LÍNUS Y SU MANTITA

TEORÍAS DE LA PERSONALIDAD

Por Cinthya Trejo

 

Linus Van Pelt, tiene 4 años, es un personaje de la serie Charlie Brown quien a pesar de su corta edad, es bastante inteligente, se considera a sí mismo como un filósofo y teólogo. Es el hermano  de Lucy (hermana mayor).

Él  inventó su propio ser cuasi-religioso, que  misterioso aparece cada año trayendo presentes, La gran calabaza, sin embargo, cuando llega Hallowen no aparece pero él sigue creyendo devotamente en ella. Linus es el único quién cree en la gran calabaza. Aunque él convence de vez en cuando otros de que  la gran calabaza es verdadera, ellos pierden siempre la fe, mientras que Linus nunca lo hace.

Linus casi nunca anda sin la manta azul, la cual tiende a estar sobre su hombro derecho al tiempo que se mete su pulgar a la boca. al parecer, ésta tiene algo así como una personalidad propia y la llama el la “manta de la seguridad”. Linus además parece estar condenado a que su hermana (Lucy) le quite el sitio delante de la televisión. Vive atormentado por ella y generalmente es blanco de sus amarguras y sus desquites más agresivos.

Ahora bien después de describir un poco al personaje me enfocare en una de sus características principales  “su mantita”   y más específicamente en el capítulo de la serie llamado “Linus y su mantita” , cabe aclarar que él durante todos los capítulos de la serie saldrá con su manta al hombro sin dejarla un momento, pero en este capítulo en especial pasa algo inesperado, ya que intenta con todas sus fuerzas dejar de lado su manta y continuar su vida sin ella , ya que su hermana lo critica y le dice que la deje de una vez, en el momento que ella se o dice ella se asusta por la presencia de una abeja y él le dice que él no tiene miedo obviamente  porque aquí podemos ver el significado de esa manta , ya que en ese momento la trae y se siente seguro y sin miedo. Pero cuando se da cuenta que su manta no está, la busca y esta recién lavada por su hermana cosa que no le es muy grata y le pregunta desesperadamente donde está su mantita, ella se la devuelve y el dice – y dicen que los niños de antes lo pasaban mal- con lo que demuestra que no había cosa peor que aquello que le estaba pasando,  pero en ese momento es cuando reflexiona y recuerda lo que su hermana le dijo acerca de la manta entonces decide dejarla. en este capítulo entonces apreciamos que para él la mantita representa un objeto transicional obviamente muy importante para él , y un símbolo de seguridad que el mismo ha dado a su manta ya que sin ella se siente vacio, con una vida arruinada, al parecer ansioso y obviamente inseguro, durante el capitulo el intenta que otros niños al igual que él dejen su manta  (mejor dicho su objeto transicional: objeto que  le sirve como consuelo y como elemento que le proporciona seguridad y tranquilidad,  permite al niño efectuar como ya lo mencionamos la transición entre la primera relación oral con la madre y la verdadera relación de objeto)  pero nadie va en su ayuda ya que ninguno quiere hacerlo, y su amiga lo visita con una manta en la cabeza pidiendo su consejo acerca de cómo el dejo su manta, e incluso bromea acerca de que tiene algunos peluches bajo la manta que tampoco dejará (supuestamente sus otros objetos transicionales) todo esto con el único objetivo de mofarse de él ,  ya que al final solo se quita la manta y se burla de Linus, posteriormente una vez que Linus cree superado la etapa de la mantita, la vuelve a recuperar, y su hermana dice que debe de encontrar una forma de que se deshaga de ella entonces Snoopy se va con la manta al desierto (ya que su hermana Lucy se la dio) y bastante angustiado y con pocas ilusiones Linus  comienza a darse  cuenta de cuánto la necesita en realidad , al regreso de Snoopy ,solo pregunta por su mantita y cuando por fin la tiene a su lado toda llena de espinas ( lo cual no le impide tomarla) la vuelve a  poner en  su hombro y vuelve a chuparse el pulgar (fenómenos transicionales),  recobrando su estabilidad. En este momento Snoopy trata de quitársela y el la agarra con tanta fuerza que no le es posible a Snoopy y su hermana le insiste que renuncie a ella  y con un gran grito Linus dice – nunca, nunca, nunca!-.

Ahora bien aquí podemos notar que Linus es claro ejemplo de lo que expone Winnicott en su teoría de desarrollo emocional,  al ser su manta y su dedo (succión de este) por así decirlo tan importantes en su personaje, esta teoría dice básicamente que  durante el primer año de vida, la diada madre-infante constituyen una unidad ella es el primer entorno del infante. Todo recién nacido sano tiene una tendencia innata a desarrollarse como una persona total y creadora, ha de poseer sin embargo un entorno inicial como base para tal desarrollo. La madre en un principio debe ilusionar al bebe para desilusionarlo gradualmente, esto quiere decir que el bebé, ante su necesidad de comer, es acogido por la madre y le ofrece su pecho para alimentarlo, situación donde el lactante tiene la ilusión de que el pecho fue creado por él y que es parte de él.

Pero a medida que la madre lo desilusiona, el bebé va percibiendo que no es uno con la madre, disponiéndose a entrar en contacto gradualmente con la realidad y su subjetividad.

En este sentido el cuidado materno-parental satisfactorio puede dividirse en tres etapas

  • sostén o holding
  • el self verdadero o falso
  • objeto transicional

Para Freud la base de los conflictos humanos es la lucha entre las pulsiones y la cultura, entre el  ello yo y superyó, Winnicott en esta teoría plantea que dichos conflictos se inician en el vinculo del recién nacido con su madre y del estado emocional de ella. De ahí la importancia que le da a la relación que lleva el niño con su madre, y sobre todo a la calidad de respuesta (cuidado materno) que esta le da al infante.

Enfocándonos más en  la situación de nuestro capítulo, hablemos entonces de la tercera etapa con más detalle, etapa del objeto transicional:

Este objeto es una herramienta en la que el niño consigue luego de asimilara la existencia de un no-yo, separa a su madre del entorno y por ende, separarse de ella, es en este momento en el que entran en juego los objetos transicionales, que fomentan y ayudan el desapego y separación respecto a la madre, consiguiendo que el niño desarrolle ese apego hacia el objeto que en un momento dado, se conformara como su madre. De esta manera, representan el espacio que el bebé necesita para renunciar a la posesión omnipotente de su progenitora, conservando algo de la seguridad que ésta le proporciona.

El objeto transicional, tiene tres significados: la identificación del no – yo, el enfrentamiento de la ansiedad de separación  y conformar el espacio de la ilusión. en el mismo orden se trata de un proceso evolutivo del juicio de realidad; una defensa particular  y en el último caso una relación objetal.

Este objeto material posee un valor electivo para el lactante y el niño pequeño especialmente en el momento de dormirse. El recurrir a objetos de este tipo constituye, un fenómeno normal que permite al niño efectuar como ya lo mencionamos la transición entre la primera relación oral con la madre y la verdadera relación de objeto.



 

 

Para que se produzca la continuidad de esta experiencia transicional, el objeto «seleccionado» debe cumplir una serie de características que Winnicott resume como sigue:

  • El bebé adquiere derechos sobre el objeto, y el mundo exterior los acepta. Sin embargo, esta adquisición representa al mismo tiempo una cierta renuncia a la omnipotencia simbiótica;

– El objeto es amado y acunado, pero también mutilado con excitación;

– Se le atribuye cierta vitalidad, como si tuviera vida propia;

– Nunca debe cambiar (por ejemplo ser lavado) a menos que el bebé lo haga;

  • Su catexia afectiva sufre una descarga gradual.

 

Lo esencial de las ideas de Winnicott acerca del objeto transicional se encuentra en un artículo titulado objetos transicionales y fenómenos transicionales (transitional objeas and transitional phenomena, 1953). Él nos dice:

Linus y su mantita

1.° En el plano de la descripción clínica, el autor pone de manifiesto un comportamiento frecuentemente observado en el niño y lo denomina relación con el objeto transicional. Es frecuente ver al niño, aficionarse a un objeto particular, como un pedazo de lana, el ángulo de un cubrecama o de un edredón, etc., este objeto transicional conserva su valor durante mucho tiempo, antes de perderlo progresivamente; también puede reaparecer más tarde, sobre todo cuando se aproxima una fase de depresión. (aquí cabe destacar que Linus tiene 4 años de edad).

Winnicott clasifica dentro de este grupo ciertos gestos y diversas actividades bucales (por ejemplo, gorjeos) que denomina fenómenos transicionales.

 

2.° Desde el punto de vista genético, el objeto transicional se sitúa entre el pulgar y el oso felpudo. En efecto, si bien constituye una parte casi inseparable del niño, diferenciándose así del futuro juguete, es también la primera posesión de algo que es no yo. Desde el punto de vista libidinal, la actividad sigue siendo de tipo oral, lo que varía es la posición del objeto, en la primera actividad oral (relación con el pecho) existe lo que Winnicott denomina una creatividad primaria: este pecho es constantemente recreado por el niño en virtud de su capacidad de amor o, por así decirlo, en virtud de su necesidad. La madre sitúa el pecho real en el lugar mismo en que el niño está dispuesto a crearlo y en el momento adecuado. Más tarde funcionará la prueba de realidad. Entre estos dos tiempos se sitúa la relación con el objeto transicional, que se halla a mitad de camino entre lo subjetivo y lo objetivo: desde nuestro punto de vista, el objeto viene del exterior: pero el niño no lo concibe así.

 

3.° El objeto transicional, si bien constituye un momento de paso hacia la percepción de un objeto netamente diferenciado del sujeto y hacia una relación de objeto propiamente dicha, no ve, sin embargo, su función totalmente abolida al continuar el desarrollo del individuo. El objeto transicional y el fenómeno transicional proporcionan, desde un principio, a todo ser humano algo que seguirá siendo siempre importante para él, a saber, un campo neutro de experiencia que no será puesto en duda. Pertenecen, según Winnicott, al terreno de la ilusión: este campo intermedio de experiencia, del cual no necesita justificar la pertenencia a la realidad interior ni a la realidad exterior (y compartida), constituye la parte más importante de la experiencia del niño. Se prolongará, a lo largo de toda la vida, en la experiencia intensa que corresponde a la esfera de las artes, de la religión, de la vida imaginativa, de la creación científica.

 

Los términos objeto transicional y fenómeno transicional (pensamientos o fantasías se enlazan con estas experiencias a todas estas situaciones Winnicott las llama fenómenos transicionales)  designan la zona intermedia de la experiencia,  entre el pulgar y el osito de peluche (en este caso la mantita de Linus), entre el erotismo oral y la verdadera  relación objetal, entre la actividad creadora primaria y la proyección  de lo que ha sido introyectado entre la inconsciencia primaria de la deuda y el reconocimiento de la deuda.

La pauta de los fenómenos transicionales empieza para Winnicott en un período variable que va desde los cuatro a seis meses hasta los ocho a doce. Como se puede apreciar, su aparición corresponde aproximadamente al estadio del objeto precursor de Spitz y a la etapa de simbiosis de Mahler.

Una vez ya expuesta la teoría sobre los objetos trasnacionales, regresemos de nuevo al caso de Linus, para dar una conclusión sobre todo esto, aquí en el capitulo, podemos  ver a un niño de 4 años que aun succiona su dedo para sentir alivio, calmar su necesidad y satisfacer sus instintos esto se puede ver como uno de los dos grupos que Winnicott plantea, a continuación pondré los detalles:

Según Winnicott suele considerarse (como primer objeto “no yo” el pecho.)

Y plantea que hay dos grupos de fenómenos:

1) Niños recién nacidos utilizan puños, dedos pulgares para estimular la zona erógena oral, para satisfacer los instintos de dicha zona y lograr una tranquila unión.

2) A los pocos meses los niños, de ambos sexos, juegan con muñecos que las madres le dan o algún objeto especial en espera que se conviertan en adictos a tal objeto. Winnicott hace referencia a los  juguetes que los niños reciben de sus madres en los primeros tiempos de su vida o a cualquier objeto que pueda servir a ese medio y que está dedicado al niño, incluida su ropa de cama o aquella que se le pone

Entre 1 y 2 hay una relación y un intervalo de tiempo que las separa pero como podemos ver en este caso hay una etapa anterior a la de objeto transicional que en este caso sería la uno, en Linus, ya que él sigue succionando su pulgar y así paso a la siguiente etapa con su mantita.

Linus es un niño que tiene estas conductas transicionales y es totalmente normal que lo haga con su mantita ya que estas pueden comenzar a partir de los 4-6 meses y durar hasta los 3-4 años, que es la edad de él, cuando el niño ha adquirido mayor control de los miedos de abandono, comienza a ser más independiente e inicia su vida social. Puede que use su objeto de apego de forma continuada o que recurra a él cuando atraviese por una etapa de ansiedad como el nacimiento de un hermanito, una mudanza o la separación de los padres. Aquí su hermana Lucy intenta deshacerse de ella y hacer que el la deje pero no lo logra ya que el niño debe de estar seguro y el debe de decidir en momento adecuado, eso ya lo mencionamos como parte de la teoría.

En cualquier caso es absolutamente normal que tenga su objeto y que presente un fenómeno transicional , solo que a mi punto de vista y basándome en la teoría de Winnicott la etapa de chupar su dedo debió de ser una etapa ya cerrada y superada en su desarrollo para continuar con la siguiente , sin embargo , aquí en este episodio esta el claro ejemplo de esta teoría y como un niño lo maneja, por ejemplo, no les gusta estar lejos de su objeto, generalmente son suaves y cálidos como en este caso, pueden usarlos a su antojo es decir pueden ser objeto de su amor y también de su agresión, adoptan como en este caso un afecto especial ,es ese objeto y no otro que lo sustituya, (así Linus lo cree también ).en fin todas estas características y sentimientos que se pudieron observar se dan en la vida real con los niños de estas edades y es proceso de desarrollo por el cual todos pasamos, e incluso en la vida adulta podemos llegar a tener nuestros objetos transicionales.

GRACIAS POR LEERNOS




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LA ADOLESCENCIA

La OMS define la adolescencia como:

El periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce

después de la niñez

y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años.

LA ADOLESCENCIA

Se conoce como una etapa de cambios, que incluyen desde crecimiento y adaptación física, psicológica y social, hasta modificaciones en el estilo de vida, comportamiento, gustos e intereses del individuo.

En primer lugar, esta fase se presenta a raíz de los procesos biológicos que dan paso a lo que conocemos como pubertad. Sin embargo, pese a ser de carácter fisiológico dichos cambios están permeados por el contexto social y cultural. De tal modo que se ha percibido un inicio más temprano de esta etapa, del que se registraba en épocas anteriores. Abarcando la edad de los 10 a los 18 años.

La madurez física y sexual que se presenta en esta etapa tiene su origen en distintas glándulas del cuerpo humano que, en un momento dado comienzan a liberar distintas hormonas, aumentando su producción y estimulando distintos procesos y cambios en el cuerpo humano, tales como crecimiento, desarrollo de características sexuales secundarias, como el crecimiento de los senos, vello púbico, menstruación, tono de voz, eyaculación, vello facial, etc.

Además del inicio del desarrollo sexual, provocando también la producción y liberación de hormonas específicas para cada sexo, estrógenos y andrógenos. Permitiendo así que se alcance la madurez sexual.

Por si fueran pocos estos cambios, el adolescente experimenta también distintos efectos a nivel emocional, psicológico y social. Puntos importantes que mencionaremos a continuación y en los que el adolescente requiere aún y con mayor énfasis el apoyo familiar, de sus grupos de referencia, escuela, amigos y de la sociedad.

Cambios Psicológicos.

La construcción de uno mismo.

Independencia

Aunque de inicio es un camino hacia la autonomía, que tiene que ver con el asumir sus responsabilidades, el trasfondo es un desapego intelectual y emocional, que en muchas ocasiones se presenta como un distanciamiento afectivo. El contraste se da cuando, a pesar de desear pasar más tiempo solos, tomar sus propias decisiones, pasar más tiempo con los amigos o fuera de casa, los adolescentes aún se sienten confundidos e inexpertos para dejar por completo la seguridad y protección del hogar.

La individualización y autonomía son necesarias, le permitirán al adolescente desarrollarse plenamente de acuerdo a sus propias actividades e intereses. Poniendo a prueba sus habilidades en el mundo exterior ya sin la protección permanente de sus padres o su familia. Sin embargo la distancia que deben de tomar respecto a las demás personas ha de ser siempre cuidadosa. El adolescente se sentirá plenamente satisfecho si consigue independientemente hacerle frente a los nuevos retos que enfrenta. Pero no siempre será así, posiblemente sus capacidades le serán insuficientes para superar o enfrentar alguno de esos retos, y experimentará miedo y dudará de sí mismo.

Ahí la familia y amigos pueden ofrecer redes de apoyo que representen un punto de anclaje (un puerto seguro) sobre el que el adolescente pueda reflexionar su accionar y encontrar otros métodos de conducirse.

Así, las decisiones las comenzarán a tomar solos, pero las comprenderán y vivirán las consecuencias con el apoyo de sus grupos de referencia.

Pertenencia

El adolescente no busca sólo un grupo que le acompañe, o en el cual «encajar», busca un grupo de referencia, del cual sentirse parte por méritos propios, al cual poder aportar desde su individualidad, que lo acepte (tal cual es) y con el cual se sienta identificado.

Es por ello que la familia en muchas ocasiones ya no cumple por completo las características de un grupo tan complejo, y el joven comenzará a buscar grupos con los que tenga «más cosas» en común. Gustos, tiempos, edad, género, etc. Ya que al final serán para bien o para mal estos grupos a los que recurrirá como punto de apoyo y como modelo a seguir.

Personalidad

Durante los primeros años de vida pasamos por ciertas etapas, conocidas como etapas Psicosexuales que van, por así decirlo, moldeando la personalidad. El éxito o fracaso en dichas etapas marcan la presencia o ausencia de ciertos rasgos en la personalidad del adolescente. Es así que durante la adolescencia se pueden repasar y subsanar algunos fallos que se presentaron en las primeras etapas de vida, pero estos mismos rasgos también se pueden recrudecer y/o empeorar.

El adolescente volverá a enfrentarse a un mundo que no satisface al cien por ciento sus necesidades, un mundo que no gira a su alrededor, un mundo con reglas y limitaciones (así como obligaciones y responsabilidades), un mundo en el que no todas sus capacidades le garantizan éxito, y no todo el éxito que obtenga es un reflejo fiel de sus capacidades.

El manejo que tenga de estas realidades, así como la manera en la que la familia y amigos le ayuden a sobrellevarlos representará factores de gran importancia en el tipo de rasgos de personalidad que se establecerán a partir de la adolescencia y en adelante en su vida.

Estos rasgos de personalidad, al ser reforzados, generan en el adolescente una falsa impresión de autosuficiencia, rasgo relacionado en muchas ocasiones con el egocentrismo, creer que están en lo correcto siempre o que ciertos preceptos lógicos a ellos no les aplican y a ellos «no les va a pasar».

Identidad

Es en esta etapa cuando los gustos y preferencias, el autoconcepto, la intimidad, los valores y carácter, así como las tendencias de comportamiento propias del individuo se van delimitando. Es común que la base de la identidad siga siendo aquella que se obtuvo en la infancia, en el núcleo del grupo principal de referencia, la familia; sin embargo, los nuevos elementos se ajustan por lo general a los modelos y preceptos a los que el adolescente tiene acceso.

Así, podemos observar que la identidad en los primeros años de la adolescencia es una amalgama obtenida de los modelos a seguir, tales como figuras públicas, congéneres y miembros de su grupo de edad, miembros del grupo al que pertenece y otros modelos adoptados sobre el deseo del joven de lo que quiere ser o lo que quisiera ser.

Este proceso puede generar una enorme confusión en el adolescente, y sensaciones como desapego o segregación cuando la identidad nueva «encaja» pero no es auténtica, o es auténtica pero «no encaja». El adolescente comienza a equilibrar la deseabilidad social y su identidad, buscando adaptarse sin traicionarse.

Hacia al final de la adolescencia, se han desechado rasgos de identidad que no «congeniaron» con la personalidad del adolescente, y comienza un diseño propio de la identidad, en la que los elementos personales, individuales y auténticos constituyen la parte principal (aun siendo una reinvención o reinterpretación de los modelos que anteriormente la conformaron). La identidad no se estanca en esta etapa más bien se establece, seguirá cambiando en el futuro.




Emociones más complejas

Aunque es común y sencillo atribuir los cambios emocionales (sobre todo la volubilidad) a los cambios físicos y hormonales en los adolescentes estos tienen una premisa más compleja. Si bien a nivel psicofisiológico ocurren cambios que les mantienen más sensibles a sus propias emociones y a los factores ambientales que las generan. El adolescente es capaz de sentir una gama más amplia de emociones y sentimientos.

Sus reacciones ya no se limitan a la alegría, el enojo, la tristeza o el miedo. En esta etapa hay gradientes de dichas emociones, tales como la euforia, el entusiasmo, la impotencia, la frustración, la sensación de injusticia, la melancolía o nostalgia, la inseguridad o angustia, etc.

Dichas reacciones emocionales se encontraban ya presentes, sin embargo, en etapas aún infantiles son conducidas por los adultos y muchas veces desahogadas con elementos más o menos útiles para un niño pero poco o nada funcionales en el adolescente y el adulto. En la adolescencia, aunque ayuda, la solución ya no es tan fácil como un helado y un curita.

Y aquellos factores del entorno que generan dichas emociones son también más complejos de identificar, percibir y manejar o solucionar. Las sensaciones como el rechazo, la discordia, la desatención o la injusticia son percibidas por el adolescente desde una perspectiva más trascendental, siendo así consciente de cuanto le afecta o le podrá afectar. Y las reacciones suelen ser encaminadas a ello, buscará a toda costa hacer tangible que alguna situación no le agrada. Este efecto es notable también respecto a las emociones positivas, algo que le agrada al adolescente y le hace sentir bien, buscará repetirlo y controlarlo de manera autónoma.

Relaciones afectivas y Relaciones interpersonales

Dentro de los elementos que surten un efecto directo en la identidad y las emociones, está el hecho de que el adolescente ahora juega más roles afectivos con su entorno, y es a través de dichas relaciones que se conforma el modelo de los lazos afectivos que establecerá a lo largo de su vida. Ahora los jóvenes aprenderán a ser novios, mejores amigos, alumnos, compañeros, colegas, miembros de un club, etc. Papeles que nunca han jugado en su vida, o no con la seriedad con que se presentan en esta etapa. Ello conlleva distintos retos a los que tendrán que responder, conjugando factores emocionales y sociales para los que no siempre están preparados.

Estas relaciones suponen un cambio en el estilo de vida, compromisos, organización del tiempo, y traen consigo en la mayoría de los casos experiencias gratas o desagradables a través de las cuales los jóvenes aprenden a relacionarse con su entorno. Es entonces respecto a la calidad de estas relaciones interpersonales que el adolescente se adaptará de mejor o peor manera.

El joven se identifica con figuras representativas que le llevan a desarrollar un lazo afectivo fantasioso e idealizado con algunas personas. Lo que da origen a los conocidos «amores platónicos» y a la búsqueda, en ocasiones desesperada, por agradar a ciertas personas, amigos, profesores, pareja, familia, etc.

Por otro lado el noviazgo (más formal en esta etapa) suele ser la relación interpersonal afectiva más compleja por mucho en esta etapa. El proceso de elección de pareja, y el posterior cortejo requieren conductas específicas que en algunas ocasiones son aprendidas y reproducidas (se ven en películas u otros adolescentes) y en otras ocasiones son diseñadas y generadas en el momento (se recargan en la identidad), ambas pueden ser más o menos funcionales y desencadenan un protocolo de ensayo y error, con el que el adolescente adquirirá la suficiente experiencia para establecer este vínculo.

Una vez en marcha el noviazgo, las exigencias emocionales y comportamentales del mismo requerirán que consiga comunicarse y adaptarse nivelando sus expectativas con las de la pareja, y buscando a través de nuevo del protocolo de ensayo y error, el funcionamiento sano y disfrutable de la relación.

Conflictos existenciales

¿Quién soy? ¿Qué quiero? ¿Hacia dónde voy? Pueden ser preguntas comunes en el ser humano, pero en la adolescencia tienen una repercusión especial y mayor, ya que las decisiones que se toman, por primera vez se perciben en su magnitud. Muchas de estas preguntas en la infancia no tienen importancia porque pareciera que puede cambiar de respuesta de un momento a otro, sin embargo en la adolescencia se dan dos fases.

Al inicio de esta etapa, el adolescente no busca afanadamente ni se aferra a la respuesta de estas preguntas, pero gran parte del tiempo estas preguntas surgen, al enfrentar la toma de decisiones y las consecuencias de las mismas, al equivocarse y al ir estableciendo su personalidad e identidad.

Posteriormente el adolescente ahora si busca contestar estar preguntas antes de tomar decisiones más trascendentales en su vida, como elegir carrera, mantener una relación, hábitos y costumbres de vida, etc. La respuesta ahora es requerida y necesaria. Sin embargo, puede ser difícil delimitarla aun siendo un joven en una fase avanzada de la adolescencia.

Estas crisis existenciales generan también un cambio en el estado de ánimo de los jóvenes, y en la manera en la que responden a las demandas del entorno, fomentando casi en general una de dos alternativas, asertividad o desconfianza en sí mismo. Ambos rasgos pueden influir como un efecto en cadena, a que dichos conflictos existenciales se rezaguen en el adulto joven, estancando a la persona en una adolescencia permanente.

Sexualidad

Cómo mencionamos en esta etapa no sólo se desarrollan los rasgos sexuales secundarios, también se alcanza la madurez sexual, es decir el cuerpo humano produce respuestas sexuales y es capaz de generar células sexuales (espermatozoides y óvulos), y por ende de embarazarse. La presencia del ciclo menstrual y la eyaculación masculina también son una señal de dicha madurez fisiológica.

Sin embargo el aspecto psicofisiológico suele ir a un ritmo diferente. Durante los primeros años de la adolescencia el deseo sexual es ya registrado pero genera más dudas y timidez que conductas consecuentes. Conforme el adolescente comienza a entender su sexualidad y vivirla, con la masturbación por ejemplo, así como los primeros contactos físicos de aspecto sexual producto de sus relaciones interpersonales más desarrolladas también, el deseo sexual comienza a generar conductas más definidas, como la búsqueda del placer y de intimidad con las personas que les resultan atractivas (principalmente en el aspecto físico).

Así en la adolescencia descubrimos una nueva conducta que nos genera placer y vínculos afectivos, pero que sin embargo, trae consecuencias inherentes, y es esa la parte compleja de la sexualidad en el adolescente, ya que desarrollarla adecuadamente dependerá de que tanto se haya asimilado el comportamiento sexual con sus respectivas responsabilidades.

De manera bien entendida, la sexualidad responsable permitirá evitar riesgos por enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y conflictos emocionales asociados a la dependencia afectiva, y a la violencia de pareja y sexual.

Dentro de los factores emocionales relacionados a las experiencias sexuales, encontramos que el deseo sexual es también afectivo, resultado del cual el vínculo que se genera en la intimidad formará parte clave en las relaciones interpersonales y lo bien o mal que nos hagan sentir estas. Ya que dicho vinculo puede recaer en elementos como la culpa o la decepción. Y es este punto el elemento crucial respecto a la sexualidad en la adolescencia, ya que el sistema de valores, las creencias religiosas, los complejos heredados de familia o propios, la presión del grupo o de la pareja, y las limitaciones sobre el tema que aún hoy en día existen, pueden generar que estas experiencias se conviertan en algo desagradable y conflictivo, en lugar de ser esa pieza constitutiva del crecimiento y de la vida humana que permite disfrutar nuestro propio cuerpo, nuestras relaciones interpersonales y nuestra vida, otorgando placer y a la postre en algunos casos oportunidad de reproducirnos.

La información y programas de concientización para jóvenes respecto a la responsabilidad en este aspecto de la vida nunca son demasiados, el acceso y conocimiento de los métodos anticonceptivos, métodos de prevención de enfermedades de transmisión sexual, así como estrategias para vivir una sexualidad plena, evitar conductas de riesgo o conductas sexuales con las que no estamos de acuerdo es y debe ser parte prioritaria de la educación de los jóvenes.

Cambios Sociales.

Las experiencias

Grupos de referencia, redes de apoyo y Presión del grupo

Como se mencionó arriba es importante la socialización con nuevos grupos que generen un sentido de pertenencia, sin embargo, es importante que dichos grupos sean una buena referencia e influencia para el joven, sobra decir que un grupo de referencia con consumo elevado de sustancias nocivas para la salud es menos preferible que un grupo de referencia que realice, por ejemplo, una actividad deportiva o artística.

Lo importante es identificar que el adolescente puede convivir y pertenecer a ambos, pero su pertenencia y referencias habrán de estar más recargadas al grupo funcional socialmente hablando.

En este sentido la presión del grupo, puede fomentar conductas que vayan en contra de los deseos individuales del adolescente, pero que se asuman como necesarias si este quiere aún pertenecer al grupo. El joven es susceptible más que el adulto a la presión del grupo por el temor a «dejar de formar parte» de este, así, los grupos de apoyo y otros grupos de referencia constituyen una red de seguridad sobre la que el adolescente podría caer si decide no ceder a la presión que un grupo específico ejerce sobre el para, por ejemplo, llevar a cabo conductas de riesgo.

 

Conductas de riesgo y Deseo de experimentar

A partir de la influencia de sus contemporáneos, el adolescente puedo comenzar a buscar experiencias diferentes asumiendo conductas nuevas, que en algunas (no pocas) ocasiones implican un riesgo para él o para la sociedad. Le emoción de experimentar lo nuevo, lo arriesgado y lo prohibido, ha de estar siempre contrastada con la noción de las consecuencias que dicha experiencia puede acarrearnos. Muchas de las conductas «de riesgo» lo son por cómo se realizan y no tanto por la conducta en sí. Buscar entonces oportunidades que permitan desarrollarlas con responsabilidad es una alternativa viable.

El adolescente promedio se «meterá en problemas», desafiando la autoridad o ignorándola, por ende, entre más explicación, entendimiento y flexibilidad obtenga de dicha autoridad mayor será la tendencia a respetarla, no evitando aun así que en aquellos puntos donde la experiencia resulte especialmente atrayente o la autoridad excesivamente injusta o limitante, el adolescente caiga en ocasiones en las mencionadas conductas de riesgo.

Cómo «superar» la adolescencia

En gran medida la respuesta recae en la normalidad de gran parte de los efectos, conductas y experiencias que se viven en esta etapa. Y cuya mejor respuesta es la observación y la información, que permitirá identificar a tiempo aquellas conductas que si salgan de la normalidad.

El común es buscar comunicación con los jóvenes, sin embargo es importante desarrollar aptitudes específicas para que dicha comunicación sea posible ya que comúnmente los canales habituales están cerrados, aquí es muy importante empatizar.

Como se mencionó, los deseos y motivaciones del joven toman un lugar primordial, no limitarlos ni intentar controlarlos es crucial, el único objetivo es encauzarlos siempre que se identifique que se salen de la normalidad, y si no es así, dejarlos fluir.

En la perspectiva de los padres y la familia, preocupados por los cambios que están viviendo en la adolescencia sus hijos, es entendible que se pierda un poco la objetividad al analizar qué conductas son normales y cuáles no, que se afanen en abrir los canales de comunicación ya cerrados en lugar de buscar nuevas vías, y que supongan que su autoridad es necesaria en mayor medida que su empatía. Para ello, los especialistas en salud mental, en terapia familiar y en salud emocional, están capacitados para ofrecer alternativas viables que permitan llevar de la mejor manera esta etapa que al no ser un obstáculo, no se ha de superar, sino de transitar.

 

La UNICEF menciona que

En la adolescencia se define la personalidad, se construye la independencia y se fortalece la autoafirmación.

 

 

Cambios físicos y psicológicos en la adolescencia

https://www.healthychildren.org/spanish/ages-stages/teen/paginas/stages-of-adolescence.aspx

http://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/

https://www.unicef.org/mexico/spanish/ninos_6879.htm




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INTELIGENCIA EMOCIONAL

      Cuando escuchamos hablar de inteligencia casi siempre lo relacionamos con el coeficiente intelectual, solemos pensar que una persona inteligente es aquella que destaca en los exámenes, en la escuela, que hace operaciones con agilidad, etc. Sin embargo olvidamos que los seres humanos también poseemos algo llamado inteligencia emocional, este tipo de inteligencia es igual o más importante a lo largo de la vida que el solo tener un coeficiente intelectual alto, ya que si regulamos nuestras emociones de manera satisfactoria tendremos la estabilidad suficiente para destacar en la parte académica o profesional.

La mayoría de las personas exitosas en el ámbito profesional son personas que en la parte emocional se encuentran en equilibrio o poseen un manejo de emociones positivo. Por lo tanto es importante trabajar en este tipo de inteligencia.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con uno mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si no se tiene amigos o se siente acomplejado.

¿Qué es la inteligencia emocional?
Nos referimos a inteligencia emocional cuando hablamos de las capacidades y habilidades psicológicas que implican la comprensión, entendimiento y control de las emociones propias y ajenas, así como la modificación de los modelos de respuesta emocional en uno mismo. Una persona emocionalmente inteligente es aquella capaz de gestionar satisfactoriamente las emociones para lograr resultados positivos en sus relaciones con los demás.
A pesar de que diversos psicólogos habían destacado la insuficiencia de los elementos cognitivos y racionales como únicos indicadores para medir la inteligencia, el concepto surge en 1983 con el psicólogo Howard Gardner, quien considera a los test de coeficiente intelectual como insuficientes para lograr una apreciación completa de la inteligencia, él amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es una capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias).




Gardner describe 9 tipos de Inteligencia diferentes pero, a diferencia de otros modelos que intentan evaluarla, el autor describe 2 tipos de marcado perfil emocional:
Inteligencia interpersonal: implica entender y comprender las emociones de los otros y tener la habilidad de reaccionar según el estado anímico del otro. Es la capacidad de manejar relaciones humanas y la empatía con la que nos «ponemos los zapatos del otro» y reconocemos sus motivaciones, razones y emociones. La mayoría de las actividades que se realizan en la vida dependen de la inteligencia interpersonal, ya que están formadas por grupos humanos en los que debemos relacionamos. (Los grandes líderes tienen una fuerte inteligencia interpersonal para bien o para mal)
Inteligencia intrapersonal: se refiere a la comprensión de las propias emociones, de tenerlas en cuenta al momento de tomar decisiones y ser capaz de regular las emociones según la situación, nos permite formar una imagen clara de nosotros mismos; poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
La importancia de la inteligencia emocional reside en el hecho de que permite a los individuos estar en contacto no sólo con sus propias emociones, si no también considerarse sensibles y empáticos respecto de situaciones o fenómenos externos. Muchas veces, personas con altas dosis de inteligencia emocional son las que llevan a cabo actividades de tipo solidario y social.
Aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco significativa, se ha demostrado que es potencialmente válida para tomar decisiones ya que el cómo nos sentimos tiene un papel fundamental a la hora de elegir.

El término Inteligencia Emocional fue utilizado en 1990 por Peter Salovey y John Mayer, quienes la definen como: «la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás».
Basándose en Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples, Salovey identificó cinco esferas en la inteligencia emocional:
1. Conocer las propias emociones. La conciencia de uno mismo es la capacidad de controlar sentimientos de un momento a otro, siendo fundamental para la penetración psicológica y el auto conocimiento.
2. Manejar las emociones. La capacidad de manejar sentimientos de forma adecuada, es una capacidad que se basa en el auto conciencia y el auto control.
3. La propia motivación. Habilidad para ordenar las emociones al servicio de un objetivo esencial: es lo que se conoce como auto motivación.
4. Reconocer las emociones de los demás. Se trata de la empatía o auto conciencia de las emociones de los otros.
5. Manejar las relaciones. Es la adecuación a nuestro ser social y parte esencial del desarrollo con los demás.
La emoción es básicamente un sentimiento subjetivo privado, pero también la expresión o manifestación de respuestas somáticas y autónomas específicas (el corazón late más deprisa, las palmas sudan, aparece la risa o el llanto, etc.). Igualmente pueden considerarse un conjunto de acciones para defenderse o preparar el ataque ante posibles amenazas y, por tanto, con un alto valor adaptativo como apuntó en su momento Charles Darwin. Este mismo autor describió las 4 emociones primarias que consideraba que eran innatas al ser humano ya que se daban en todas las culturas e incluso en personas ciegas y que, por tanto, no habían podido ser aprendidas.



Estas eran: Cólera o Ira, Alegría, Miedo y Tristeza. Posteriormente, en lo que algunos autores denominaron secundarias, se describieron cuatro emociones más: Amor (Enamoramiento), Sorpresa, Vergüenza y Aversión.


La inteligencia emocional tiene una gran importancia en las relaciones sociales. Puede parecer algo natural, pero también es una capacidad que se puede desarrollar e incluso tratar. «A las personas que tienen poca se las puede intervenir terapéuticamente y reaprender», afirma Dina Krauskopf. Asimismo agrega que la crianza tiene bastante que ver con su desarrollo.
La educación recibida nos condiciona la tolerancia o aceptación de nuestras emociones, siendo habitual que dependiendo del estilo de vida de cada familia, haya unas emociones más aceptadas y otras más reprimidas, así como el estilo emocional puede ser más o menos extrovertido.
Los prejuicios habituales sociales contra la expresión emocional suelen ser del tipo: «ser emocional es igual a ser una persona débil, inmadura o enferma», «las emociones son peligrosas y si te dejas llevar por ellas, puedes arruinar tu vida», «una persona responsable tiene que ser racional y controlar sus sentimientos».
Frases como ¨no debes llorar¬, llorar no sirve de nada, no te enojes, no te rías tan fuerte, no estés triste, etc., y na cantidad infinita de frases que solo nos enseñan a no demostrar nuestras emociones y por tanto nos limitan a siquiera sentirlas o reconocerlas, nos fomenta desde niños una incapacidad para trabajar de manera adecuada en estas, creciendo como adultos poco capaces de enfrentar la vida daría debido a la inmadurez emocional que presentamos.
Bisquerra señala que la educación emocional es un proceso que se da de manera continua y de forma permanente, esto significa que en cualquier momento de la vida se puede brindar educación emocional y dicha educación tendrá variaciones dependiendo del tipo de persona, ya que las necesidades de un niño son totalmente diferente de las de un adolescente.
Niños, adolescente o adultos, se pretende que con la educación emocional se logren los siguientes objetivos:
– Reconocer emociones propias.
– Reconocer las emociones de los demás.
– Identificar y nombrar correctamente a las emociones.
– Ser capaz de regular las propias emociones
– Incrementar el umbral de tolerancia a la frustración.
– Identificar de manera anticipada los efectos nocivos de las emociones negativas.
– Ser capaz de construir emociones positivas
– Ser capaz de lograr la automotivación
– Tener una actitud positiva ante la vida
– Desarrollar la capacidad de avanzar.




Por tanto en las instituciones escolares como fundamentalmente en casa se recomienda aprender y proveer a los niños de herramientas y recursos para poseer una inteligencia emocional que les permita vivir su vida de manera plena y satisfactoria, desde pequeños podemos comenzar a identificar emociones y aprender a demostrarlas de manera adecuada, sin limitarnos o sentirnos culpables por ello.
La inteligencia emocional promovida desde la infancia hará del niño que aprendió ayer el adulto pleno de hoy.





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LA ANGUSTIA

Por Cinthya Trejo Z.

               Del latín angustĭa (“angostura”, “dificultad”), la angustia es la congoja 

o aflicción.  Se trata de un estado afectivo que implica un cierto malestar 

psicológico, acompañado por cambios en el organismo (como temblores, 

taquicardia, sudoración excesiva o falta de aire).

      La angustia es una reacción afectiva que  se presenta en toda neurosis y es el núcleo dinámico de ésta,  puede causar reacciones fisiológicas intensas tales como taquicardia, sudoración, temblor, etc.

A diferencia del miedo en la angustia no existe un peligro evidente, sino subjetivo y oculto, es decir, una persona experimenta miedo de muerte cuando padece una enfermedad grave o está ante un asaltante que le apunta con una pistola ahí el peligro es evidente y objetivo, mientras que alguien puede experimentar angustia de muerte por el sólo hecho de salir a la calle y pensar que será agredido por un asaltante o que la arrollará un auto, u otros peligros no observables. Sin embargo para la persona que experimenta la angustia estos peligros están presentes y son reales debido a que la intensidad de su angustia es proporcional al significado que esa situación tenga para ella.

Ahora bien algunos neuróticos reportan y se dan cuanta claramente de que sienten angustia, ya sea en situaciones específicas o en general. Pero hay otros que no se dan cuenta de esto aunque claramente presentan angustia en su vida diaria, esto se debe a que la angustia es un afecto muy tormentoso e incluso insoportable, por ello en ocasiones y dependiendo del individuo, hallaremos una respuesta más o menos estructurada, que desarrolló a manera, consiente o inconsciente, para no sentirla. Ya que nos sentimos indefensos y dominados por este afecto con carácter irracional el cual marca o advierte implícitamente que hay algo que debemos modificar y que no anda bien en nosotros.




Por tanto existen métodos para evitar esta angustia como lo son la racionalización que es un recurso demasiado usado en los neuróticos y que por ello en el trabajo psicoanalítico no es objetivo el persuadirlos de que no es un temor racional si no ver el significado que para ellos tiene cierta situación o evento.

Otra manera es la negación, al negar la angustia se puede somatizar, aquí vemos por ejemplo las reacciones fisiológicas antes mencionadas como taquicardia, mareo, sudoración etc., o también podemos negarla de manera consciente a base de un esfuerzo de voluntad pero esto sólo ayudará a una de las tantas manifestaciones de la angustia . Otra manera es «anestesiarla» con alcohol y narcóticos o de manera más sutil demostrada en comportamientos específicos.  La ultima forma de escapar  de la angustia seria rehuir de ella evitando toda situación, idea o sentimiento que la provoquen, llegando incluso a la inhibición.

De manera más funcional, el proceso que lleva a la regulación de la angustia, parte de la identificación del temor, el por qué se presente y de donde viene, así como el significado que le damos a ello.

En ocasiones un miedo superficial e irracional, oculta un temor u angustia mas profundo, irracional también pero en ocasiones además inconsciente. Llevarlo a un proceso de clarificación ayuda a la persona. Preguntarnos por qué le tememos a aquello que nos angustia es un buen principio.

Otros acercamientos teóricos facilitan metodologías tales como la reducción de errores cognitivos, la desensibilización y la reestructuración cognitiva. El trabajo en las necesidades no cubiertas por el temor o la angustia, y el cambio de hábitos que permitan ajustar comportamientos menos estresantes, pero funcionales. Técnicas de relajación e introspectivas que permitan identificar fortalezas y capacidades ante dicha angustia y que facilitan herramientas de afrontamiento.

Es un hecho que la angustia como elemento principal de las neurosis, y factor relevante en muchos padecimientos, tales como la ansiedad o la depresión, ha de ser tratada y atendida por especialistas y profesionales de la salud mental.



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DATOS SOBRE EL SUICIDIO

Esta entrada no es una revisión teórica ni un análisis del tema. Sólo plantea ponerle números a una situación que embarga a la población mundial, con ciertas comparaciones que permitirán dimensionar el problema al que nos estamos enfrentando, y que en los últimos años ha tenido un incremento de casi el 60%.

“Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. El suicidio se puede producir a cualquier edad, y en 2015 fue la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo.” (OMS, 2017).

Más de la tercera parte de los suicidios durante el año pasado ocurrieron en países de medio y bajo nivel de desarrollo. Ello significa que 3 de cada 4 suicidios se cometen en países donde los sistemas de prevención social y de atención a la salud suelen ser implementados de manera poco eficiente. Hay una merma además para el registro de los comportamientos suicidas a nivel gubernamental, ya que sólo el 60% de países cuenta con modelos de registro que permiten estimar las tasas reales de suicidio en el mundo.

Revisemos los números.

La cantidad de suicidios anuales (800 000), es equiparable a la población total de ciudades como Chihuahua (México), Valparaíso (Chile) y Hannover (Alemania).

Por cada suicidio de una mujer, se presentan cuatro de hombres. Cifra similar a la distribución que presenta el consumo y abuso del alcohol.

Cada día se suicidan alrededor de 3000 personas, esto es casi el doble de médicos egresados de la Facultad de Medicina de la UNAM en 2016. Y es el equivalente a la cantidad de víctimas del atentado terrorista del 11 de Septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Unos de cada 20 intentos de suicidio se consuman, es decir que por cada 100 personas que intentan suicidarse 5 lo logran. La población mundial con asma sigue la misma distribución, 5 de cada 100 personas en el mundo sufren de asma.

La tasa de suicidio anual es de 16 por cada 100,000 personas, lo cual puede parecer poco es “apenas” el .016%, sin embargo, podemos verlo de este modo, sería como si 16 empleados del total de personas contratadas a nivel mundial por Google o Amazon se suicidarán. Supondría por ejemplo un conflicto importante y de dimensiones graves para la empresa.

Revisemos ahora los datos en México, según reportes del INEGI, en México anualmente suceden alrededor de 5000 suicidios, la misma cantidad de personas que fueron rescatadas del campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial. Y siguiendo con la comparativa proporcional respecto a ciertas empresas, es el equivalente al total de empleados de FedEx México.

La proporción de suicidio en México entre hombres y mujeres sigue la norma mundial. En 2011 más de cuatro mil suicidios de hombres por poco más de 1000 suicidios de mujeres. La misma cantidad de personas que mueren al año por influenza en países como Argentina y España. Por su parte los más de mil suicidios femeninos representan el equivalente a muertes diarias por consumo de tabaco en toda América Latina.

Del total de suicidios aproximadamente 3 mil casos se presentaron en personas entre 10 y 34 años, esto equivale al aforo total del Teatro Metropolitan en la Ciudad de México.




3 de cada 4 personas que se suicidaron recurrieron al método del ahorcamiento, mientras que los “recursos” utilizados en segundo y tercer lugar fueron armas (disparos) y envenenamiento (con fármacos o sustancias tóxicas). Es decir que casi mil personas al año en México están decidiendo por una amplia serie de variables, tirar de un gatillo en contra de si mismos o consumir un fármaco o sustancia con el objetivo de terminar con su vida. La misma cantidad de personas que hicieron posible en conjunto con la NASA la transmisión televisiva de la llegada del hombre a la luna.

Por último, en México aproximadamente 280 personas intentaran quitarse la vida al día, consiguiéndolo 14. La cantidad de intentos de suicidio diarios es semejante a la cantidad de nacimientos por hora en el país.

Para el año 2012 y hasta el registro de 2015, la cifra de suicidios representa una de cada diez muertes por causas violentas (accidentes, asesinatos y delincuencia organizada). Lo que representa la misma tasa de mortalidad por tabaco, donde una de cada diez es a causa de la exposición al humo del mismo.

Con estas cifras, reflejadas en otros contextos, la intención de esta entrada es concientizar a la población de la incidencia real de un tema de salud tan delicado como lo es el suicidio.

Por ejemplo, al pensar que al ir a un concierto en el teatro Metropólitan de la Ciudad de México el aforo de ese día, la gente que disfruto el concierto, animada y feliz, equivale a la cantidad de personas menores de 34 años que decidirán quitarse la vida ese año.

Pensar que fue una fortuna para más de 5000 personas ser rescatadas del campo de concentración para judíos en el Holocausto, y que la misma cantidad de personas se quitarán la vida en un año en México.
Que una empresa, que ha trabajado tanto por el bienestar laboral como lo es Google, pudiera perder a 16 de sus empleados durante un año a causa del suicidio, y que mientras cerca de 300 niños nacen en una hora en el país, la misma cantidad de personas ese día tomo la decisión de suicidarse (aunque solo el 5% lo haya conseguido).
Si bien son casos puestos de manera teórica, es difícil que justo los 16 suicidios ocurran en la misma empresa o que sea la mitad de personas que asistieron a un evento ene l auditorio nacional, las mismas que decidan suicidarse en un año. Lo importante es acotar que el suicidio es un problema presente, tangible y prevenible, asumiendo que cada persona que conocemos, cada persona que conocimos o que conoceremos, e incluso nosotros mismos podemos pasar por una situación que lleve a considerar como una alternativa viable para un problema temporal al suicidio, aunque sea una opción radical y obviamente permanente.


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Trastornos alimenticios

Por Cinthya H. Trejo

En México así como en otros países el problema de la salud alimenticia es un tema de interés que en ocasiones no se toma muy en serio, la relación de las personas con la comida va más allá de una simple ingesta de esta para la supervivencia del ser humano, la comida en todas las culturas y para los seres humanos en general se relaciona con el estado emocional de las personas, el estilo de vida, la cultura etc., entre otros factores que a la hora de seleccionar e ingerir los alimentos serán factores para la toma de decisión de hábitos saludables respecto a esta.

Por ello iniciaremos por conocer que es un trastorno alimenticio­, este término hace mención a las enfermedades mentales que causan alteraciones serias en la dieta diaria de una persona y que pueden manifestarse comiendo pequeñas cantidades de comida o comiendo excesivamente. La condición puede comenzar modificando ingenuamente las cantidades de comida consumidas, pero en realidad esto poco a poco asume el control la rutina de una persona ya que la lleva a cambios severos en sus hábitos de la vida diaria.

Estos trastornos son causados por una serie de factores entre los cuales se encuentran el estado emocional, la personalidad y factores psicológicos del individuo. Las personas que los padecen, al presentar un miedo intenso a ganar peso, dejan de comer y en otros casos se descontrolan presentando atracones, seguido de vómitos auto provocados.

Se caracterizan principalmente por períodos o hábitos incontrolados e impulsivos de ingesta de alimentos más allá de límites razonables, las víctimas del trastorno sufren graves perturbaciones en sus comportamientos alimenticios inherentes a pensamientos y emociones, así como cambios en su peso; puede afectar a hombres y mujeres, presentándose más comúnmente en ellas. A menudo, suelen iniciar en edades comprendidas entre los 12 a 35 años y por lo general pese a que puede presentarse a cualquier edad existe una tasa alta de adolescentes que inician con estos trastornos, aunque incluso en la niñez puede padecerse. El peso corporal puede variar de desnutrición, bajo peso, peso normal o adecuado, hasta obesidad leve, moderada o grave.

Muchas son las causas que pueden llevar a una persona a padecer alguno de estos trastornos, sin embargo, los factores psicológicos, sociales e interpersonales tales como baja autoestima, sentimientos de insuficiencia o falta de control de su vida, depresión, ansiedad, enojo y soledad, relaciones personales y familiares problemáticas, dificultad para expresar sentimientos y emociones, haber sufrido burlas basado en su talla o peso, historia de abuso físico o sexual, presiones culturales, definiciones muy concretas de belleza (estereotipos), normas culturales que discriminan o valorizan en base a la apariencia física, entre otras pueden ser causa para iniciar con estos padecimientos.

Entre los trastornos alimenticios como tales clasificados encontramos la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, los cuales son de suma importancia y pueden ser igualmente graves, incluso pueden llevar a la muerte. A continuación, describiremos las características de cada uno en términos generales:

Anorexia: Es la pérdida del apetito para perder peso de forma rápida mediante la restricción de la ingesta de alimentos (usando muchas veces laxantes o diuréticos), especialmente aquellos alimentos que contienen muchas calorías. Se caracteriza por tener una resistencia a mantener el peso por encima de las medidas mínimas recomendadas para la edad y la altura, aquellas personas que sufren anorexia sienten un miedo real a engordar y tienen una imagen distorsionada tanto de las dimensiones como de la forma de su cuerpo. Evitan a toda costa una alimentación que consideran excesiva y están al pendiente de el contenido calórico de los alimentos. Cuando llegan a ingerir cantidades de comida considerables sienten culpa.

Bulimia: En el caso de la bulimia, quien la padece tiene la necesidad y acción incontrolable de comer en exceso llegando los atracones de comida, seguidos normalmente de purgas (autoinducción del vómito), mal uso de laxantes, enemas, o medicamentos que producen un incremento en la producción de orina, ayuno o ejercicio excesivo para controlar el peso. El diagnóstico de la bulimia se puede dar en el período que la persona recurre a los atracones y a la purga de manera regular, al menos dos veces por semana, durante un par de meses.

Tanto la anorexia como la bulimia son muy parecidas, sin embargo, regularmente las personas anoréxicas suelen ser muy flacas y tener un peso inferior al normal. Por el contrario, las personas que son bulímicas pueden tener un peso normal o estar un poco excedidas en su peso.

Trastorno por atracón: Se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva de comida de forma recurrente, en este trastorno alimentario la persona que lo padece consume con reiteradamente grandes cantidades de comida y siente que ha perdido el control durante el atracón. Posterior a la ingesta de comida, la angustia y la preocupación por el peso suele aparecer. La persona siente periódicos deseos de ingerir alimentos de forma descontrolada (en ocasiones, sobrepasando la ingesta de 6000 calorías diarias), pero, a diferencia de la bulimia, no busca contrarrestar el atracón provocándose el vómito. En la mayoría de los casos, existe a la par un de aumento de peso e incluso de obesidad.



Los tres trastornos antes descritos dejan secuelas muy riesgosas tales como el hambre, el insomnio, el estreñimiento, la dificultad para concentrarse o pensar de forma clara, la depresión, sensación de frio, deshidratación severa, huesos frágiles, disminución anormal en la frecuencia cardíaca y la presión arterial, músculos débiles llegando a resultar un gran esfuerzo el hacer cualquier cosa, cabello y piel secas (la pérdida de cabello es común), crecimiento en todo el cuerpo de una capa fina de vello conocido como lanugo que se despliega ante el esfuerzo de conservar el calor corporal.

Si la persona se induce el vómito puede provocarse ácido del estómago que posteriormente disuelve el esmalte de los dientes, pueden presentar hinchazón en su rostro (debido al agrandamiento de las glándulas salivares), latidos cardíacos irregulares, debilidad muscular, daño renal, convulsiones epilépticas.

En cuanto al uso de laxantes estos causaran, dolores intestinales persistentes, dedos hinchados, lesiones en los músculos intestinales que pueden conducir a estreñimiento crónico.

La persona también puede presentar presión arterial alta, niveles altos de colesterol, enfermedad cardíaca como resultado de los niveles elevados de triglicéridos, diabetes mellitus tipo II, enfermedades de la vesícula biliar. (Estos últimos presentándose en el caso del trastorno por atracón).

Debido a todas estas complicaciones derivadas del padecimiento de estos trastornos es importante tener acceso a información que nos ayude en la búsqueda de herramientas asertivas para nuestro plan de alimentación que aunque no se da mucha importancia es de vital atención. De otra manera estaremos en riesgo de padecer alguna enfermedad ya sea psicológica o física que se relacione al tema de la comida.

Las personas con un trastorno de alimentación requieren un tratamiento psicológico en cual tendrá la finalidad de que el paciente aprenda a controlar el impulso a comer, comer adecuadamente y adquirir herramientas para dar solución a las situaciones emocionales relacionadas, directa o indirectamente, con la aparición y el mantenimiento de los problemas psicológicos tales como la ansiedad, depresión, insatisfacción, etc. Los cuales pueden mantener el problema.

Los proveedores de salud comprometidos en el apoyo de estos trastornos incluyen a psiquiatras, psicólogos, médicos y nutriólogos, sin embargo, el papel de la red de apoyo familiar, de amigos etc. también puede ser pieza fundamental. El tratamiento incluye por tanto la educación y seguimiento de la dieta, las intervenciones psicológicas y tratamiento de dolencias tanto físicas como mentales. Así que siempre habrá que tener en cuenta que si nos sentimos en riesgo o alguien que conocemos lo está, es importante pedir ayuda inmediatamente, con el fin de que el problema no se agudice, y tengamos una vida saludable.



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PERSPECTIVA DE LA CORRUPCIÓN

 LINK (Artículo completo)

Clotilde Sarrió – Terapia Gestalt Valencia
Alberto Soler Montagud – Psiquiatria Privada

La corrupción es un fenómeno lamentablemente en boga y frecuente en ciertos sectores de la política y el mundo empresarial y financiero. Podríamos definirla como una transgresión de las normas llevada a cabo de modo voluntario y con la con la intención de obtener beneficios personales.
Es una práctica sistemática en la que pervertir, depravar y sobornar se convierten en el modus operandi del corrupto en perjuicio de terceros y del interés colectivo de la ciudadanía.

Sociología de la corrupción

Hay una serie de factores que son inherentes a la corrupción tales como:

  • La tendencia a identificar el éxito con el dinero.
  • La prevalencia de la moral heterónoma sobre la moral autónoma. Consideramos moral autónoma la que incentiva a cumplir las leyes independientemente de premios o castigos, mientras que moral heterónoma es la que impele a cumplir las leyes sólo por miedo al castigo y no por un respeto interiorizado a las mismas.
  • La falta de conciencia por parte de la población de que los bienes públicos, que aseguran el bienestar social, se consiguen a través del esfuerzo de todos y deben ser respetados.
  • El acostumbramiento a la corrupción por parte de la población y a aceptar la misma como algo normal ante la aparente impunidad que exhiben quienes ostentan el poder y delinquen, circunstancia que les predispone a delinquir tal cual hacen los poderosos.

Todo ello contribuye a que los miembros de la sociedad interioricen una percepción subconsciente de que defraudar es algo lícito y aceptable.
Surge de este modo una tolerancia y benevolencia ante la corrupción así como una falta de conciencia y una desmotivación social para cumplir las leyes así como una predisposición a defraudar siempre que sea posible y se minimice el riesgo de ser descubierto.

 

Perfil psicológico del corrupto

Desde una perspectiva psicopatológica, el corrupto es un individuo que sistemáticamente ignora al “otro” y prescinde de los valores éticos, morales y cívicos que garantizan la equidad en la convivencia.
Su modus operandi responde a la satisfacción de ciertas pulsiones en beneficio de su ego.
Carecen de una moral autónoma y solo respetan la ley por el miedo a las sanciones, de tal modo que su ética sería similar a la de un niño de cinco años.
Otra singularidad del corrupto es su irresponsable sensación de invulnerabilidad. Creen que sus fechorías nunca serán descubiertas ni se juzgarán y, por tanto, nunca serán condenados.
Se sienten inmunes y descartan las consecuencias negativas inherentes a sus actuaciones, lo que les incentiva a ser temerarios, a jactarse de sus actividades ilícitas y a no dimitir de sus puestos cuando son descubiertos en sus delitos, por la obstinada y patológica negativa a reconocerlos.
El corrupto transgrede intencionadamente las normas movido por la ambición y por su obsesiva identificación del éxito con el dinero así como por su necesidad de un reconocimiento social que satisfaga a su ego.

Tipos de corruptos

Psicopatológicamente, podemos englobar a los corruptos en dos grandes grupos:

  • Corrupto narcisista. Están convencidos de que son superiores, se caracterizan por un patrón de grandiosidad, necesitan ser admirados y carecen de empatía para conectar emocionalmente con los demás.
  • Corrupto antisocial. Sienten necesidad de mostrar su superioridad, son manipuladores y explotadores, violan sistemáticamente los derechos del otro y son propensos a cometer actos delictivos. No aceptan la culpa de los delitos que cometen y, aunque quizás lleguen a sentir vergüenza al verse expuestos al escarnio público, nunca dan muestras de arrepentimiento.

Tratamiento del corrupto

Difícilmente podemos hablar de un tratamiento psicológico del corrupto ya que la corrupción no es una entidad patológica contemplada como tal por los manuales diagnósticos, sino una práctica delictiva llevada a cabo por ciertos individuos que suelen presentar unos trastornos psicológicos y de personalidad sobre los que sí que se podría intervenir psicoterapéuticamente.
La corrupción, en cierto modo, podría ser considerada como un síntoma o un rasgo mas de verdaderas patologías tales como el trastorno narcisista de la personalidad o el trastorno antisocial de personalidad, no obstante las particularidades varían significativamente de unos caso a otros.





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LAS EMOCIONES.

MOTIVACION EMOCIONAL Y AFECTIVA.

Por Fernando Arrieta López y Cinthya Trejo Zámano
Como se sabe las emociones responden a dos sistemas sincrónicos que las activan y regulan.
Uno de esos sistemas, el BIOLÓGICO es innato, espontáneo y fisiológico y reacciona de manera involuntaria a los estimulos emocionales del entorno, el segundo sistema es el COGNITIVO que se basa en la experiencia del individuo, y reacciona de forma interpretativa y social. Ambos se combinan para proporcionar un elemento emocional altamente adaptativo (Buck, 1984).
Cada uno de estos sistemas es particular, pero no individual, es decir, no son precursores y mediadores de la emoción de forma unitaria, se manejan en un conjunto, funcionando ambos a la vez. Creando una estructura dual y dinámica, con elementos de causa y efecto. La emoción es un proceso complejo de retroalimentación, es un sistema conjunto en el que cada elemento esta interrelacionado (Plunchik, 1985). Fig. 1.1
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Fig. 1.1
Por ser sumamente complejo, el estudio de la emoción no sólo se ha encargado de dividir los fundamentos, analizarlos y luego compenetrarlos en un sistema unitario. También se debe hacer una recombinación sistémica de dichos fundamentos. Para una visión general de los muchos aspectos de la emoción, se desarrolló el modelo multisistémico de la activación de la emoción, el cual fue propuesto por Izard (1993). Dando validez a las siguientes causas de la emoción.

 

SISTEMAS EMOCIONALES (IZARD)

  • Sistemas Neuronales (Reacciones fisiológicas cerebrales ante un estímulo emocional)
  • Sistema Sensoriomotor (Respuesta corporal y facial; expresión, postura, tensión, relajamiento, etc.)
  • Sistemas Motivacionales (Percepción del estímulo, sabor, olor, imagen, dolor, etc.)
  • Sistemas Cognitivos (Juicio y razonamiento, memoria, recuperación de experiencias, sentimiento)
  • Sistemas Sociales (Imitación, “contagio”, confirmación de identidad, rol y personalidad)

 

De este modo conjuntando ambos modelos tenemos un sistema, dual, dinámico, y multisistémico, en el que los elementos se relacionan entre sí. Puede ser entendido de la siguiente manera, en el instante en el que se presenta un estímulo afectivo o emocional significativo, se encienden dos de los sistemas antes mencionados, dando paso al primer momento del sistema de Plunchik, el sistema neuronal, con los cambios a nivel límbico y cortical, y el sistema motivacional, en el que el estímulo es recibido, asimilado y provoca una respuesta fisiológica y psicológica en el organismo; en un segundo momento dado como la preparación para la acción y los despliegues expresivos se manifiestan otros dos sistemas, el cognitivo, en el que la memoria y la recuperación de experiencias dan “sentido a la emoción”, y el sensoriomotor, con la respuesta facial que corresponde a la emoción e incluso tal vez un cambio corporal en postura o de reflejo, ambos adaptativos. Posteriormente en el último momento entrarán en acción los dos sistemas finales, el primero el cognitivo, conjuntando todas las reacciones ya mencionadas como la experiencia y el razonamiento, a la creación de un “concepto” representativo que conjunte el significado de las respuestas: el sentimiento. Aunado a este la respuesta del sistema social, como una conducta aprendida, y de cuya eficacia y funcionalidad se irá construyendo un modelo mucho más complejo, la identidad. Todo esto una vez conjuntado, nos da como respuesta la emoción.
Ahora bien, a modo complementario se aclaran dos términos, estímulo afectivo y emocional y el tipo de emociones, no en general, sino las que aquí interesan.
En primer lugar aunque aquí se ocupan como términos semejantes, existen dos diferencias entre el estímulo emocional y el afectivo, el primero provoca una emoción y es interiorizado, y el segundo proviene de cierto punto con carácter afectivo y no necesariamente se interioriza, muchas veces se reproduce (Ekman, 1994 y Clark, et al. 1994). Para ejemplificar esto: un estímulo emocional, como un imagen en la que se ve una pareja besándose, provoca una emoción (normalmente positiva, tranquilidad o felicidad) y es interiorizado mediante el proceso que ya hemos hablado antes, un estímulo afectivo, sería la misma imagen con una clara tendencia positiva, provocar por ejemplo, amor en vez de envidia, a esto se le llama valencia afectiva, y se explicará luego, la intención en este caso no es que la persona interiorice la emoción, sino que la reproduzca y así mismo la cree conceptualizada, por ejemplo, amor o enamoramiento. El conjunto de ambas situaciones nos da como resultado una actividad psicológica y fisiológica de respuesta evocativa, es decir es una motivación emotiva o afectiva, que, ante todo, promueve o estimula la identificación y reconocimiento de la emoción basándose en la valencia o valor afectivo del estímulo. Dados estos elementos, partimos de identificar como precursores de la evocación emotiva que aquí nos interesa a los estímulos emotivos y afectivos, conjuntándolos en uno solo.
En segundo lugar, cuántas emociones existen, las llamadas Emociones Básicas, consideradas en un nivel muy general, son las que cumplen con lo siguiente:
1. Innatas
2. Surgen bajo las mismas circunstancias o frente a los mismos estímulos
3. Se expresan de manera exclusiva y distinta, es decir son diferenciales
4. Evocan así mismo un patrón de respuesta específico y distintivo.
Si bien existe una lista muy variada, y cada investigador incluye las suyas, se consigue un patrón marcado en el que se presentan identificadas las siguientes seis emociones. Miedo, ira, repugnancia, tristeza, alegría e interés (Ekman, 1992; Izard 1991, Shaver et al. 1987).
Es evidente que existen infinidad de emociones, aparte de las ya mencionadas, el llamarlas básicas no es como orden de jerarquización sino porque todas las que les subyacen, corresponden directa o indirectamente a alguna de ellas.
Los procesos cognitivos de las emociones, son a fin de cuentas quienes intervienen entre las condiciones ambientales, y la reactividad y recepción conductual y fisiológica. Una valoración general por ejemplo del estímulo emocional o afectivo, sería a priori Bueno y Malo, en cuanto a que sea dañino o beneficioso en general, a lo que sigue una experiencia de simpatía o antipatía en forma inmediata y automática (Arnold, M. 1960-1970). La valoración Primaria y Secundaria, corresponde a la relevancia y la coherencia de la situación presentada (el estímulo), en este sentido, la respuesta emotiva hacia dicha emoción será de enfrentamiento, pero significará procesos distintos dentro de un mismo campo emotivo (Lazarus 1991). Es decir, que la función de la forma en que se valora la situación cambia, primero valorando la relación con el estímulo (relevancia, 1ª Valoración), y luego la potencialidad de enfrentamiento o respuesta (coherencia, 2ª Valoración). Entonces tenemos una serie nueva de emociones, divididas entre positivas y negativas, y cuyas valoraciones subsecuentes (primaria y secundaria) dependerán del individuo una vez que le sean representativas de acuerdo a las estructuras cognitivas propias ya aprendidas y desarrolladas. Fig. 1.2
Figura 1.2
El hecho de definirlas aquí como positivas y negativas, es precisamente porque este tipo de diferenciación dicotómica es la que se plantea para el trabajo, ahora bien por último. Sentir una emoción, por sí mismo no nos dice nada, se debe conceptualizar, como ya se ha dicho antes, esta definición o conceptualización, el darle sentido al sentimiento es una de las partes del proceso de la emoción desde que se recibe el estímulo emotivo o afectivo, es decir, la emoción es de carácter nominal y como tal requiere del lenguaje para ser identificada y reconocida, para luego ser reproducida, ya sea como aprendizaje simple o respondiendo a una introspección propia (en este caso, solicitada).
La cognición (valoración) precede a la emoción, pero la cognición también sigue a la emoción. Las emociones causan cambios en la cognición, como las atribuciones, las funciones de enfrentamiento y resolución, la autoverificación y la recuperación de recuerdos. Puesto que estos nuevos elementos cognitivos se añaden a la experiencia, la emoción es resultado de una acumulación no sólo de la valoración, sino también de tales elementos cognitivos adicionales.
El conocimiento de la emoción en los niños es por ejemplo únicamente respecto a las emociones básicas, conforme la gente adquiere experiencia mediante diferentes situaciones aprende a discriminar matices de la misma emoción. Los matices de la alegría, por ejemplo incluyen la felicidad, el alivio, el optimismo, el orgullo, la satisfacción y la gratitud. Los matices de la ira incluyen la furia, la hostilidad, la venganza, la rabia, el agravio y la cólera. Las distinciones se almacenan de manera cognitiva como jerarquías de emociones básicas y sus derivados (Shaver et al. 1987).
Gran parte de la diversidad de la experiencia de la emoción se debe al aprendizaje de finas distinciones entre las emociones y las situaciones específicas que las causan.
Los teóricos de la valoración creen que existen tantas emociones como posibilidades de valoración cognitiva de una situación (Ellsworth y Smith, 1988). Por ejemplo, un individuo que ha perdido terreno ante un rival tal vez experimente aflicción, ira, miedo, repugnancia y celos (Hupka, 1984). Uno aprende que estas emociones coinciden y están por tanto relacionadas entre ellas, se encuentra un modo de definirlas semánticamente. También aprende que otras emociones (el amor y la alegría) están muy alejadas de este cúmulo de experiencias emocionales.
Por último, se aprenden las diferencias entre los matices de la ira, las diferencias entre celos, odio, irritación, etc., ahora la emoción entra en los parámetros de la sintaxis, y se tiene en conjunto una definición aprendida y concreta de la emoción; a la larga tal aprendizaje proporciona un conocimiento de la emoción, él posibilita que el individuo valore situaciones con discriminación y en consecuencia responda con emociones apropiadas para la situación.





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LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Cuando escuchamos hablar de inteligencia casi siempre lo relacionamos con el coeficiente intelectual, solemos pensar que una persona inteligente es aquella que destaca en los exámenes, en la escuela, que hace operaciones con agilidad, etc. Sin embargo olvidamos que los seres humanos también poseemos algo llamado inteligencia emocional, este tipo de inteligencia es igual o más importante a lo largo de la vida que el solo tener un coeficiente intelectual alto, ya que si regulamos nuestras emociones de manera satisfactoria tendremos la estabilidad suficiente para destacar en la parte académica o profesional.

La mayoría de las personas exitosas en el ámbito profesional son personas que en la parte emocional se encuentran en equilibrio o poseen un manejo de emociones positivo. Por lo tanto es importante trabajar en este tipo de inteligencia.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con uno mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si no se tiene amigos o se siente acomplejado.

¿Qué es la inteligencia emocional?
Nos referimos a inteligencia emocional cuando hablamos de las capacidades y habilidades psicológicas que implican la comprensión, entendimiento y control de las emociones propias y ajenas, así como la modificación de los modelos de respuesta emocional en uno mismo. Una persona emocionalmente inteligente es aquella capaz de gestionar satisfactoriamente las emociones para lograr resultados positivos en sus relaciones con los demás.
A pesar de que diversos psicólogos habían destacado la insuficiencia de los elementos cognitivos y racionales como únicos indicadores para medir la inteligencia, el concepto surge en 1983 con el psicólogo Howard Gardner, quien considera a los test de coeficiente intelectual como insuficientes para lograr una apreciación completa de la inteligencia, él amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es una capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias).
Gardner describe 9 tipos de Inteligencia diferentes pero, a diferencia de otros modelos que intentan evaluarla, el autor describe 2 tipos de marcado perfil emocional:




Inteligencia interpersonal: implica entender y comprender las emociones de los otros y tener la habilidad de reaccionar según el estado anímico del otro. Es la capacidad de manejar relaciones humanas y la empatía con la que nos «ponemos los zapatos del otro» y reconocemos sus motivaciones, razones y emociones. La mayoría de las actividades que se realizan en la vida dependen de la inteligencia interpersonal, ya que están formadas por grupos humanos en los que debemos relacionamos. (Los grandes líderes tienen una fuerte inteligencia interpersonal para bien o para mal)
Inteligencia intrapersonal: se refiere a la comprensión de las propias emociones, de tenerlas en cuenta al momento de tomar decisiones y ser capaz de regular las emociones según la situación, nos permite formar una imagen clara de nosotros mismos; poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
La importancia de la inteligencia emocional reside en el hecho de que permite a los individuos estar en contacto no sólo con sus propias emociones, si no también considerarse sensibles y empáticos respecto de situaciones o fenómenos externos. Muchas veces, personas con altas dosis de inteligencia emocional son las que llevan a cabo actividades de tipo solidario y social.
Aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco significativa, se ha demostrado que es potencialmente válida para tomar decisiones ya que el cómo nos sentimos tiene un papel fundamental a la hora de elegir.

El término Inteligencia Emocional fue utilizado en 1990 por Peter Salovey y John Mayer, quienes la definen como: «la capacidad de controlar y regular las emociones de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí mismo y para los demás».
Basándose en Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples, Salovey identificó cinco esferas en la inteligencia emocional:
1. Conocer las propias emociones. La conciencia de uno mismo es la capacidad de controlar sentimientos de un momento a otro, siendo fundamental para la penetración psicológica y el auto conocimiento.
2. Manejar las emociones. La capacidad de manejar sentimientos de forma adecuada, es una capacidad que se basa en el auto conciencia y el auto control.
3. La propia motivación. Habilidad para ordenar las emociones al servicio de un objetivo esencial: es lo que se conoce como auto motivación.
4. Reconocer las emociones de los demás. Se trata de la empatía o auto conciencia de las emociones de los otros.
5. Manejar las relaciones. Es la adecuación a nuestro ser social y parte esencial del desarrollo con los demás.
La emoción es básicamente un sentimiento subjetivo privado, pero también la expresión o manifestación de respuestas somáticas y autónomas específicas (el corazón late más deprisa, las palmas sudan, aparece la risa o el llanto, etc.). Igualmente pueden considerarse un conjunto de acciones para defenderse o preparar el ataque ante posibles amenazas y, por tanto, con un alto valor adaptativo como apuntó en su momento Charles Darwin. Este mismo autor describió las 4 emociones primarias que consideraba que eran innatas al ser humano ya que se daban en todas las culturas e incluso en personas ciegas y que, por tanto, no habían podido ser aprendidas.



Estas eran: Cólera o Ira, Alegría, Miedo y Tristeza. Posteriormente, en lo que algunos autores denominaron secundarias, se describieron cuatro emociones más: Amor (Enamoramiento), Sorpresa, Vergüenza y Aversión.


La inteligencia emocional tiene una gran importancia en las relaciones sociales. Puede parecer algo natural, pero también es una capacidad que se puede desarrollar e incluso tratar. «A las personas que tienen poca se las puede intervenir terapéuticamente y reaprender», afirma Dina Krauskopf. Asimismo agrega que la crianza tiene bastante que ver con su desarrollo.
La educación recibida nos condiciona la tolerancia o aceptación de nuestras emociones, siendo habitual que dependiendo del estilo de vida de cada familia, haya unas emociones más aceptadas y otras más reprimidas, así como el estilo emocional puede ser más o menos extrovertido.
Los prejuicios habituales sociales contra la expresión emocional suelen ser del tipo: «ser emocional es igual a ser una persona débil, inmadura o enferma», «las emociones son peligrosas y si te dejas llevar por ellas, puedes arruinar tu vida», «una persona responsable tiene que ser racional y controlar sus sentimientos».
Frases como ¨no debes llorar¬, llorar no sirve de nada, no te enojes, no te rías tan fuerte, no estés triste, etc., y na cantidad infinita de frases que solo nos enseñan a no demostrar nuestras emociones y por tanto nos limitan a siquiera sentirlas o reconocerlas, nos fomenta desde niños una incapacidad para trabajar de manera adecuada en estas, creciendo como adultos poco capaces de enfrentar la vida daría debido a la inmadurez emocional que presentamos.
Bisquerra señala que la educación emocional es un proceso que se da de manera continua y de forma permanente, esto significa que en cualquier momento de la vida se puede brindar educación emocional y dicha educación tendrá variaciones dependiendo del tipo de persona, ya que las necesidades de un niño son totalmente diferente de las de un adolescente.
Niños, adolescente o adultos, se pretende que con la educación emocional se logren los siguientes objetivos:
– Reconocer emociones propias.
– Reconocer las emociones de los demás.
– Identificar y nombrar correctamente a las emociones.
– Ser capaz de regular las propias emociones
– Incrementar el umbral de tolerancia a la frustración.
– Identificar de manera anticipada los efectos nocivos de las emociones negativas.
– Ser capaz de construir emociones positivas
– Ser capaz de lograr la automotivación
– Tener una actitud positiva ante la vida
– Desarrollar la capacidad de avanzar.
Por tanto en las instituciones escolares como fundamentalmente en casa se recomienda aprender y proveer a los niños de herramientas y recursos para poseer una inteligencia emocional que les permita vivir su vida de manera plena y satisfactoria, desde pequeños podemos comenzar a identificar emociones y aprender a demostrarlas de manera adecuada, sin limitarnos o sentirnos culpables por ello.
La inteligencia emocional promovida desde la infancia hará del niño que aprendió ayer el adulto pleno de hoy.





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LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

LA CRISIS DE LA PSICOLOGÍA

Pretendo abordar en este texto, no un deterioro, precariedad y mucho menos dificultades serias dentro de la disciplina. Sino más bien el proceso que ha llevado al avance de esta ciencia.

En distintos aspectos, diferentes necesidades han podido ser “cubiertas” por nuestra disciplina, algunas nos atañen y habíamos tardado en responsabilizarnos y otras no, pero ponemos de nuestra parte, la psicología al servicio de estas necesidades, de carácter social, cultural, ético, científico y de divulgación.

EFECTOS DE LA CRISIS

La crisis a nivel individual, social o institucional, ha sido poco influyente en la psicología dominante, los cambios en ésta  han sido realmente escasos. Los efectos de la crisis han sido en realidad profundos y probablemente irreversibles en estos niveles, pero la psicología ha conseguido mantener un poco al margen.

La perspectiva optimista de quienes afirman que a partir de los años 70 y como consecuencia directa de la crisis se ha venido gestando en nuestra disciplina un nuevo paradigma caracterizado por el énfasis en los aspectos históricos, dialecticos y simbólicos de la conducta humana, el interés por la ideología, el reconocimiento de carácter activo de las persona, la preocupación por  el cambio y la resolución de los problemas sociales y el estudio de la vida cotidiana y la utilización de métodos alternativos de investigación. Han dado a la Psicología un carácter asistencialista más que proveedor, con soluciones emergentes más que planteamientos teóricos enfocados a la resolución de los conflictos que incumben a quienes beneficia (o que sería recomendable que beneficiara) esta hermosa ciencia.

La crisis con sus componentes institucionales, académicos y personales, ha sido muy útil u fructífera, para algunas otras disciplinas, como suelen serlo generalmente las crisis al convertirse por el conflicto, cognitivo y no cognitivo que producen, en un verdadero motor del cambio social. Así, en algunas otras áreas de estudio, como la economía, el derecho, la política, la ecología, la biología y la medicina, la crisis ha tenido su efecto en cuatro ejes principales:

  1. Ha fomentado la búsqueda de métodos menos obstructivos que los utilizados habitualmente y, en todo caso, ha hecho posible que se acuda, sin complejo de inferioridad alguna, a métodos no experimentales.
  2. Ha permitido la ampliación del marco teórico en que deben desenvolverse las investigaciones, incrementándose así la presencia de perspectivas poco habituales.
  3. Ha servido para poner de relieve el compromiso sociopolítico de muchas áreas de conocimiento, ciencias y disciplinas, y su enfoque proactivo.
  4. Han ayudado poderosamente al desarrollo y fomento de la aplicación en nuevas áreas de estas disciplinas abarcando más campo de acción, permitiendo además aumentar el campo laboral y mejorar la percepción y el reconocimiento de las mismas.

Tras la crisis las cosas ya no volverán a ser como antes eran. Y en respuesta algunas disciplinas van adquiriendo legitimidad, reforzándola o aumentándola.

Algunas características de la legitimidad son:

1.  Un mayor y más estrecho funcionamiento interdisciplinario.

2.  Un análisis metateorico que nos permita contemplar el quehacer científico, sus alcances, aplicaciones y potenciales.

3. Una perspectiva de construcción social.

4. Establecimiento de un respaldo lingüístico (no confundir con el posmodernismo). Que respalde la difusión y el acercamiento de estas disciplinas a la población en general.

La historia de la psicología, como la del resto de las ciencias sociales va estrechamente unida a la historia de la modernidad y del desarrollo de la humanidad. De ahí que a la actual crisis le acompañe también una crisis en la psicología.

¿Estamos respondiendo bien a esta crisis?

La psicología, clínica y social, deberán cambiar y adoptar los postulados básicos del pensamiento post-moderno. La psicología en sus bases teóricas, quizá no cambiará mucho en los próximos años, ya que resulta difícil reconstruirla, pues tiene mucho peso las rutinas académicas y de investigación. Y las malas praxis que se han ido arraigando en el desempeño “coloquial” de nuestra disciplina.

La psicología experimental sigue siendo dominante. Sin embargo ha caído en un desligamiento hacia sus aplicaciones. Dejando espacio para las pseudociencias, y el desempeño sin sustento teórico y mucho menos científico, pero que proporciona soluciones prácticas, aunque no funcionales.

psicologia

Conclusión.

Distintas crisis han conformado parte de la historia de la psicología, clínica, social y experimental. Incluso es por muchos conocido el apogeo que esta ciencia adquirió a través de la Gran Guerra (Guerras Mundiales).

Existen efectos de la crisis actual (sociopolítica y cultural) en la psicología, pero no están siendo ni controlados, ni previstos, ni aprovechados. Como he mencionado, de hecho han dado pie a que se desestime nuestra disciplina como constructora de cambios sustanciales, y a que se adhieran prácticas poco profesionales. A que caigamos en la palabrería para definir conceptos básicos y que vaciemos los anaqueles teóricos buscando argumentos, cuando quizá deberíamos replantearnos algunos.

¿Estamos respondiendo bien a esta crisis?

No. En México se ocupa una frase que aplica a esta situación. “Nos estamos durmiendo en nuestros laureles”. La Psicología tiene mucho más que aportar, puede regularizarse más y puede ofrecer una perspectiva científica que a la vez aporte soluciones, que no solo observe para determinar, sino que determine para construir. Ya se hace, claro, con honrosas excepciones y es ahí donde encontramos su funcionalidad, por ejemplo, en actividades proactivas en comunidad, investigaciones de problemáticas sociales con planteamiento de soluciones, prevención, tratamiento, replanteamiento de algunos conceptos y análisis y artículos que generan suficientes respuestas, y suficientes preguntas, etc.

La psicología no está en crisis, no hay mucho de qué preocuparse en este sentido, pero el contexto en el que nos desarrollamos es una crisis en sí misma. Y no aportar positivamente a este trance sociocultural y político, deja en la barrera a la psicología, donde no le afecta, ni para bien, ni para mal.





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