizándose de sus acciones.

    Es tú enojo, tu insatisfacción, tu impuntualidad, tu indecisión para solucionar el problema lo que te tiene ahí.
    Aunque es duro, al menos hay algo bueno, si es nuestra responsabilidad, entonces depende de nosotros corregirlo y la solución, aunque muchas veces escondida, está más cerca de lo que pensamos.

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    CONVENCE AL MIEDO

    El miedo, te paralizará varias veces, pensarás que no estas listo y que el reto es mayor que tú.

    Que tu no lo escogiste, que tu no decidiste tener esas capacidades o que te pusieran en esta vida.

    El miedo te hará sentir que no puedes, pero no porque quiera que te detengas, sino porque quiere que te protejas.

    El miedo es la experiencia diciéndote directamente que no siempre has podido, los recuerdos, avisándote que la última vez dolió.

    El miedo es el pedal del freno, cuando el coche va a una velocidad que no creemos poder controlar.

    Entonces no lo niegues, no lo evadas y no sólo lo enfrentes.

    Convéncelo, convéncelo de tus capacidades, de que puedes, de que no quieres detenerte porque sabes protegerte, sin necesidad de renunciar a lo que deseas.

    Que si no has podido antes, hoy puede ser la excepción porque has aprendido.

    Dile a tu miedo que no necesitas que te proteja que no necesitas que te diga que hacer que estas dispuesto a arriesgarte a que duela con tal de conseguirlo.

    Convence al miedo afrontando la idea de que la velocidad a la que va la vida no la puedes disminuir.

    Convence al miedo diciéndote a ti mismo que no soltarás el volante porque la persona más importante en tu vida va en ese auto.

    Convence al miedo de que confíe en ti.

     




    GRACIAS POR LEERNOS




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